Perú: del referéndum a la perspectiva

Por Gustavo Espinoza M. (*)

524752_244326El referéndum del pasado 9 de diciembre no fue un hecho intrascendente, como aseguran algunos, incluso desde la vereda de la izquierda; pero tampoco ha sido inútil. Es verdad que no tenía incidencia notable en el escenario constitucional -largamente el más importante- y no habría de generar tampoco modificaciones sustantivas en la vida de nuestro pueblo; pero tenía otras connotaciones y ribetes. Era el colofón de una dura lucha contra la corrupción y, en particular, contra la Mafia Keiko-Alanista, que ha resultado severamente castigada.

Objetivamente era la primera confrontación electoral desde el 2016, cuando por apenas 40 mil votos de diferencia fue posible evitar la victoria de la Mafia. Se requería, entonces, que el país registrara las mutaciones que se han venido procesando en los últimos dos años, y que han expresado una voluntad que luce irrebatible: el Apra y el Fujimorismo, son hoy dos magras expresiones de un pasado vencido, al que la inmensa mayoría de los peruanos no quiere volver.

La votación ha concluido con una derrota estruendosa que algunos no quieren entender. La írrita “mayoría parlamentaria” ha sido virtualmente borrada del escenario nacional; y los viejos carcamanes que aun la representan, han perdido desde el honor hasta la vergüenza. Todo se ha definido como se esperaba: ha ganado el pueblo gracias a su instinto de clase y a su inclaudicable voluntad de lucha

Pero esta victoria, más que triunfo material y concreto, se proyecta ahora como aliento para nuevas batallas. La brega por una nueva Constitución, toma fuerza, y exige trabajo definido en diversos segmentos de la sociedad. Hay que ganar la conciencia de millones –y eso es posible ahora- para lograr una nueva Carta Magna que archive el “modelo” Neo Liberal, restituya el papel del Estado en la economía, afirme la participación ciudadana, asegure una verdadera democracia social, preserve las riquezas del país a fin que sirvan para el bienestar de millones, garantice los derechos de las grandes mayorías, elimine los privilegios de la clase dominante y proyecte una política exterior independiente, soberana y plenamente solidaria con los pueblos de nuestro continente. En otras palabras, una Constitución acorde con las ansias liberadoras que asoman en la víspera del Bi Centenario de la Independencia.

Conscientes de eso, dijimos desde un inicio que el Referéndum, ni de lejos agotaba las metas de nuestro pueblo. Al contrario, las colocaba en un nivel más alto y perfilaba nuevos derroteros que hoy asoman con mayor precisión.

Hace algunos días tuvo lugar en Lima un evento convocado por los organismos vinculados al sector financiero, al Banco Mundial y al Fondo Monetario. Estuvieron en él, funcionarios de distintos organismos del Estado, convocados para conocer nuevos elementos referidos a la realidad de hoy. ¿El tema global? Los 25 años de la aplicación del “Modelo” gracias a la Constitución del 93 y el oscuro maridaje entre AFF y el FMI En la base del certamen estuvo por cierto la CONFIEP y los organismos patronales aún en boga.

La orientación entregada en esa circunstancia, partió de la gravedad de la crisis que remece las bases de la sociedad peruana, y la necesidad de enfrentarla con nuevos “ajustes” del mismo signo de los ya aplicados. Para superar esa etapa -se dijo de modo general- hay que “aplicar mejor” las viejas recetas fondomonetaristas. Combatir la corrupción, claro, y no dejar que en nombre de la lucha contra ella, se empinen “recetas populistas” o “socializantes”.

Tres áreas preocuparon a los promotores de la cita: la educación, la salud y la problemática laboral.

En el primer ítem, el mensaje fue categórico: hay que culminar el proceso de privatización de la educación a través de diversas modalidades. Se tomó conciencia, claro, que en el Perú hoy el 50% del “servicio educativo” se brinda con fines de lucro. Y eso, desde la Escuela Básica hasta la Universidad, pasando por todos los niveles.

El argumento orientado a sustentar la idea, es simple: El Estado no está en capacidad de brindar una educación eficiente a la población. Hay que recurrir, entonces a la inversión privada. Y como se requiere acelerar ese proceso, entonces hay que tomar medidas para degradar aún más la educación pública: no construir ni modernizar escuelas, no dotarlas de tecnología de punta, desalentar la carrera docente. Básicamente, afirmar la idea que la educación no puede ser sólo atribución de un Estado que “nos se da abasto” para enfrentar la tarea. En contrapartida, y para alentar la educación privada, hay que mantener sus privilegios tributarios y otorgarle nuevas facilidades operativas. Asegurar que sea “un negocio rentable”.

El mismo esquema, e idénticas consideraciones, se usaron en el área de la salud. Los presupuestos requeridos son demasiado altos –dijeron- y no pueden ser considerados obligación del Estado. También los servicios de salud requieren de la inversión privada, y eso pasa por atraer inversiones, otorgando nuevas concesiones y beneficios a los interesados. Para eso, hay que acabar con la consigna populista que asegura que “no se puede lucrar con la salud”. Esa formulación, debe ser definitivamente desterrada.

El capital privado debe hacer empresa en todas las áreas. Y debo hacerlo también, por cierto, en el área social “regulando” los llamados costos laborales de las empresas. Hoy en día las empresas –se dijo- no están en capacidad de mantener gruesas planillas, ni cargas tributarias excesivas, ni satisfacer las demandas de los trabajadores organizados, ni pagarles beneficios “adicionales” a su salario que, por lo demás, no puede ser “castigado” con aumentos constantes otorgados por las autoridades de trabajo. Todo eso, debe ser morigerado, fue el criterio predominante en la cita.

