Perú: de fracaso en fracaso

Por Gustavo Espinoza

De fracaso en fracaso, como dice la canción, parece ir la Cancillería peruana en su actitud ante el proceso bolivariano de Venezuela. Como no entiende ni jota del tema, se ha limitado, a acatar órdenes más hepáticas que políticas de Washington, y que no han tenido más resultado que llevar a Torre Tagle y a sus similares, a un ridículo descomunal. Como consuelo, al ministro Popolizio  le podría caer de perillas la frase de Churchill cuando no tuvo éxito en la jornada electoral del 45: “El éxito, es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder entusiasmo”. Y claro, el flemático ministro tenía razones para el entusiasmo: había culminado exitosamente la Guerra, y sus enemigos hitlerianos había sido vencidos. Pero los ingleses derrotaron a los Conservadores y el viejo león debió retirarse a sus cuarteles de invierno sin perder ni el humor, ni el entusiasmo.  Es claro que nuestro titular de Relaciones Exteriores está situado a millones de leguas de Churchill  y no tiene base alguna para ningún entusiasmo. Pero como ambos tienen en común la diplomacia y las derrotas, bien viene el recuerdo,

El trío letal de la política anti venezolana en nuestro continente –Donald Trump, Iván Duque y Juan Guaidó- aseguraron al mundo que el gobierno de Nicolás Maduro no pasaba del 23 de febrero. Que ese día, las “huestes liberadoras” entrarían en hombros a Caracas y ocuparían el Palacio de Miraflores para “restaurar la democracia” en la Patria de Bolívar. Ya tenían todo listo, desde la nómina de los ministros cipayos hasta los decretos transfiriendo el petróleo a las empresas yanquis, y acabando con todos los “programas sociales del chavismo”. Lo  mismo que pretendieron hacer en abril del 2002, cuando el Golpe de Carmona.

En esos planes sin duda siniestros, este trío logró embarcar a varios gobiernos, haciendo uso del “grupo de Lima”, monitoreado precisamente por el señor Popolizio, y la cancillería peruana.  Por eso, buscaron imponer que, a una voz, todos los gobiernos de la región “desconocieran” el Mandato Constitucional del Presidente de Venezuela y tuvieran la osadía de “reconocer” al auto proclamado Guaidó, como mandatario “interino”. Esa “orden” fracasó en todos los planos. Solo Paraguay –en América del sur- rompió con Venezuela y todos los demás -incluyendo el Perú- no tuvieron más alternativa que escuchar la  clara voz de Caracas –a cargo de Samuel Moncada- en la Asamblea de la OEA-  porque no hubo allí votos para “expulsar a Maduro”.

El gobierno peruano cometió allí un primer desatino: “reconoció a un “Presidente” que no tiene gobierno; y desconoció al Mandatario que gobierna Venezuela. Y, por si fuera poco, luego “reconoció” al enviado de Guaidó como “embajador” nombrado por ningún Estado

El segundo fracaso monumental ocurrió el mismo 23 de febrero, cuando los vehículos especialmente preparados para “entrar” en territorio venezolano, no pudieron cumplir tan tal propósito porque las fronteras del país fueron defendidas como corresponde. Los mismos que gritaron sus protestas porque la Guardia Nacional Bolivariana impidió el ingreso de los agresores; callan cuando Trump impide mediante la fuerza –con muralla incluida- el acceso de los migrantes procedentes de Centroamérica a territorio USA. Eso, les parece muy bien. ¿Qué hubieran dicho si Maduro hubiese construido un muro, para dividir la frontera con Colombia, como ocurre al sur de Yanquilandia?

Ya se ha podido establecer que los camiones que “!llevaban ayuda humanitaria” no tenían  como cargamento, ni víveres ni medicinas, sino armas de fabricación casera, cables y utensilios para ser usadas en el combate callejero por las guarimbas venezolanas. Pero Popolizio y los Cancilleres dijeron que si, que eran alimentos y medicinas. Se equivocaron de medio a medio –no sabían-,  o mintieron a sabiendas, porque sí tenían información del tema-  Por angas o por mangas, hicieron un ridículo apabullante.

El tercer fracaso se produjo en la reunión de Bogotá, que celebró el “Grupo de Lima”. Ahí, ya no pudieron justificar lo injustificable y debieron dar marcha atrás, Abogaron, entonces, por una “salida pacífica” ellos, que habían batido tambores de guerra 24 horas antes. En el caso, la imposición estuvo a cargo de los militares brasileños –los verdaderos dueños del “poder” de Bolsonaro- que son anticomunistas y anti obreros, pero también son anti yanquis, y no quisieron jugar otra vez el papel de marionetas de Imperio. Dejaron a Mike Pence, agarradito de la brocha, … ¡y le quitaron la escalera…!

Pero el cuarto, más que un fracaso, fue un papelón. El New York Times, luego de una prolija pesquisa y el contraste de pruebas documentales y testimonios, pudo reconstruir lo ocurrido el 23 de febrero con el camión incendiado, y arribó a tres conclusiones inobjetables: a) El hecho se produjo en el lado colombiano de la frontera, de modo que la Guardia Bolivariana no tuvo ni arte ni parte en el suceso b) El camión fue incendiado por un manifestante antichavista que arrojó explosivos al vehículo para hacerlo arder y provocar un conflicto mayor y c) el camión no portaba ni víveres ni medicinas, es decir, no era “ayuda humanitaria” sino implementos para “armas hechizas”  que llevaba a territorio bolivariano.

Después de esto ¿no correspondía que el “Grupo de Lima” se rectificase y pidiera disculpas? ¿Y no correspondía también que los Cancilleres que afirmaron oficialmente y en nombre de sus países que Nicolás Maduro había ordenado el incendio de ese  camión con ayuda humanitaria, se fueran a su casa, por mentirosos?. Quien pudo irse a su casa, fue el Ministro Popolizio, luego de tamaño desbarre. La crisis del Gabinete Villanueva debió dejarlo fuera de gobierno hasta por razones de higiene política. Pero no. Se quedó. ¿Producto de qué? ¿De las presiones de la embajada yanqui, o de la debilidad de Vizcarra, que no se atreve a cambiarlo? Prescindir de Popolizio podría implicar un cambio en política exterior. No se podría esperar que un “nuevo rumbo” en la materia derivara en un accionar de signo contrario. Pero si, que Torre Tagle recupera su dignidad, y recordara, por lo menos, que el Perú es un país independiente y soberano, y no la Mesa de Parte de la Casa Blanca.

Los apagones ocurridos en el 70% del territorio venezolano, que afectaron el control automatizado de regulación de sistemas en la Central Hidroeléctrica  Simón Bolívar, -una agresión cibernética que derivó en tres generadores saboteados- no fue un ataque cualquiera. Se trató de un crimen de lessa humanidad, y ante el cual los gobiernos están obligados a pronunciarse. Popolizio entre tanto ¿callará mientras no hable Washington?

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El quinteto de la muerte

Por Gustavo Espinoza

De manera general se considera que en la crisis latinoamericana que afecta severamente la experiencia liberadora bolivariana; la responsabilidad principal recae en el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, el señor Donald Trump.

En efecto, él personifica no sólo una política aventurera, violenta y agresiva, que pone en riesgo la vida de millones de personas en nuestro continente;: sino también refleja una voluntad depredadora que hoy azota al mundo y que se expresa en diversas latitudes del planeta, desde Afganistán hasta Siria, pasando por Irak, Libia y las tierras de la cautiva Palestina .

Pero, en verdad, no es Trump. O, en todo caso, no es sólo él, quien promueve e impulsa la guerra que ya parece inevitable y que hasta tiene casi una fecha de inicio: el sábado 23 de febrero, cuando el señor Guaidó “ordene” al ejército yanqui iniciar una ofensiva militar contra la Patria de Bolívar, para imponer, a sangre y fuego, la “ayuda humanitaria” que dice poseer y sueña repartir entre famélicos inventados y mendigos inexistentes.

Detrás de Trump están por cierto el Complejo Militar Industrial, las grandes corporaciones, los productores de armas, los mercaderes de la guerra, pero también los medios de comunicación que buscan “captar” audiencia, y lectoría, entregando “en primicia” las acciones a iniciarse: las primeras ciudades tomadas por la soldadesca, la fila de cadáveres que acaparen las pantallas, la nómina de unidades vencidas y los estropicios que habrán de ser saludados y puestos a consideración del mundo como expresión de la “victoria de la democracia”.

Claro que no será así. Porque en esta lucha, habrá muertos, pero no rendidos. Habrá ciudades quemadas, pero no caídas. Y se registrarán cuarteles derruidos, pero no tomados. Y es que la sangre que corre por las venas de los venezolanos no admite pausa, ni descanso. Tampoco desánimo. Menos aún, un símil de derrota.

Los estrategas de la guerra, no podrán entonces ni frotarse las manos, ni cantar victoria. El quinteto de la muerte no sólo tendrá que lamentar sus propias bajas, sino también la incapacidad de su ejército, que no pudo con Sandino en nuestro continente, ni con Cuba; ni con Corea, ni con Vietnam en el sudeste asiático; y que tampoco podrá con Venezuela ni con los pueblos de América Latina, que lucharán a su lado, para rabia del Imperio.

El quinteto de la muerte -todos debieran saberlo- está integrado por el núcleo selecto de demenciales asesores del Jefe de Estado Yanqui. Sus nombres, un poco desperdigados, asoman de tanto en tano en los cables de las agencias de noticias, pero pasan desapercibidos para “el gran público”. Por eso, vale la pena mencionarlos en directo, para que alguna vez, alguien les pida cuentas aquí en la tierra.

Se trata de John Bolton, el hombre que ofreciera cinco mil soldados puestos en la frontera colombo-venezolana para iniciar las acciones la semana pasada. También, Mike Pence, Vicepresidente USA, quien recorre de norte a sur el continente americano para recabar “adhesiones” de gobiernos complacientes y serviles. Se hizo conocido en la Cámara de Representantes por presentar proyectos de ley en beneficio de los hermanos Koch, que le financiaron sus campañas electorales.

Se trata, además de Elliot Abrams, un antiguo y condenado halcón que en los años 80 del siglo pasado se viera involucrado en el llamado “escándalo Irán-contras” cuando se descubrió que hizo uso de recursos del Estado para comprar ilegalmente armas a Irán a fin de entregarlas a las bandas contra revolucionarias que operaban ya en las selvas de Nicaragua enfrentando al primer gobierno Sandinista. Y Mike Pompeu, Secretario de Estado, integrante del Tea Party, el núcleo más conservador del Partido Republicano, y enemigo a muerte del aborto y de cualquier iniciativa destinada a controlar el uso de armas civiles en la población. Es, sin duda, otro trompetudo asesor para asuntos de guerra en nuestro continente, encargado para el caso del lanzamiento de las amenazas más urticantes contra el pueblo de Venezuela.

Y para que no faltara el quinto, está Marco Rubio, el socio de Bob Menéndez, parlamentario por La Florida, que lucio cono adversario de Trump en los comicios del 2016 pero que ahora canta melodiosas canciones de guerra en el oído del titular del Poder en la Sala Oval. De él, se dice que vive pegado como una garrapata a las orejas del Mandatario porque sueña con persuadirlo que la guerra que comience en Caracas, la termina en La Habana, más allá del infinito.

La presencia de este Rubio, es significativa. Antes, se decía que la Mafia cubano-americana controlaba La Florida. Hoy puede afirmarse que, con su influencia sobre Trump, esa Mafia controla la política exterior de los Estados Unidos.

Si en el pasado el gran país del norte podía considerase la patria de Abraham Lincoln, Patrick Henry, Walt Whitman, John Reed y Martin Luther King; hoy puede asegurarse que el recuerdo de esos hombres vive adormilada en la conciencia de millones. La voz del mundo en demanda de paz que se escucha en todos los confines del planeta; habrá de despertar a ese gigante, para que restablezca el sentido común en la Casa Blanca

Estos son los que conforman el Quinteto de la Muerte. Ellos tienen en sus manos hoy las bombas que los soldados norteamericanos lanzarán mañana sobre aldeas y ciudades ubicadas al sur del río Bravo. Que nadie olvide sus responsabilidades

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La soberanía de América latina otra vez en peligro

Por Marco A. Gandásegui

¿Qué tienen en común Dwight Eisenhower, Lyndon Johnson y Richard Nixon? Los tres siendo presidentes de EEUU organizaron campañas para derrocar gobiernos democráticamente elegidos en países latinoamericanos. En el caso de Eisenhower, organizó la invasión contra el gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954. Johnson envió tropas a República Dominicana para derrocar a Juan Bosch en 1965. Nixon y su asesor de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, intervinieron en Chile en 1973 para poner fin al gobierno de la Unidad Popular y asesinar a Salvador Allende.

Son tres ejemplos de una larga lista de invasiones e intervenciones por parte de EEUU para interrumpir procesos políticos democráticos en la región latinoamericana. Hay que agregar a la lista a los demás países – con unas pocas excepciones – que han sufrido invasiones, golpes o intervenciones a lo largo de más de un siglo. En el siglo XXI se pueden agregar los golpes ‘parlamentarios’ contra presidentes electos democráticamente en Paraguay y Brasil, así como el caso de Honduras.

En la actualidad, Washington tiene tropas en la frontera de Colombia con Venezuela mientras trata de estrangular económicamente al gobierno del presidente Nicolás Maduro, electo democráticamente en 2018. Además del bloqueo, EEUU ha reclutado una docena de países latinoamericanos y otros 4 gobiernos de Europa occidental en una ofensiva diplomática contra el gobierno bolivariano. Las tropas en la frontera colombo-venezolana responden a las amenazas del presidente Donald Trump de mantener sobre la mesa la opción militar de una invasión.

Sería la primera vez en la historia de las relaciones entre EEUU y América latina que Washington lanza una invasión terrestre utilizando un país latinoamericano. La modalidad siempre ha sido marítima o aérea. EEUU siempre ha utilizado – previo a sus invasiones o golpes de Estado – un sofisticado operativo de propaganda a escala mundial para legitimar sus acciones. En la mayoría de los casos sólo han servido para dar el golpe inicial y después se desmoronan. En Guatemala Arbenz fue descrito por Eisenhower como un dictador sanguinario que seguía órdenes del comunismo soviético. En realidad, Arbenz era un abogado de la burguesía nacional quien quería que la United Fruit (bananera) pagara sus impuestos. En Dominicana, Juan Bosch era un intelectual nacionalista que llegó al poder después de la larga dictadura de Trujillo apadrinada por EEUU. Bosch prometía una reforma agraria que afectaría a los grandes cañaverales propiedad de los monopolios norteamericanos. Salvador Allende, a su vez, era un socialista que creía en la democracia y en la posibilidad de poner al servicio del desarrollo de Chile las enormes riquezas minerales (cobre). El error lo pagó con su vida y Chile fue sometido a la barbarie más espantosa durante 20 años de dictadura militar.