Y, naturalmente, en este marco, resultaría indispensable complementar las cosas con una política exterior crecientemente sometida a Washington. De ahí que el Canciller Popoliizio haya salido, una vez más, con la misma monserga: “hay que romper con Venezuela”. Una manera de “hacer méritos” ante la Casa Blanca para fortalecer aquí el manejo anti bolivariano.

A nadie se le ocurrió, sin embargo, reparar en el hecho que afectar la educación, la salud y las conquistas laborales de los trabajadores; generaría un agravamiento extremo de la crisis y colocaría al gobierno que impulsara esas medidas en el extremo del más franco rechazo popular. Pareciera que, precisamente con esa idea, es que se alienta un programa de “ajuste” como el sugerido. A los empresarios no les parece mal la idea que el gobierno caiga en el juego y, finalmente, se desprestigie y pierda en un solo haz, todo lo que ha ganado.

Daría la impresión que lo que se busca es ahuyentar a los trabajadores y enfrentar a los sindicatos con el gobierno. Bloquear la posibilidad de cualquier “acercamiento” entre ambas fuerzas, por cuanto esa alianza, sería letal para el modelo en boga. Y sería más bien “caldo de cultivo” para el temido “populismo chavista”, que aterra aquí a la Clase Dominante.

En pocas ocasiones como en éste, la Clase Obrera y sus vanguardias tienen que tener las cosas claras. Una cosa es luchar a brazo partido contra la repudiable y purulenta mafia Keiko-Alanista; y otra, defender resueltamente los intereses del país y de los trabajadores combatiendo contra el modelo Neo Liberal y su secuela. Es la lucha de clases en su más pura expresión.

Por el lado de los trabajadores, haciendo honor al legado de José Carlos Mariátegui y al imperecedero ejemplo de Pedro Huilca, será indispensable izar muy en alto banderas democráticas, patrióticas y anti imperialistas, al lado de los históricos estandartes de clase. No hay otro camino.

Por el lado del gobierno, mucho cuidado. Sus adversarios, quieren que pierda el Santo y la Limosna. Pero no es fatal que le haga el juego a los empresarios. Tiene otro camino.

Tomado de Nuestra Bandera

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La CIA pretende perpetuar a Luis Almagro en la OEA

Por Arthur González

1Mientras en Estados Unidos fabrican campañas de descredito contra Nicolás Maduro y Evo Morales, por reelegirse como presidentes de Venezuela y Bolivia, ahora pretenden hacer lo mismo con el agente secreto de la CIA, Luis Almagro, actual Secretario General de la OEA y punta de lanza de los yanquis en sus intentos por cercar políticamente a Venezuela, e incluso con la pretensión de apoyar una invasión militar.

Almagro fue elegido en 2015 después que el Departamento de Estado presionara a los dos candidatos, el ex vicepresidente guatemalteco Eduardo Stein y el jurista peruano Diego García-Sayán, para que retiraran sus respectivas candidaturas, recibiendo el voto de los 33 países miembros de la OEA, al contar con la imagen de un hombre de izquierda, hasta ese momento Canciller nombrado por el entonces presidente del Uruguay, José Mujica.

Como brazo derecho de los yanquis, Almagro se quitó el disfraz de hombre con ideas de izquierda, pues su misión a partir de ese instante fue la de condenar a Venezuela y a su presidente constitucional Nicolás Maduro, con vistas a respaldar todas las acciones de Washington por sacarlo del poder.

Evidentemente las instrucciones que recibía de la CIA y el Departamento de Estado, eran la de lograr que la Asamblea General de la OEA aprobara la condena a Venezuela, para lo cual en 2016 invocó la Carta Democrática Interamericana, al considerar que el orden democrático en ese país caribeño había sufrido alteraciones graves, pero no obtuvo el consenso necesario porque no todos los países se sumaron a esa componenda made in USA.

La actitud servil de Almagro se hace evidente en cada sesión de trabajo de la OEA, posición respaldada por el Canciller chileno, Roberto Ampuero, quien tiene una trayectoria política similar a la del uruguayo, porque de militante comunista refugiado en Cuba, casado con la hija de un viejo dirigente del partido, saltó de la noche a la mañana a la posición de derecha pro yanqui, a pesar de que durante décadas los atacó y condenó.

Para su deseada reelección, Almagro declaró recientemente que cuenta con el respaldo de varios países, principalmente de Chile y Colombia, ambos con gobiernos subordinados a la política de Estados Unidos.

Los yanquis requieren en la OEA de un hombre que responda totalmente a sus intereses geopolíticos en Latinoamérica, y ningún candidato será mejor que ese hombre reclutado por la CIA en 1979 para cumplir misión diplomática en Irán, país que presidió años más tarde el importante Movimiento de Países No Alineados, MNOAL, organización de máxima prioridad política para el trabajo de las agencias de inteligencia estadounidense.

Tal es así que cuando Luis Almagro asumió en 2015 su cargo como Secretario General, declaró oficialmente que no buscaría la reelección, e incluso en abril 2018 publicó un video donde afirma: “la reelección no es un derecho humano, e impedir la reelección no limita los derechos de los candidatos o los votantes”, debido a que Estados Unido está opuesto a la reelección de Evo Morales y de Nicolás Maduro, líderes que no son del agrado de la Casa Blanca y por eso ejecuta numerosos planes encubiertos para derrocarlos.

El ascenso a la presidencia de Brasil del capitán Jair Bolsonaro, junto a los de Argentina, Chile y Colombia, constituyen pilares de apoyo a la decisión anunciada por el hombre de la CIA en la OEA, pero la llegada de Manuel López Obrador a la presidencia de México, cambia el panorama latinoamericano, el que, unido a Venezuela, Bolivia y los países del Caribe, le harán más difícil el camino al Departamento de Estado yanqui para imponer sus políticas imperiales en la región.