En Venezuela, Nicolás Maduro es sometido a una campaña de propaganda feroz a escala internacional que impregna todos los medios de comunicación masivos y las redes sociales. Según la máquina de propaganda de Washington, que reproduce los ‘fake-news’ diarios en EEUU, América latina y el mundo entero, Maduro es un dictador, sanguinario, que hace pasar hambre al pueblo y tiene las cárceles llenas de prisioneros políticos. En realidad, Maduro fue elegido presidente, no reprime a sus adversarios políticos ni tiene prisioneros políticos, tampoco hace pasar hambre a los venezolanos. Al contrario, la oposición política se reúne en la Asamblea Nacional y moviliza a los sectores opuestos al gobierno bolivariano en las calles. Incluso, permite que un diputado de la Asamblea se auto-proclame presidente ‘interino’ con el apoyo de EEUU.

Hace 17 años el entonces presidente de EEUU, George W. Bush, avaló un golpe de Estado contra el presidente Chávez que fracasó. Desde entonces, hasta la fecha ha gastado ingentes recursos en poner fin al gobierno bolivariano. Trump y sus asesores han puesto en marcha un operativo ideado por el ‘establishment’ norteamericano hace un par de décadas: la guerra humanitaria. Aunque suene contradictorio, la idea es hacer la guerra con un manto humanitario. El primer paso consistió en bloquear económicamente a Venezuela creando caos en el mercado nacional. Segundo, promover una campaña de ‘fake-news’ que creara un país no existente. Tercero, ante el caos económico creado y la propaganda, levantar una supuesta crisis humanitaria.

La respuesta sería enviar ‘asistencia’ humanitaria a Venezuela disimulando la presencia de tropas norteamericanas y mercenarios de toda clase. Trump se agregaría a la nefasta lista de presidentes norteamericanos que han violado una y otra vez la soberanía de toda América latina.

7 de febrero de 2019.

Marco A. Gandásegui, hijo, profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA.

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El desmadre de Fuerza Popular

Por Gustavo Espinoza

No era un partido. Carecía de ideología, de principios programáticos, de estructura formal, de dirigentes elegidos por sus bases.

Es claro que Fuerza Popular no es un partido político. No lo fue antes, y tampoco lo es ahora. Es simplemente una estructura en proceso acelerado de descomposición, que arroja a diestra y siniestra todas sus vaguedades e imperfecciones.

Si quisiéramos aludir al proceso de gestación de lo que hoy se desmorona, tendríamos que recordar brevemente lo que fue “Cambio 90”, la organización que llevó al gobierno a Alberto Fujimori en la última década del siglo pasado.

No fue tampoco propiamente un partido, sino un pequeño núcleo de entusiastas que decidió jugar al azar para ver si obtenía algo en los comicios de ese año.

Fueron factores extraños los que incidieron en esa circunstancia. Ellos determinaron los hechos que no respondieron ni a los méritos del grupo ni a las calidades del candidato propuesto.

EL ORIGEN

Para que surgiera Cambio 90 fue indispensable una suma precaria: el interés del entonces rector de la Universidad Agraria empeñado en incursionar en “la política” para ser senador; y el entusiasmo de Víctor Homma¸ que buscó un caudillo y se rodeó de amigos.

Obtenida la victoria, el 4 de junio del 90 y luego de su viaje a la aldea de Kunanmoto, Alberto Fujimori dio un puntapié en el fundillo a Homma y acabó con “el partido”. En su lugar fue ubicado Andrés Reggiardo, que nunca fue dirigente de entidad alguna, sino apenas incondicional del “chinito de la yuca”.

Con Reggiardo esa nave se desplazó al garete por aguas procelosas, integrando lo que peyorativamente se dio por llamar “los no sé quién y los no sé cuántos” cuando se aludía a la numerosa –aunque casi anónima- “bancada parlamentaria” del gobierno de entonces. Esa nave naufragó el 5 de abril del 92, con el cierre del Poder Legislativo.

INCONDICIONALIDAD

Para los comicios del CCD y las contiendas electorales sucesivas, Fujimori no organizó partido alguno. Mudando de membrete, fue alumbrando estructuras selectas de incondicionales a las que irradió calor con los recursos del poder y el apoyo interesado de los grandes empresarios y de la “prensa grande”.

Estas fuerzas anudaron un “acuerdo” que les permitió detentar el poder, a partir de un mensaje directo: Nosotros gobernamos; el pueblo, trabaja.

Con una táctica simulada, y orientada a engañar multitudes, Fujimori logró borrar de la cabeza de la gente las ideas políticas. Laura Bozzo y Magaly Medina trasmitieron contenidos, alimentados por la prensa chicha y la TV basura; gracias a los asesores del Doc y los recursos del SIN.

Así se alentó la incondicionalidad que caracterizara a los fujimoristas de ese tiempo. Pero era esa una incondicionalidad interesada, precaria y en el fondo falsa. Podía reflejarse en el proverbio etíope: “Cuando pasa el Gran Señor, el sabio campesino se inclina profundamente ante él, y en silencio se tira un pedo”.

LA PRIMERA CAÍDA

A la caída del régimen de Fujimori, esa organización se vino abajo y cayó como era; apenas un castillo de arena. Por eso costó tiempo, y dinero, reconstruirla y proyectarla como alternativa de gobierno y de poder.

Eso fue posible porque la clase dominante se dio cuenta que no contaba con una estructura propia ni confiable. El APRA –luego del fracaso de García en su primer mandato- no era “garantía”; y los otros segmentos de la sociedad, estaban dispersos y desorganizados. Incluso, la Izquierda -ya dividida por intereses de corte electoral- había abandonado virtualmente la pelea.

Keiko Fujimori fue la encargada de “cargar con el muerto”. Pero no lo hizo sola. Contó con el apoyo de la “vieja guardia”, es decir, con el apoyo de los incondicionales del padre que se habían enriquecido en la “década dantesca” –como se llamó a ese periodo- pero que, además, contaban ya con poderosos nexos con el empresariado local y el gran capital.

Al comienzo mantuvieron la idea de no formar partido, pero cuando percibieron que podía retornar a las esferas del poder, finalmente optaron por crear “Fuerza Popular”.

SIN IDEOLOGÍA NI PRINCIPIOS

No era un partido, claro. Carecía de ideología, de principios programáticos, de estructura formal, de dirigentes elegidos por sus bases. Y es que Keiko y los suyos no las tenían todas consigo. Les era más prudente combinar formas supuestamente democráticas con procedimientos autoritarios.

Y rodearse, al mismo tiempo, de un anillo de incondicionales y establecer un mandato vertical que funcionara con eficacia. Fue esa la tarea que, en su momento, cumplieron Jaime Yoshiyama, Martha Chávez, Pierre Figari, Anna Herz y algunos más. Ellos eran “los líderes”, los que asignaban las tareas y daban las órdenes. El resto, en distintos niveles, estaba llamado a cumplir.