Ahora la disyuntiva de Estados Unidos está en que hacer contra Maduro antes de las próximas elecciones, algo bien difícil de planificar con una oposición política desprestigiada, sin apoyo popular, dividida y carente de liderazgo, porque a pesar de la incrementada persecución financiera, la guerra económica y comercial que aplica Estados Unidos y sus aliados europeos, Venezuela sigue en pie de lucha apoyando a su presidente y la obra de la Revolución chavista.

En su intento para atacar también a Cuba antes del 10 de diciembre, día de los derechos humanos, Almagro convocó, a toda carrera, una reunión para atacar a la Revolución en un arranque de impotencia, pues llevan 60 años sin poder derrocarla, ni mermar el apoyo mayoritario del pueblo.

Vergüenza debería darle a Estados Unidos que ha malgastado miles de millones de dólares en acciones encubiertas, planes de terrorismo de estado, invasión mercenaria, cientos de planes para asesinar a su principal líder, guerra económica, financiera y biológica, subversión política, unido a la estimulación de una emigración masiva, sin alcanzar su objetivo.

La fabricada “oposición”, según sus propios documentos desclasificados, “no tiene respaldo alguno, carece de programas políticos para sustituir la obra revolucionaria, buscan la forma de obtener muchos dólares para satisfacer sus ambiciones personales y la mayoría de sus escasos miembros responden a la Seguridad del Estado cubano”.

Una de las invitadas a ese show mediático es Martha Beatriz Roque Cabello, quien los ha engañado reiteradamente con eventos que nunca se celebraron, pero le permitieron embolsillarse miles de dólares y hacer falsas huelgas de hambre que pusieron en ridículo a diplomáticos yanquis, periodistas de agencias internacionales de prensa, e incluso a otros “disidentes” que fueron en su apoyo.

Triste papel el jugado por Luis Almagro, quien pasará a la historia como uno de los peleles más sumisos a Estados Unidos, lo que hace tener presente a José Martí cuando expresó:

“Los hombres que se dejan marcar como los caballos y los toros, van por el mundo ostentando su hierro”.

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El referéndum del 9

Por Gustavo Espinoza

Hay diversas opiniones en torno al referéndum que, finalmente, se celebrará el domingo 9 del presente en todo el país. La falta de tiempo, y los candentes acontecimientos políticos que se operaran aquí desde los primeros días de octubre, signados por la detención de Keiko Fujimori; hasta el reciente frustrado “asilo” de Alan García; han cautivado tanto el interés ciudadano, que el tema de la próxima consulta quedó largamente relegado.

Pero, como todos los plazos se cumplen, y todas fechas se vencen; es claro que este domingo se habrá de definir el sentido de la consulta formulada por el Poder Ejecutivo, y aprobada a regañadientes –y con trampas- por el Congreso de la República. En torno a ella, sin embargo, subsiste un clima de confusión que ha desorientado incluso a segmentos de la sociedad ganados siempre por el debate político.

En los predios de la izquierda, ha ganado puntos también este clima de confusión. Ha habido quienes han dicho que el Referéndum es tan sólo una “maniobra distractiva”, una “cortina de humo”, o una “treta del Gobierno” para sorprender incauto Es bueno, entonces esbozar una explicación de asuntos que pueden ayudar a entender la esencia de los temas en cuestión. Veamos.

Lo primero que se debe precisar es la actitud que han asumido las fuerzas que hoy copan el escenario nacional. Por el lado de “la derecha”, Fuerza Popular y el cogollo alanista del APRA; se ha objetado categóricamente la consulta en marcha. No sólo lo voceros del Keiskismo se refirieron a ella como “un mamarracho”, sino que acusaron también al gobierno de usarla para “dar paso” a la instauración de una supuesta “dictadura”.

Arguyendo esa tesis, se ha comparado las diligencias judiciales incoadas contra Keiko Fujimori y su equipo de gestión; con los “procesos de Moscú” en los años 30 del siglo pasado; se ha sustentado la idea de un “Golpe” en Marcha y se ha publicitado hasta la saciedad una presunta –e inexistente- persecución política contra algunas de las figuras del Perú de hoy.

Desde algunos predios de la izquierda se han usado otros argumentos pero curiosamente, se ha coincidido con los portavoces de la Mafia en materia concreta. En efecto, se ha llamado a “derrotar el referéndum” logrando que la ciudadanía vote en contra de todas las propuestas: No. No. No y No, se ha alzado como una suerte de “fórmula mágica” que habrá de servir para “derrotar a Vizcarra”. Ha sido esa la recomendación de Keiko, del APRA, y hasta de Flórez Araoz, por si necesiten nuevos aliados.

En esa línea se ha usado un planteo falso: Lo que el país requiere -se ha dicho- no es un Referéndum sino una nueva Constitución. En otras palabras, en nombre de la demanda grande, se ha descalificado los pasos chicos; sin reparar –claro- que la “demanda grande” es, por ahora, inviable. No hay quien la convoque, ni quien la ejecute. Por lo demás tampoco hay un proyecto, o un modelo, de lo que debiera ser la “nueva” Constitución. En otras palabras, objetivamente, el tema está aún en pañales.

Eso no significa que la exigencia no sea justa. Lo es, enteramente. Sólo que no ha de caer del cielo; ni tampoco, ser producto de la voluntad personal de nadie. Será el resultado natural de una lucha concreta, en la que resulta indispensable “armar” el proyecto, ganar voluntad y conciencia ciudadana, y derrotar a los sectores reaccionarios descalificando definitivamente su opción. Ese proceso está en marcha, por cierto, pero aún no está definido. Es preciso, todavía, caminar un trecho con las masas enfrentando la corrupción venciendo a sus agentes más aviesos: el keikismo y el alanismo.

¿Es difícil entenderlo? En los predios de la Mafia está aún la Fiscalía de la Nación con todo el Poder que ella presupone. Buena parte de Jueces y Fiscales. También la mayoría parlamentaria. Y hasta la “Prensa Grande”, que si bien se ha mimetizado un poco, no abandona sus viejas prédicas y su campaña contra el pueblo.

Pero también toda la estructura burocrática del Estado que facilite los planes de la Mafia para hacer de las suyas: poner a buen recaudo a César Hinostroza Pariachi, ayudar a García, compadecer a Keiko, blindara Donayre, proteger a Maman; a más de muchas otras acciones que suelen pasar inadvertidas pero que van corroyendo la conciencia de los peruanos para invitarlos a “bajar la guardia” en nombre de “la necesidad de olvidar rencores” , “perdonar generosamente a los demás”, “construir conciencia de paz”; y otras expresiones del mismo signo que se repiten cotidianamente en radio, televisión y prensa y que las sustentan todos los panegiristas invitados en su condición de “personalidades” o “analistas”.

Ellos buscan, en verdad, distraernos para que no nos demos cuenta que hay una peligrosa ofensiva en marcha: Ella, por ahora, solo necesita librar pequeñas escaramuzas, vencer en algunas batallas y, sobre todo, ganar tiempo para lograr que la gente se aburra, pierda la fe, piense que “nada habrá de suceder” y que, finalmente, esta lucha “es inútil”.

Por eso es que el tema del Referéndum rebasa los límites de una consulta formal. Si la ciudadanía finalmente rechazara los temas planteados –como buscan los que llaman a votar por el NO en todos los ítems-, la mafia habría alcanzado un respiro tangible. No olvidemos que así sucedió en Colombia cuando, contra todos los pronósticos, pudo ganar el “referéndum por la paz”. Eso le permitió retomar la iniciativa, y luego ganar las elecciones y colocar a Iván Duque en la conducción del Estado. Mutatis Mutandi, así sucedió también en Brasil: desacreditando a Lula en una lucha “contra corrupción” abrieron paso a Bolsonaro, la expresión del fascismo en toda la línea.

Aquí, bien podría ocurrir algo parecido: descalificando a Vizcarra –que ofrece muchos flancos- bien podría ganar una opción -el domingo 9- que finalmente recuse las propuestas planteadas y más bien promueva un “cambio radical” que aliente a las fuerzas más reaccionarias.

Se ha dicho, y es verdad, que el referéndum no habrá de resolver problemas de fondo. Pero si servirá para definir bien los campos y colocar a cada quien en su lugar.

Por eso, la recomendación más racional y sensata, no es votar de cualquier modo, ni intercalar un SI y un NO en la célula de sufragio. Hay que votar por el SI para buscar un nuevo modo de nombrar jueces, para impedir que las grandes empresas y mafias financien impunemente las campañas electorales de los Partidos y para impedir la reelección de congresistas. Y poner NO en la cuarta opción -la bicameralidad porque, independientemente de unas u otra, está planteado el juego de la Mafia, que aspira a convertir a sus principales voceros en Senadores a la vuelta de la esquina.

El referéndum no es sólo una consulta. Es también una nueva oportunidad para que nuestro pueblo confirme la validez de su conciencia y acere su voluntad de lucha.

Tomado de https://nuestrabandera.lamula.pe/2018/12/05/peru-el-referendum-del-9/nuestrabandera

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América Latina: entre López Obrador y Bolsonaro

Por Andrés Mora Ramírez

En este 2018, el desenlace de dos elecciones presidenciales aceleró la reconfiguración prácticamente total del mapa político latinoamericano, que había experimentado una importante transformación entre finales del siglo XX, y principios del XXI, con el llamado giro a la izquierda o ascenso de los gobiernos nacional-populares.

Con ganadores diametralmente opuestos, tanto en sus trayectorias políticas, sus ideas, en su proyecto-país y en sus devociones republicanas, los comicios mexicanos y brasileños seguramente pasarán a la historia como el punto de inflexión de un nuevo tiempo en la región.

En México –segunda economía de América Latina y número 13 a nivel mundial– Andrés Manuel López Obrador obtuvo una contundente victoria el pasado 1 de julio, con el 53.2 por ciento de los votos (correspondiente a poco más de 30 millones de personas), un 30 por ciento mayor que el contendiente más cercano, el candidato Ricardo Anaya del Partido Acción Nacional (PAN).

Una votación que bien puede considerarse la más aplastante condena popular al modelo neoliberal impuesto al país desde la década de 1980, por los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional y del PAN, y que dejó como herencia un insultante aumento de la pobreza, la desigualdad social, la concentración de la riqueza, la corrupción, la violencia y el crimen organizado, y una sistemática entrega de la soberanía nacional y de las más emblemáticas conquistas de la Revolución Mexicana (como la nacionalización de los hidrocarburos, en el gobierno de Lázaro Cárdenas) frente a los intereses de los Estados Unidos y del capital extranjero.

En el caso de Brasil, primera economía latinoamericana y sexta en el mundo, si bien la elección del nuevo presidente se dirimió en dos rondas de votación en el mes de octubre, estas sólo afirmaron la magnitud del triunfo del capitán Jair Messias Bolsonaro, quien obtuvo el 55.13 por ciento de los votos en el ballotage (es decir, con el respaldo de casi 58 millones de personas).