Para que esto funcionara, se ideó un mecanismo que resultó formalmente exitoso un par de años: La organización partidista era muy pequeña y, por lo tanto, fácilmente controlable; Fuerza Popular era “más amplia” y estaba integrada por gente que llegó a sus filas porque ofrecía y buscaba. Tenía “algo” que dar, en efecto, pero buscaba más: ganancias, beneficios, provecho.

Eso explica la composición de la “bancada parlamentaria” –la expresión del “poder” del keikismo: la mayoría eran “invitados”, es decir, ni militantes ni dirigentes del “partido”. Esa estructura -el partido- era una suerte de “línea de flotación”. La dirigían los “selectos”, es decir, los amigos de Keiko, sus artífices e incondicionales.

Y SE ACABÓ

Grandes empresas –como Yanacocha- financiaron las campañas de 28 congresistas. Y eso fue público. Y Odebrecht aportó lo suyo para asegurar lo indispensable. Pero el “partido”, contó con el apoyo de la clase dominante que había decidido ya que Keiko fuera presidente y que contara con una “mayoría parlamentaria” holgada y solvente.

Por eso, aunque FP obtuvo solo el 23% de votos en el plano parlamentario, le adjudicó 73 congresistas, de un total de 130. Lo que ocurrió fue que verdaderamente, ellos sí “borrachitos de poder” se dedicaron a disfrutar de la victoria y obtener nuevos beneficios.

Cuando eso se acabó –con la prisión de Keiko y las “confesiones” de los “colaboradores” de la Fiscalía- se desgranó el choclo. Ahora los fujimoristas podrían cantar la ranchera: “Ya se cayó el arbolito / donde dormía el Pavo Real / Ahora dormirá en el suelo / como cualquier animal”

ALGO MÁS

El tiro, en la línea de flotación de ese barco, fue certero. ¿Volverá al escenario? Puede ser. Como dijo Bertold Brecht, “el vientre del monstruo, es vientre fecundo”. Podrá parir otra vez. Hay que estar alerta, entonces.

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Nicaragua: una nueva ofensiva reaccionaria

Por Gustavo Espinoza

48421782_2088697577860506_2409062669748273152_nDebilitada la acción sediciosa interna desplegada entre abril y julio del 2018; la “contra” nicaragüense apunta hoy a una batalla “desde afuera”. Tres son sus expresiones tangibles.

La más importante, por cierto –y la más peligrosa- proviene de la Casa Blanca y está envuelta en papel legislativo. Se trata de la llamada Nica Act, levantada por los grupos más reaccionarios del Partido Republicano, que sueñan con castigar a la Patria de Sandino con un “bloqueo” similar al que desde hace más de 55 años el Imperio mantiene contra Cuba, y hoy reedita para dañar a la Venezuela Bolivariana.

Estos sectores han sufrido significativas derrotas. Quizá la más importante –y reciente- haya sido la consulta parlamentaria celebrada en noviembre, en la que éste segmento perdiera algunos de sus más reconocidos escaños. No obstante tal derrota, ella no fue óbice para que se empeñara en hacer aprobar tanto por la Cámara de Representantes como por el Senado de los Estados Unidos, el tristemente célebre documento que determina sanciones y penas al comercio exterior ni Nicaragua; y que hoy espera apenas la firma de Trump.

Es claro que Nicaragua tiene posibilidades reales de defensa. Por lo pronto, no será posible afectarla en el terreno de la producción y de los alimentos, porque se trata de un país auto-abastecido. Los nicaragüenses consumen lo que ellos producen. Y no necesitan importar víveres, ni recibirlos de fuera. De todos modos, daño habrán de causarle, razón por la que los adversarios del Sandinismo, la celebran con marcado entusiasmo.

La segunda expresión de esta ofensiva contra revolucionaria, es la campaña mediática que impulsa contra Nicaragua la denominada “prensa grande”. Se trata de los propietarios de los grandes medios de comunicación, agrupados en la Sociedad Interamericana de Prensa –la tristemente célebre SIP, que jugara un muy sucio papel contra Cuba en los años sesenta del siglo pasado, y hasta hoy-.

Ellos llenan los principales diarios y revistas del continente de informaciones falsas referidas al escenario nicaragüense. Inventan, distorsionan, calumnian o simplemente especulan como ellos quieren en torno a los sucesos mundiales. Lo hacen en casos más conocidos: Siria, Venezuela, Medio Oriente, Palestina, y otros. Y hacen lo propio con Nicaragua, empeñados en la idea de engañar y confundir. En esto, se dan la mano con la Televisión basura y con los medios que usa el gobierno de los Estados Unidos: la Radio y Televisión Martí, la Voz de América y los programas financiados por el Imperio en los más diversos niveles.

En el Perú, por ejemplo, no publican una sola voz, ni una sola nota, en defensa del régimen sandinista. Todo es contra. Noticias, informes, comentarios o artículos de análisis. Y la Tele invita a “sus programas” a los “expertos”, especializados en denigrar al Sandinismo. Y nunca a quienes puedan rebatir sus brulotes. Eso ha ocurrido siempre en el caso de Cuba. Se ha repetido hasta el hartazgo con Venezuela. Y ahora se presenta impúdicamente en el tema de Nicaragua.

Y la tercera expresión surge a partir de algunos Organismos No Gubernamentales liderados en ciertos casos por personalidades de la Social Democracia o en otros por núcleos reconocidos de inspiración trotskista. Unos y otros alientan a los llamados “disidentes” sin reparar en el contenido de sus campañas, ni en la connotación política que ella implica.

En nuestro país, por ejemplo, dieron la bienvenida a farsantes que dijeron representar a supuestas “víctimas del terror sandinista” cuando no eran sino activos participantes en las acciones sediciosas derrotadas en la primera parte del 2018, cuando no elementos que desde antes viven en el exterior y se dedican a denigrar a su propio país a cambio de un poco de dinero.

La explicación, es simple: estos grupos trabajan con recursos enviados por USAID, la ONG de la Organización Rank, la entidad más claramente manipulada por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos. Es, en otras palabras, la plata de la CIA la que financia esas “operaciones de prensa”, esos “gastos de publicidad” y esas “delegaciones” que arriban a estos países en busca de sorprender incautos.

El tema de fondo, en todos los casos, alude a algunas medidas adoptadas por el gobierno de Managua, en el empeño de defender la Revolución Sandinista. Y es que, en definitiva, esos grupos preferirían que la Revolución no se defienda, que simplemente “caiga” y les entregue el Poder. No les importa que ellos hayan obtenido menos del 2% de los votos en los comicios del 2016. Ni que hayan sido vencidos por el FSLN que alcanzó el 72% de los sufragios. Para ellos, lo importante es que los Sandinistas “se vayan”; para que sean ellos, los que asuman la conducción del Estado.

Es claro que esto, no habrá de suceder. En Nicaragua se cumple una ley universal de todos los procesos revolucionarios del mundo: Una Revolución en marcha, tiene apenas dos caminos: o consolida su gestión, o es derrotada. Para no serlo, tiene el deber supremo de defenderse. Una Revolución que no sabe defenderse, está inexorablemente condenada a la derrota.

¿Puede valerse de métodos violentos una Revolución al defenderse? Claro que sí. Y aquí lo dijo también José Carlos Mariátegui con asombrosa precisión: “Si la Revolución exige violencia. Yo estoy con la violencia, sin reservas cobardes”.