Neoliberal, defensor de los intereses de las Fuerzas Armadas en la Cámara de Diputados, racista, homofóbico y anticomunista a ultranza, Bolsonaro ha hecho carrera política como congresista defendiendo tesis conservadoras y controversiales, coleccionando “militancias” en casi una decena de partidos.

Su giro hacia las iglesias neopentecostales en 2016, así como su complicidad manifiesta en el proceso de impeachment contra la presidenta constitucional Dilma Rousseff ese mismo año –que abrió las puertas del golpe de Estado que llevó a Michel Temer a ocupar el Palacio de Planalto– catapultaron su vertiginoso ascenso hasta la presidencia del país.

Ambos líderes están prontos a asumir formalmente sus nuevos cargos: López Obrador rendirá juramento como presidente el 1 de diciembre, en una ceremonia con la cual pretende reivindicar el principio de no intervención enmarcado en la Doctrina Estrada, que fue históricamente el eje de la política exterior mexicana hacia América Latina y el mundo. Para este acto han sido invitados los mandatarios de 28 países, entre ellos Estados Unidos, China, de la Unión Europea y, por supuesto, de toda América Latina y el Caribe.

La ya confirmada presencia del venezolano Nicolás Maduro augura que México se desmarcará del Grupo de Lima, conformado por un manojo de gobiernos serviles a los planes de acoso y desestabilización de la Revolución Bolivariana. Además, el embajador de Rusia en Ciudad de México anunció que gestionará una pronta reunión entre López Obrador y Vladimir Putin. México se aproxima así a los enfoques de multipolaridad en el sistema internacional, y se distancia del vasallaje al unilateralismo al que lo sometió Washington, especialmente desde los gobiernos de George W Bush.

De la toma de posesión del nuevo presidente brasileño, que ocurrirá exactamente un mes después, el 1 de enero de 2019, es poco lo que ha trascendido hasta ahora, más allá de la participación del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. Sin embargo, sus manifiestas afinidades con la actual administración de los Estados Unidos (recordemos que Steve Banon, mano derecha de Donald Trump en su primer año de gestión, también fue asesor de campaña del capitán Bolsonaro) y los guiños permanentes con los gobiernos de derecha de Argentina, Chile y Colombia, auguran que Brasilia será una punta de lanza de la geopolítica de Washington en América Latina.

Lo cierto, en todo caso, es que la restauración conservadora ha ganado en Brasil una plaza sumamente valiosa y estratégica en el sur del continente, y desde allí apuntalará sus armas para permanecer en el poder –aunque su gobernabilidad sea frágil–, mientras las izquierdas latinoamericanas recomponen sus fuerzas para intentar desplegar una nueva ofensiva que evite el descalabro que se atisba en el horizonte neoliberal de nuestros días.

En el contexto actual, México y el gobierno de López Obrador están llamados a cumplir una misión de contención y resistencia, evocando el papel de faro de esperanza que ya una vez supo desempeñar en la historia de nuestra América. Una tarea nada fácil, tomando en cuenta la complejidad de los desafíos que impone la coyuntura interna mexicana y la oposición que ya anuncian los enemigos del cambio y de la cuarta transformación del país.

En su reciente Historia global de América Latina (2018, Alianza Editorial), Héctor Pérez Brignoli afirma que “al final de 2 siglos de camino” nos encontramos “en una encrucijada donde las flechas apuntan en direcciones encontradas y hacia senderos sin salida”. ¿Hacia dónde iremos en los próximos años? ¿Lograremos resolver esta encrucijada que nos interpela? ¿Será posible detener el avance del neofascismo y construir una nueva alternativa popular? He aquí algunas de las cuestiones cruciales para nuestro futuro inmediato.

 

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El tiburón y las sardinas

Por Gustavo Espinoza

El pasado 1 de noviembre la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una nueva resolución de condena universal al bloqueo norteamericano impuesto a Cuba desde 1961. Esta vez 189 países se solidarizaron con la isla del Caribe, en tanto que solo dos -Estados Unidos e Israel- votaron por mantener la medida adoptada por la Casa Blanca para doblegar a ese país. Es bueno, en este marco, echar un breve vistazo al pasado:

En 1854 los ministros de Estados Unidos ante España, reunidos en Bélgica expusieron su idea respecto a las relaciones de su país, con Cuba: “La Unión no podrá disfrutar de reposo, ni gozar de una seguridad confiable, mientras Cuba no sea incluida en sus fronteras”. Al año siguiente, el senador por Kentucky, John Crittenden, sostuvo: “Cuba nos pertenece geográficamente. Debe venir a nosotros. Debe ser nuestra antes de mucho tiempo”. La idea era tan obsesiva, que hasta el poeta Walt Whitman aseguró: “el destino manifiesto ciertamente señala hacia la rápida anexión de Cuba por los Estados Unidos”.

Años más tarde, en 1898 el ministro de Estados Unidos ante España, Stewart Woodford, aseguraba: “La independencia de Cuba es absolutamente imposible como una solución permanente”; en tanto que William Sulzer, representante por Nueva York ante el Congreso USA sostenía: “Cuba se encuentra en nuestras propias puertas y es parte natural de nuestro dominio geográfico”.

Quizá estas referencias ayuden a entender que no es solo por el socialismo, que Estados Unidos acosa a Cuba. Lo hizo desde hace más de 200 años por una razón muy simple: no la tolera como país independiente y soberano. Y su más viva aspiración, es anexarla, como hizo con Puerto Rico.

Eso explica que muchos países que nada tienen que ver con el socialismo, votan contra el bloqueo a Cuba como una manera de decir no a la voracidad del Imperio. Y es que ningún estado independiente y soberano puede admitir hoy que una gran potencia, busque anexarse a un país pequeño. Nadie quiere, en nuestro tiempo, que el tiburón, se coma a las sardinas.

Y es que hay quienes, en el país del Norte, no admiten fronteras, salvo las suyas. Procuran tan solo embolsicarse recursos: oro, plata, cobre, hierro, petróleo; pero también productos cárnicos, trigo, maíz; agua, gas; y todo lo que posee nuestro continente. Pero eso, justifican las guerras de “conquista” como en el medioevo. Eso explica lo que hoy ocurre en el mundo.

Recientemente se supo que la Administración Trump prohibió al Perú, comprar armas a Rusia. Es más, amenazó con sancionar personalmente a ministros de Estado y a jefes militares que autoricen dichas compras, o firmen convenios que las permitan. Pero el asunto ha pasado virtualmente desapercibido ¿No es este un tema de Independencia y Soberanía? ¿No estamos en la víspera de cumplir 200 años en la condición de Estado Soberano? No solo es Cuba. También nosotros.

Tomado de Diario Uno

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AMERICA LATINA ANTE EL RETO DE LA IMAGINACIÓN

Por Gustavo Espinoza M. (*)

Impedir la liberación de Lula en Brasil, dictar orden de captura contra Rafael Correa en Ecuador, amenazar con cárcel a Cristina en Argentina, acorralar a Daniel Ortega en Nicaragua, incriminar al paraguayo Lugo, desplegar una ofensiva en todos los planos con Nicolás Maduro en la República Bolivariana de Venezuela, y centrar fuegos contra Cuba.

 

En algo más de cuatro líneas, ésta formulación refleja la esencia de la táctica del Imperio en nuestro continente. Su objetivo estratégico, en consonancia, sigue siendo el mismo: mantener maniatados a los países de la región para arrebatarles petróleo, gas, cobre, productos cárnicos, agrícolas, recursos hídricos, y otros. Y avasallar la Independencia y la Soberanía de los Estados, para uncir a todos a su carro de dominación a fin de extender su control sobre el hemisferio, y otras latitudes del planeta.

 

Es curioso que justo en esta coyuntura es que se celebre en La Habana el XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo precisamente para analizar la ofensiva imperial y  las tareas de los pueblos de América Latina en el escenario que nos rodea. Tendrá ante sí el reto de la imaginación: es decir, idear conceptos que ayuden, en esta hora difícil.

 

Se ha dicho –y es verdad- que desde enero de 1959, cambiaron las cosas en nuestro continente. La epopeya de la Sierra Maestra abrió cauce a un nuevo proceso emancipador que fue asumiendo variantes, y adquiriendo modalidades diversas. Las más notables, en los años 70 del siglo pasado fueron la gesta insurgente de los militares peruanos liderados por Juan Velasco Alvarado; el gobierno de la Unidad Popular en Chile, conducido por Salvador Allende; y la episódica, pero rica, vivencia boliviana de Juan José Torres.

 

El “Triángulo rojo” le llamaron los voceros del Pentágono a estos tres países unidos, en ese momento, por su experiencia liberadora. Y no sólo por odio al color, sino sobre todo por miedo al ascenso de los pueblos, aplastaron con las armas que tuvieron a la mano, cada uno de esos procesos sociales que marcaron época en el siglo XX, y que fueran complementados, en su momento, por la valiosa experiencia sandinista,  que aún perdura.

 

En el nuevo siglo –y cuando el Imperio ya cantaba victoria definitiva- la gesta venezolana liderada por Hugo Chávez cambió el rostro de todos. A partir de allí cobraron fuerza movimientos emancipadores que enarbolaron la bandera de los pueblos. “El Socialismo del Siglo XXI” se le llamó -quizá con precipitación- a esa ola de verdaderas acciones antiimperialistas que pergeñaron un camino inédito de luchas al sur del rio Bravo.

 

Un trago amargo para los Estados Unidos, sin duda, del que busca hoy recuperarse en una nueva etapa de contraofensiva. Esa, es la que anotamos hoy; y a la que debemos responder con la fuerza de una causa que se levanta desde la base misma de la sociedad latinoamericana. Bien mirada la cosa, ya van casi veinte años de lucha en este escenario complejo en el que los pueblos avanzan y sufren derrotas; y el Imperio retrocede, pero no renuncia. Eso explica, en buena medida, lo que hoy ocurre.

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Como línea general, la administración norteamericana y las oligarquías criollas buscan escarmentar  a los pueblos castigando a sus conductores más calificados.  Piensan que, de este modo, van a lograr que la gente renuncie a luchar por los cambios, y que quienes lideran las acciones  emancipadores, habrán  de terminar  ”tirando la esponja”. Craso error, sin duda. Que los pueblos no se cansan nunca lo acreditan los hechos que hoy nos conmueven: el ascenso de Cuba, la consolidación del proceso bolivariano, la derrota de los grupos sediciosos en Nicaragua; pero también el 42% de los votos alcanzados por la oposición progresista  colombiana, y la impresionante victoria de López Obrador en tierra azteca..

 

No hay mucho tiempo para ponerse a analizar si se mantendrá, o no, la fuerza popular colombiana que ungió como su vocero a  Gustavo Petro.  Más importante que eso es trabajar para que la unidad surgida –casi imprevistamente- en los comicios pasados en la tierra de Nariño, se consolide y avance   Y asegurar, al mismo tiempo  que el proceso mexicano cuente con la solidaridad de los pueblos de todo el continente, a fin que no retroceda,  ni  muestre debilidad alguna.