Cuando las fuerzas reaccionarias hacen uso de la violencia para derribar a un gobierno revolucionario, o cuando se valen de la violencia para impulsar acciones que debiliten las conquistas de un pueblo; es válido y legitimo el uso de formas violentas de acción. Y la historia está llena de ejemplos. Incluso, León Trotski -y es bueno que se recuerde- fue uno de los más activos partidarios del denominado “terror rojo” para hacer frente al “terror blanco” de las banda reaccionarias en los primeros años de la insurgencia bolchevique en la Rusia Soviética. Sus escasos discípulos de hoy, parecen haberlo olvidado.

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Perú: del referéndum a la perspectiva

Por Gustavo Espinoza M. (*)

524752_244326El referéndum del pasado 9 de diciembre no fue un hecho intrascendente, como aseguran algunos, incluso desde la vereda de la izquierda; pero tampoco ha sido inútil. Es verdad que no tenía incidencia notable en el escenario constitucional -largamente el más importante- y no habría de generar tampoco modificaciones sustantivas en la vida de nuestro pueblo; pero tenía otras connotaciones y ribetes. Era el colofón de una dura lucha contra la corrupción y, en particular, contra la Mafia Keiko-Alanista, que ha resultado severamente castigada.

Objetivamente era la primera confrontación electoral desde el 2016, cuando por apenas 40 mil votos de diferencia fue posible evitar la victoria de la Mafia. Se requería, entonces, que el país registrara las mutaciones que se han venido procesando en los últimos dos años, y que han expresado una voluntad que luce irrebatible: el Apra y el Fujimorismo, son hoy dos magras expresiones de un pasado vencido, al que la inmensa mayoría de los peruanos no quiere volver.

La votación ha concluido con una derrota estruendosa que algunos no quieren entender. La írrita “mayoría parlamentaria” ha sido virtualmente borrada del escenario nacional; y los viejos carcamanes que aun la representan, han perdido desde el honor hasta la vergüenza. Todo se ha definido como se esperaba: ha ganado el pueblo gracias a su instinto de clase y a su inclaudicable voluntad de lucha

Pero esta victoria, más que triunfo material y concreto, se proyecta ahora como aliento para nuevas batallas. La brega por una nueva Constitución, toma fuerza, y exige trabajo definido en diversos segmentos de la sociedad. Hay que ganar la conciencia de millones –y eso es posible ahora- para lograr una nueva Carta Magna que archive el “modelo” Neo Liberal, restituya el papel del Estado en la economía, afirme la participación ciudadana, asegure una verdadera democracia social, preserve las riquezas del país a fin que sirvan para el bienestar de millones, garantice los derechos de las grandes mayorías, elimine los privilegios de la clase dominante y proyecte una política exterior independiente, soberana y plenamente solidaria con los pueblos de nuestro continente. En otras palabras, una Constitución acorde con las ansias liberadoras que asoman en la víspera del Bi Centenario de la Independencia.

Conscientes de eso, dijimos desde un inicio que el Referéndum, ni de lejos agotaba las metas de nuestro pueblo. Al contrario, las colocaba en un nivel más alto y perfilaba nuevos derroteros que hoy asoman con mayor precisión.

Hace algunos días tuvo lugar en Lima un evento convocado por los organismos vinculados al sector financiero, al Banco Mundial y al Fondo Monetario. Estuvieron en él, funcionarios de distintos organismos del Estado, convocados para conocer nuevos elementos referidos a la realidad de hoy. ¿El tema global? Los 25 años de la aplicación del “Modelo” gracias a la Constitución del 93 y el oscuro maridaje entre AFF y el FMI En la base del certamen estuvo por cierto la CONFIEP y los organismos patronales aún en boga.

La orientación entregada en esa circunstancia, partió de la gravedad de la crisis que remece las bases de la sociedad peruana, y la necesidad de enfrentarla con nuevos “ajustes” del mismo signo de los ya aplicados. Para superar esa etapa -se dijo de modo general- hay que “aplicar mejor” las viejas recetas fondomonetaristas. Combatir la corrupción, claro, y no dejar que en nombre de la lucha contra ella, se empinen “recetas populistas” o “socializantes”.

Tres áreas preocuparon a los promotores de la cita: la educación, la salud y la problemática laboral.

En el primer ítem, el mensaje fue categórico: hay que culminar el proceso de privatización de la educación a través de diversas modalidades. Se tomó conciencia, claro, que en el Perú hoy el 50% del “servicio educativo” se brinda con fines de lucro. Y eso, desde la Escuela Básica hasta la Universidad, pasando por todos los niveles.

El argumento orientado a sustentar la idea, es simple: El Estado no está en capacidad de brindar una educación eficiente a la población. Hay que recurrir, entonces a la inversión privada. Y como se requiere acelerar ese proceso, entonces hay que tomar medidas para degradar aún más la educación pública: no construir ni modernizar escuelas, no dotarlas de tecnología de punta, desalentar la carrera docente. Básicamente, afirmar la idea que la educación no puede ser sólo atribución de un Estado que “nos se da abasto” para enfrentar la tarea. En contrapartida, y para alentar la educación privada, hay que mantener sus privilegios tributarios y otorgarle nuevas facilidades operativas. Asegurar que sea “un negocio rentable”.

El mismo esquema, e idénticas consideraciones, se usaron en el área de la salud. Los presupuestos requeridos son demasiado altos –dijeron- y no pueden ser considerados obligación del Estado. También los servicios de salud requieren de la inversión privada, y eso pasa por atraer inversiones, otorgando nuevas concesiones y beneficios a los interesados. Para eso, hay que acabar con la consigna populista que asegura que “no se puede lucrar con la salud”. Esa formulación, debe ser definitivamente desterrada.

El capital privado debe hacer empresa en todas las áreas. Y debo hacerlo también, por cierto, en el área social “regulando” los llamados costos laborales de las empresas. Hoy en día las empresas –se dijo- no están en capacidad de mantener gruesas planillas, ni cargas tributarias excesivas, ni satisfacer las demandas de los trabajadores organizados, ni pagarles beneficios “adicionales” a su salario que, por lo demás, no puede ser “castigado” con aumentos constantes otorgados por las autoridades de trabajo. Todo eso, debe ser morigerado, fue el criterio predominante en la cita.

Y, naturalmente, en este marco, resultaría indispensable complementar las cosas con una política exterior crecientemente sometida a Washington. De ahí que el Canciller Popoliizio haya salido, una vez más, con la misma monserga: “hay que romper con Venezuela”. Una manera de “hacer méritos” ante la Casa Blanca para fortalecer aquí el manejo anti bolivariano.

A nadie se le ocurrió, sin embargo, reparar en el hecho que afectar la educación, la salud y las conquistas laborales de los trabajadores; generaría un agravamiento extremo de la crisis y colocaría al gobierno que impulsara esas medidas en el extremo del más franco rechazo popular. Pareciera que, precisamente con esa idea, es que se alienta un programa de “ajuste” como el sugerido. A los empresarios no les parece mal la idea que el gobierno caiga en el juego y, finalmente, se desprestigie y pierda en un solo haz, todo lo que ha ganado.

Daría la impresión que lo que se busca es ahuyentar a los trabajadores y enfrentar a los sindicatos con el gobierno. Bloquear la posibilidad de cualquier “acercamiento” entre ambas fuerzas, por cuanto esa alianza, sería letal para el modelo en boga. Y sería más bien “caldo de cultivo” para el temido “populismo chavista”, que aterra aquí a la Clase Dominante.

En pocas ocasiones como en éste, la Clase Obrera y sus vanguardias tienen que tener las cosas claras. Una cosa es luchar a brazo partido contra la repudiable y purulenta mafia Keiko-Alanista; y otra, defender resueltamente los intereses del país y de los trabajadores combatiendo contra el modelo Neo Liberal y su secuela. Es la lucha de clases en su más pura expresión.

Por el lado de los trabajadores, haciendo honor al legado de José Carlos Mariátegui y al imperecedero ejemplo de Pedro Huilca, será indispensable izar muy en alto banderas democráticas, patrióticas y anti imperialistas, al lado de los históricos estandartes de clase. No hay otro camino.

Por el lado del gobierno, mucho cuidado. Sus adversarios, quieren que pierda el Santo y la Limosna. Pero no es fatal que le haga el juego a los empresarios. Tiene otro camino.

Tomado de Nuestra Bandera

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La CIA pretende perpetuar a Luis Almagro en la OEA

Por Arthur González

1Mientras en Estados Unidos fabrican campañas de descredito contra Nicolás Maduro y Evo Morales, por reelegirse como presidentes de Venezuela y Bolivia, ahora pretenden hacer lo mismo con el agente secreto de la CIA, Luis Almagro, actual Secretario General de la OEA y punta de lanza de los yanquis en sus intentos por cercar políticamente a Venezuela, e incluso con la pretensión de apoyar una invasión militar.

Almagro fue elegido en 2015 después que el Departamento de Estado presionara a los dos candidatos, el ex vicepresidente guatemalteco Eduardo Stein y el jurista peruano Diego García-Sayán, para que retiraran sus respectivas candidaturas, recibiendo el voto de los 33 países miembros de la OEA, al contar con la imagen de un hombre de izquierda, hasta ese momento Canciller nombrado por el entonces presidente del Uruguay, José Mujica.

Como brazo derecho de los yanquis, Almagro se quitó el disfraz de hombre con ideas de izquierda, pues su misión a partir de ese instante fue la de condenar a Venezuela y a su presidente constitucional Nicolás Maduro, con vistas a respaldar todas las acciones de Washington por sacarlo del poder.

Evidentemente las instrucciones que recibía de la CIA y el Departamento de Estado, eran la de lograr que la Asamblea General de la OEA aprobara la condena a Venezuela, para lo cual en 2016 invocó la Carta Democrática Interamericana, al considerar que el orden democrático en ese país caribeño había sufrido alteraciones graves, pero no obtuvo el consenso necesario porque no todos los países se sumaron a esa componenda made in USA.

La actitud servil de Almagro se hace evidente en cada sesión de trabajo de la OEA, posición respaldada por el Canciller chileno, Roberto Ampuero, quien tiene una trayectoria política similar a la del uruguayo, porque de militante comunista refugiado en Cuba, casado con la hija de un viejo dirigente del partido, saltó de la noche a la mañana a la posición de derecha pro yanqui, a pesar de que durante décadas los atacó y condenó.

Para su deseada reelección, Almagro declaró recientemente que cuenta con el respaldo de varios países, principalmente de Chile y Colombia, ambos con gobiernos subordinados a la política de Estados Unidos.

Los yanquis requieren en la OEA de un hombre que responda totalmente a sus intereses geopolíticos en Latinoamérica, y ningún candidato será mejor que ese hombre reclutado por la CIA en 1979 para cumplir misión diplomática en Irán, país que presidió años más tarde el importante Movimiento de Países No Alineados, MNOAL, organización de máxima prioridad política para el trabajo de las agencias de inteligencia estadounidense.

Tal es así que cuando Luis Almagro asumió en 2015 su cargo como Secretario General, declaró oficialmente que no buscaría la reelección, e incluso en abril 2018 publicó un video donde afirma: “la reelección no es un derecho humano, e impedir la reelección no limita los derechos de los candidatos o los votantes”, debido a que Estados Unido está opuesto a la reelección de Evo Morales y de Nicolás Maduro, líderes que no son del agrado de la Casa Blanca y por eso ejecuta numerosos planes encubiertos para derrocarlos.

El ascenso a la presidencia de Brasil del capitán Jair Bolsonaro, junto a los de Argentina, Chile y Colombia, constituyen pilares de apoyo a la decisión anunciada por el hombre de la CIA en la OEA, pero la llegada de Manuel López Obrador a la presidencia de México, cambia el panorama latinoamericano, el que, unido a Venezuela, Bolivia y los países del Caribe, le harán más difícil el camino al Departamento de Estado yanqui para imponer sus políticas imperiales en la región.

Ahora la disyuntiva de Estados Unidos está en que hacer contra Maduro antes de las próximas elecciones, algo bien difícil de planificar con una oposición política desprestigiada, sin apoyo popular, dividida y carente de liderazgo, porque a pesar de la incrementada persecución financiera, la guerra económica y comercial que aplica Estados Unidos y sus aliados europeos, Venezuela sigue en pie de lucha apoyando a su presidente y la obra de la Revolución chavista.

En su intento para atacar también a Cuba antes del 10 de diciembre, día de los derechos humanos, Almagro convocó, a toda carrera, una reunión para atacar a la Revolución en un arranque de impotencia, pues llevan 60 años sin poder derrocarla, ni mermar el apoyo mayoritario del pueblo.

Vergüenza debería darle a Estados Unidos que ha malgastado miles de millones de dólares en acciones encubiertas, planes de terrorismo de estado, invasión mercenaria, cientos de planes para asesinar a su principal líder, guerra económica, financiera y biológica, subversión política, unido a la estimulación de una emigración masiva, sin alcanzar su objetivo.

La fabricada “oposición”, según sus propios documentos desclasificados, “no tiene respaldo alguno, carece de programas políticos para sustituir la obra revolucionaria, buscan la forma de obtener muchos dólares para satisfacer sus ambiciones personales y la mayoría de sus escasos miembros responden a la Seguridad del Estado cubano”.

Una de las invitadas a ese show mediático es Martha Beatriz Roque Cabello, quien los ha engañado reiteradamente con eventos que nunca se celebraron, pero le permitieron embolsillarse miles de dólares y hacer falsas huelgas de hambre que pusieron en ridículo a diplomáticos yanquis, periodistas de agencias internacionales de prensa, e incluso a otros “disidentes” que fueron en su apoyo.

Triste papel el jugado por Luis Almagro, quien pasará a la historia como uno de los peleles más sumisos a Estados Unidos, lo que hace tener presente a José Martí cuando expresó:

“Los hombres que se dejan marcar como los caballos y los toros, van por el mundo ostentando su hierro”.

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El referéndum del 9

Por Gustavo Espinoza

Hay diversas opiniones en torno al referéndum que, finalmente, se celebrará el domingo 9 del presente en todo el país. La falta de tiempo, y los candentes acontecimientos políticos que se operaran aquí desde los primeros días de octubre, signados por la detención de Keiko Fujimori; hasta el reciente frustrado “asilo” de Alan García; han cautivado tanto el interés ciudadano, que el tema de la próxima consulta quedó largamente relegado.

Pero, como todos los plazos se cumplen, y todas fechas se vencen; es claro que este domingo se habrá de definir el sentido de la consulta formulada por el Poder Ejecutivo, y aprobada a regañadientes –y con trampas- por el Congreso de la República. En torno a ella, sin embargo, subsiste un clima de confusión que ha desorientado incluso a segmentos de la sociedad ganados siempre por el debate político.