 

Lo mismo puede decirse  de otras experiencias que hoy asoman en nuestro suelo. Lo fundamental no es discutir los supuestos –o reales- errores de Lula, sino arrancarlo de la prisión; ni  examinar con lupa  las deficiencias del Sandinismo, sino derrotar a los grupos sediciosos que trabajan para derribar a Ortega. Tampoco resulta hoy lo mejor  especular en torno a la capacidad que tenga  el nuevo mandatario mexicano de resistir las maniobras del Imperio, sino dotar a su gobierno del apoyo continental necesario para enfrentar la agresividad  de la Casa Blanca en cada una de sus modalidades operativas.

 

Y para eso, lo que hace falta es consolidar la unidad de los pueblos, encontrar un lenguaje común,  que nos permita enfrentar unidos la agresividad del Imperio, y diseñar una práctica concreta que nos ayude a avanzar por la ruta compleja de la liberación nacional y social.  Pero, sobre todo, empinarse sobre la imaginación para multiplicar esfuerzos, voluntades solidarias, caminos entrecruzados y batallas simultáneas.

 

Cada uno de nuestros países -sobre la base de una historia común- tiene vivencias distintas. Nos une la herencia cultural y los elementos de una lucha que se entroncara desde los años de Túpac Amaru hasta nuestros días. Para salir adelante debemos dar rienda suelta no sólo a nuestra lucha, sino también a nuestra rica capacidad creadora. Ella, nos ayudará a encontrar la ruta del futuro. Para eso necesitamos –decía José Carlos Mariátegui- “una poderosa facultad de imaginación. Los libertadores fueron grandes porque fueron, ante todo, imaginativos. Insurgieron contra la realidad limitada, contra la realidad imperfecta de su tiempo”. Y es eso, lo que nos corresponde hoy.

 

 

(*)  Del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera.  http://nuestrabandera.lamula.pe

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Un bastión moral llamado Cuba

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En cualquier balance afectivo e intelectual (juntos o separados) que hagamos en América Latina y el Caribe, encontraremos a Cuba como referente infaltable y como deuda impagable. No son pocos los protagonistas políticos, intelectuales o artísticos que no tengan, en su vida y obra, una fuente referencial originaria de Cuba. Quienes crecimos con la Revolución, que supimos de ella con sus victorias y sus tropiezos, tenemos la ganancia especial de su ética de su resistencia expresadas en todas sus batallas. Cuba nos enseño la importancia del ser y el hacer revolucionario a pesar de todos los pesares. A pesar, incluso, de las diferencias y las indiferencias. Cuba estuvo y Cuba está ahí, siempre firme. Entiéndase aquí el concepto Moral como lo entendía Sánchez Vázquez: https://marxismocritico.com/2015/03/12/moral-y-politica-adolfo-sanchez-vazquez/.

Es inimaginable la “izquierda latinoamericana” sin la influencia, desigual y combinada, que Cuba implica en la hora de entender el presente continental y las tareas del futuro inmediato. Es inimaginable la “Patria Grande” sin el fulgor revolucionario de Cuba en las horas decisivas para la unidad continental y en las horas cruciales de las luchas “particulares”.

No es sólo la figura de Fidel (por sí sola una herencia monumental de teoría y práctica), no es sólo el papel de Raúl, estratega y soporte de mil tareas; no es sólo Camilo y el Ché con la didáctica de la acción sin dobleces… es también “Casa de las Américas”, es la Revolución Agraria y la Urbana. Es la Revolución de la Salud y de la Educación, la Revolución de la Ciencia, la Revolución de la Filosofía, la Revolución de la Poesía y de la Canción… la resistencia y la inteligencia para vivir viviendo la dignidad. Y nada de esto sin debates, sin dudas o sin reconsideraciones.

Así, aprendimos que el amor a Cuba (entre otros “requisitos”) incluye el odio al bloqueo; que no se puede hablar de Cuba sin un balance preciso de lo que ha perdido (lo que le han arrebatado en lo objetivo y en lo subjetivo) por el “embargo”. No se puede, no se debe, hablar de Cuba sin una estimación correcta del valor moral que representa, casa por casa, poner cara a todas las adversidades y defender organizadamente la praxis revolucionaria contra toda la ofensiva económica, política y mediática que no se ha detenido, ni un segundo, desde el triunfo de la Revolución con sus “barbudos”.

Y también, bajo los acosos de todo tipo, Cuba desarrolló su proyecto democrático decidida a fijar parámetros propios y a jugarse la vida política en diferenciándose de todos los formatos hegemónicos y de cierta incapacidad pertinaz de algunos para entender otras formas de la vida democrática, en las condiciones históricas concretas, sin los formularios predominantes. También en esto le ha llovido metralla con algunos “misiles” de “fuego amigo”. En todo caso es un debate abierto… como debe ser.

Cuando se habla de la economía cubana concurre toda suerte de valoraciones, especulaciones y equivocaciones. Juntas o por separado. Algunas, con cierta suficiencia doctoral, se sienten habilitadas para desplegar sus recetarios teledirigidos para constituirse en autoproclamados Mesías de las soluciones perfectas. Al otro lado de la irracionalidad abundan los que sueñan una Cuba “abierta de par en par”, claudicando soberanía y principios socialistas. No faltan los “términos medios”, componedores o conciliadores, que suponen posible un poquito de capitalismo y un poquito de socialismo para un coctel moderado plagado con espejismos y trampas. Pero es potestad y prerrogativa del pueblo cubano indagar y probar toda suerte de soluciones que, en las condiciones concretas y sin acostumbrarse a ellas, garantice los requisitos indispensables para una vida buena y digna sin rescindir principios y sin abandonar la lucha por el socialismo. “Con la Revolución todo, contra la Revolución nada”. Y el imperio a unos cuantos kilómetros.