En los predios de la izquierda, ha ganado puntos también este clima de confusión. Ha habido quienes han dicho que el Referéndum es tan sólo una “maniobra distractiva”, una “cortina de humo”, o una “treta del Gobierno” para sorprender incauto Es bueno, entonces esbozar una explicación de asuntos que pueden ayudar a entender la esencia de los temas en cuestión. Veamos.

Lo primero que se debe precisar es la actitud que han asumido las fuerzas que hoy copan el escenario nacional. Por el lado de “la derecha”, Fuerza Popular y el cogollo alanista del APRA; se ha objetado categóricamente la consulta en marcha. No sólo lo voceros del Keiskismo se refirieron a ella como “un mamarracho”, sino que acusaron también al gobierno de usarla para “dar paso” a la instauración de una supuesta “dictadura”.

Arguyendo esa tesis, se ha comparado las diligencias judiciales incoadas contra Keiko Fujimori y su equipo de gestión; con los “procesos de Moscú” en los años 30 del siglo pasado; se ha sustentado la idea de un “Golpe” en Marcha y se ha publicitado hasta la saciedad una presunta –e inexistente- persecución política contra algunas de las figuras del Perú de hoy.

Desde algunos predios de la izquierda se han usado otros argumentos pero curiosamente, se ha coincidido con los portavoces de la Mafia en materia concreta. En efecto, se ha llamado a “derrotar el referéndum” logrando que la ciudadanía vote en contra de todas las propuestas: No. No. No y No, se ha alzado como una suerte de “fórmula mágica” que habrá de servir para “derrotar a Vizcarra”. Ha sido esa la recomendación de Keiko, del APRA, y hasta de Flórez Araoz, por si necesiten nuevos aliados.

En esa línea se ha usado un planteo falso: Lo que el país requiere -se ha dicho- no es un Referéndum sino una nueva Constitución. En otras palabras, en nombre de la demanda grande, se ha descalificado los pasos chicos; sin reparar –claro- que la “demanda grande” es, por ahora, inviable. No hay quien la convoque, ni quien la ejecute. Por lo demás tampoco hay un proyecto, o un modelo, de lo que debiera ser la “nueva” Constitución. En otras palabras, objetivamente, el tema está aún en pañales.

Eso no significa que la exigencia no sea justa. Lo es, enteramente. Sólo que no ha de caer del cielo; ni tampoco, ser producto de la voluntad personal de nadie. Será el resultado natural de una lucha concreta, en la que resulta indispensable “armar” el proyecto, ganar voluntad y conciencia ciudadana, y derrotar a los sectores reaccionarios descalificando definitivamente su opción. Ese proceso está en marcha, por cierto, pero aún no está definido. Es preciso, todavía, caminar un trecho con las masas enfrentando la corrupción venciendo a sus agentes más aviesos: el keikismo y el alanismo.

¿Es difícil entenderlo? En los predios de la Mafia está aún la Fiscalía de la Nación con todo el Poder que ella presupone. Buena parte de Jueces y Fiscales. También la mayoría parlamentaria. Y hasta la “Prensa Grande”, que si bien se ha mimetizado un poco, no abandona sus viejas prédicas y su campaña contra el pueblo.

Pero también toda la estructura burocrática del Estado que facilite los planes de la Mafia para hacer de las suyas: poner a buen recaudo a César Hinostroza Pariachi, ayudar a García, compadecer a Keiko, blindara Donayre, proteger a Maman; a más de muchas otras acciones que suelen pasar inadvertidas pero que van corroyendo la conciencia de los peruanos para invitarlos a “bajar la guardia” en nombre de “la necesidad de olvidar rencores” , “perdonar generosamente a los demás”, “construir conciencia de paz”; y otras expresiones del mismo signo que se repiten cotidianamente en radio, televisión y prensa y que las sustentan todos los panegiristas invitados en su condición de “personalidades” o “analistas”.

Ellos buscan, en verdad, distraernos para que no nos demos cuenta que hay una peligrosa ofensiva en marcha: Ella, por ahora, solo necesita librar pequeñas escaramuzas, vencer en algunas batallas y, sobre todo, ganar tiempo para lograr que la gente se aburra, pierda la fe, piense que “nada habrá de suceder” y que, finalmente, esta lucha “es inútil”.

Por eso es que el tema del Referéndum rebasa los límites de una consulta formal. Si la ciudadanía finalmente rechazara los temas planteados –como buscan los que llaman a votar por el NO en todos los ítems-, la mafia habría alcanzado un respiro tangible. No olvidemos que así sucedió en Colombia cuando, contra todos los pronósticos, pudo ganar el “referéndum por la paz”. Eso le permitió retomar la iniciativa, y luego ganar las elecciones y colocar a Iván Duque en la conducción del Estado. Mutatis Mutandi, así sucedió también en Brasil: desacreditando a Lula en una lucha “contra corrupción” abrieron paso a Bolsonaro, la expresión del fascismo en toda la línea.

Aquí, bien podría ocurrir algo parecido: descalificando a Vizcarra –que ofrece muchos flancos- bien podría ganar una opción -el domingo 9- que finalmente recuse las propuestas planteadas y más bien promueva un “cambio radical” que aliente a las fuerzas más reaccionarias.

Se ha dicho, y es verdad, que el referéndum no habrá de resolver problemas de fondo. Pero si servirá para definir bien los campos y colocar a cada quien en su lugar.

Por eso, la recomendación más racional y sensata, no es votar de cualquier modo, ni intercalar un SI y un NO en la célula de sufragio. Hay que votar por el SI para buscar un nuevo modo de nombrar jueces, para impedir que las grandes empresas y mafias financien impunemente las campañas electorales de los Partidos y para impedir la reelección de congresistas. Y poner NO en la cuarta opción -la bicameralidad porque, independientemente de unas u otra, está planteado el juego de la Mafia, que aspira a convertir a sus principales voceros en Senadores a la vuelta de la esquina.

El referéndum no es sólo una consulta. Es también una nueva oportunidad para que nuestro pueblo confirme la validez de su conciencia y acere su voluntad de lucha.

Tomado de https://nuestrabandera.lamula.pe/2018/12/05/peru-el-referendum-del-9/nuestrabandera

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América Latina: entre López Obrador y Bolsonaro

Por Andrés Mora Ramírez

En este 2018, el desenlace de dos elecciones presidenciales aceleró la reconfiguración prácticamente total del mapa político latinoamericano, que había experimentado una importante transformación entre finales del siglo XX, y principios del XXI, con el llamado giro a la izquierda o ascenso de los gobiernos nacional-populares.

Con ganadores diametralmente opuestos, tanto en sus trayectorias políticas, sus ideas, en su proyecto-país y en sus devociones republicanas, los comicios mexicanos y brasileños seguramente pasarán a la historia como el punto de inflexión de un nuevo tiempo en la región.

En México –segunda economía de América Latina y número 13 a nivel mundial– Andrés Manuel López Obrador obtuvo una contundente victoria el pasado 1 de julio, con el 53.2 por ciento de los votos (correspondiente a poco más de 30 millones de personas), un 30 por ciento mayor que el contendiente más cercano, el candidato Ricardo Anaya del Partido Acción Nacional (PAN).

Una votación que bien puede considerarse la más aplastante condena popular al modelo neoliberal impuesto al país desde la década de 1980, por los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional y del PAN, y que dejó como herencia un insultante aumento de la pobreza, la desigualdad social, la concentración de la riqueza, la corrupción, la violencia y el crimen organizado, y una sistemática entrega de la soberanía nacional y de las más emblemáticas conquistas de la Revolución Mexicana (como la nacionalización de los hidrocarburos, en el gobierno de Lázaro Cárdenas) frente a los intereses de los Estados Unidos y del capital extranjero.

En el caso de Brasil, primera economía latinoamericana y sexta en el mundo, si bien la elección del nuevo presidente se dirimió en dos rondas de votación en el mes de octubre, estas sólo afirmaron la magnitud del triunfo del capitán Jair Messias Bolsonaro, quien obtuvo el 55.13 por ciento de los votos en el ballotage (es decir, con el respaldo de casi 58 millones de personas).

Neoliberal, defensor de los intereses de las Fuerzas Armadas en la Cámara de Diputados, racista, homofóbico y anticomunista a ultranza, Bolsonaro ha hecho carrera política como congresista defendiendo tesis conservadoras y controversiales, coleccionando “militancias” en casi una decena de partidos.

Su giro hacia las iglesias neopentecostales en 2016, así como su complicidad manifiesta en el proceso de impeachment contra la presidenta constitucional Dilma Rousseff ese mismo año –que abrió las puertas del golpe de Estado que llevó a Michel Temer a ocupar el Palacio de Planalto– catapultaron su vertiginoso ascenso hasta la presidencia del país.

Ambos líderes están prontos a asumir formalmente sus nuevos cargos: López Obrador rendirá juramento como presidente el 1 de diciembre, en una ceremonia con la cual pretende reivindicar el principio de no intervención enmarcado en la Doctrina Estrada, que fue históricamente el eje de la política exterior mexicana hacia América Latina y el mundo. Para este acto han sido invitados los mandatarios de 28 países, entre ellos Estados Unidos, China, de la Unión Europea y, por supuesto, de toda América Latina y el Caribe.

La ya confirmada presencia del venezolano Nicolás Maduro augura que México se desmarcará del Grupo de Lima, conformado por un manojo de gobiernos serviles a los planes de acoso y desestabilización de la Revolución Bolivariana. Además, el embajador de Rusia en Ciudad de México anunció que gestionará una pronta reunión entre López Obrador y Vladimir Putin. México se aproxima así a los enfoques de multipolaridad en el sistema internacional, y se distancia del vasallaje al unilateralismo al que lo sometió Washington, especialmente desde los gobiernos de George W Bush.

De la toma de posesión del nuevo presidente brasileño, que ocurrirá exactamente un mes después, el 1 de enero de 2019, es poco lo que ha trascendido hasta ahora, más allá de la participación del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. Sin embargo, sus manifiestas afinidades con la actual administración de los Estados Unidos (recordemos que Steve Banon, mano derecha de Donald Trump en su primer año de gestión, también fue asesor de campaña del capitán Bolsonaro) y los guiños permanentes con los gobiernos de derecha de Argentina, Chile y Colombia, auguran que Brasilia será una punta de lanza de la geopolítica de Washington en América Latina.

Lo cierto, en todo caso, es que la restauración conservadora ha ganado en Brasil una plaza sumamente valiosa y estratégica en el sur del continente, y desde allí apuntalará sus armas para permanecer en el poder –aunque su gobernabilidad sea frágil–, mientras las izquierdas latinoamericanas recomponen sus fuerzas para intentar desplegar una nueva ofensiva que evite el descalabro que se atisba en el horizonte neoliberal de nuestros días.

En el contexto actual, México y el gobierno de López Obrador están llamados a cumplir una misión de contención y resistencia, evocando el papel de faro de esperanza que ya una vez supo desempeñar en la historia de nuestra América. Una tarea nada fácil, tomando en cuenta la complejidad de los desafíos que impone la coyuntura interna mexicana y la oposición que ya anuncian los enemigos del cambio y de la cuarta transformación del país.

En su reciente Historia global de América Latina (2018, Alianza Editorial), Héctor Pérez Brignoli afirma que “al final de 2 siglos de camino” nos encontramos “en una encrucijada donde las flechas apuntan en direcciones encontradas y hacia senderos sin salida”. ¿Hacia dónde iremos en los próximos años? ¿Lograremos resolver esta encrucijada que nos interpela? ¿Será posible detener el avance del neofascismo y construir una nueva alternativa popular? He aquí algunas de las cuestiones cruciales para nuestro futuro inmediato.

 

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El tiburón y las sardinas

Por Gustavo Espinoza

El pasado 1 de noviembre la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una nueva resolución de condena universal al bloqueo norteamericano impuesto a Cuba desde 1961. Esta vez 189 países se solidarizaron con la isla del Caribe, en tanto que solo dos -Estados Unidos e Israel- votaron por mantener la medida adoptada por la Casa Blanca para doblegar a ese país. Es bueno, en este marco, echar un breve vistazo al pasado:

En 1854 los ministros de Estados Unidos ante España, reunidos en Bélgica expusieron su idea respecto a las relaciones de su país, con Cuba: “La Unión no podrá disfrutar de reposo, ni gozar de una seguridad confiable, mientras Cuba no sea incluida en sus fronteras”. Al año siguiente, el senador por Kentucky, John Crittenden, sostuvo: “Cuba nos pertenece geográficamente. Debe venir a nosotros. Debe ser nuestra antes de mucho tiempo”. La idea era tan obsesiva, que hasta el poeta Walt Whitman aseguró: “el destino manifiesto ciertamente señala hacia la rápida anexión de Cuba por los Estados Unidos”.

Años más tarde, en 1898 el ministro de Estados Unidos ante España, Stewart Woodford, aseguraba: “La independencia de Cuba es absolutamente imposible como una solución permanente”; en tanto que William Sulzer, representante por Nueva York ante el Congreso USA sostenía: “Cuba se encuentra en nuestras propias puertas y es parte natural de nuestro dominio geográfico”.

Quizá estas referencias ayuden a entender que no es solo por el socialismo, que Estados Unidos acosa a Cuba. Lo hizo desde hace más de 200 años por una razón muy simple: no la tolera como país independiente y soberano. Y su más viva aspiración, es anexarla, como hizo con Puerto Rico.

Eso explica que muchos países que nada tienen que ver con el socialismo, votan contra el bloqueo a Cuba como una manera de decir no a la voracidad del Imperio. Y es que ningún estado independiente y soberano puede admitir hoy que una gran potencia, busque anexarse a un país pequeño. Nadie quiere, en nuestro tiempo, que el tiburón, se coma a las sardinas.

Y es que hay quienes, en el país del Norte, no admiten fronteras, salvo las suyas. Procuran tan solo embolsicarse recursos: oro, plata, cobre, hierro, petróleo; pero también productos cárnicos, trigo, maíz; agua, gas; y todo lo que posee nuestro continente. Pero eso, justifican las guerras de “conquista” como en el medioevo. Eso explica lo que hoy ocurre en el mundo.

Recientemente se supo que la Administración Trump prohibió al Perú, comprar armas a Rusia. Es más, amenazó con sancionar personalmente a ministros de Estado y a jefes militares que autoricen dichas compras, o firmen convenios que las permitan. Pero el asunto ha pasado virtualmente desapercibido ¿No es este un tema de Independencia y Soberanía? ¿No estamos en la víspera de cumplir 200 años en la condición de Estado Soberano? No solo es Cuba. También nosotros.

Tomado de Diario Uno

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