Así que uno no puede ni debe quedarse indiferente, o sólo expectante, ante el proceso electoral cubano con todo lo que eso implica y con todo lo que eso nos involucra. Es, aunque algunos no lo sepan o algunos no lo quieran, también un proceso de trascendencia continental e histórica, que reclama a los pueblos atención y solidaridad patentes desde cada rincón y hasta los corazones ejemplares del pueblo revolucionario de Cuba. Es preciso un acuerdo político desde las bases, para explicar, paso a paso, lo que en Cuba sucede (y suceda) y es imprescindible una acción comunicacional organizada que deje saber a los cubanos cómo sentimos y vivimos sus decisiones cruciales con la envergadura y la vigencia de la Revolución cubana… Revolución amada, también, nuestra.

La única expresión válida para Cuba es la participación internacionalista y enérgica de los trabajadores, de su pueblo. Su intervención directa en los problemas que se suceden sin cesar y el fortalecimiento de las fuerzas e instrumentos para organizarse, siempre con base en métodos de formación avanzada. Dar vigor renovado a las asambleas, los consejos obreros y distritales sin privilegios ni burocratismos. Profundización de una democracia viva y directa, ejercida como expresión que esculpe la historia y del partido para no reducirse a la sola elección de personas y coyunturas. Que el pueblo gobierne al pueblo, de manera masiva y trasparente en elecciones periódicas y con un programa dinámico capaz de disponerse, desde su método, a perfeccionarse permanentemente. Democracia contra el bloqueo y los errores, democracia dialéctica de una Revolución cultural y educacional, convertida en sufragio y viceversa, democracia participativa y protagónica de escrutinio permanente en todos los niveles. Consulta seria y organizada en todos los ámbitos de la política económica y la práctica sistemática de la voluntad colectiva.

Cuba es una insurrección de dignidad permanente convertida en didáctica serena, consejera de ideas y de acción vivificante. Es un puente tendido entre la Revolución de un pueblo decidido a ser libre y las luchas que se miran en su espejo para madurar sus rebeliones. Cuba es más grande que el bloqueo, que todos los bloqueos, porque se hizo de cimientos históricos propios para perpetuarse en su renovación empecinada de futuro. Porque, lo dicho, a pesar de todos los pesares, de las agresiones y los atropellos, ahí está Cuba con su bandera Socialista al viento agitándose bailarina y saludo, de cara a la historia y de la mano de los pueblos que, con los pobres de la tierra, ha querido echar su suerte. Voluntad férrea, Cuba hermana, bastión de moral en pie de lucha.

 

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Perú. Los 12, la dictadura de las minorías

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33 serán los Jefes de de Estado y de Gobierno que deberán reunirse en Lima en abril, con motivo de la VIII Cumbre de las Américas. De ellos, 12 constituyen lo que se ha dado en llamar “el grupo de Lima”, formado a iniciativa del mandatario peruano, Pedro Pablo Kuczynski; y cuyo propósito, declarado desde un inicio, fue plegarse al carro yanqui en la ofensiva contra la Venezuela Bolivariana.

Este “grupo” se ha reunido varias veces, y en todas ellas ha abordado su agenda monotemática: cómo atacar a la administración de Caracas sirviendo a los dictados de la Casa Blanca. La palabra de Donald Trump alentando esas iniciativas, sonó fuerte desde un inicio, aunque no dejó de registrar agresivas expresiones contra algunos países, entre ellos, el nuestro.

El mandatario yanqui, en efecto, dijo no hace mucho que el Perú recibía “ayuda norteamericana”, pero que a cambio de ella le enviaba droga, vale decir, Cocaína. Se cuidó, por cierto, de admitir una verdad monda y lironda, es que Estados Unidos es el país que más consume esa droga en el mundo y que, en el marco del “libre mercado” los exportadores peruanos del sector encontraban en la patria de Jorge Washington sus mejores clientes.

Es bueno recordar que a mediados del 2016, cuando aun no se habían producido las elecciones en los Estados Unidos de Norteamérica, PPK, ya ungido Presidente Peruano, abogaba por Hillary Clinnton, asegurando que la elección de Donald Trump “acarrearía enormes peligros” para nuestra región. Hay que admitir que , en eso, tenía razón.

Esos peligros están en marcha, solo que PPK se sumó a ellos desde que el Republicano asumió su cargo el 20 de enero del 17. Y se concentraron en la Patria de Bolívar, considerándola punto de inicio para una ofensiva generalizada cuyo blanco mayor es Nuestra América con sus ingentes recursos petroleros, gasíferos, mineros, y acuíferos, a más de su grandiosa bio-diversidad.

Es claro que la política del señor Trump no tiene sólo un tinte “personal”. Lo personal, es su estilo. Pero la esencia de ella responde a los intereses de los grandes monopolios y de las corporaciones multinacionales, empeñadas en apoderarse del mundo a cualquier precio Para ellas, la guerra es apenas una contingencia del proceso histórico, consustancial a la naturaleza humana y que, si bien genera muerte y destrucción, eso debe considerarse apenas “daños colaterales”. Lo importante, será siempre el rédito financiero que de ella se derive.

Trump estuvo un tiempo entretenido en Irak, y luego se metió en una violenta “guerra verbal” contra la administración de Pyong Yang. Pero los propios coreanos -del norte y del sur- le pusieron un “paralé”. Unos, defendiendo su soberanía como Estado Socialista; y los otros su subsistencia física habida cuenta que asomaban ofertados como carne de cañón por el Imperio, apenas volaran misiles por los cielos del sud este asiático.

De ese modo, el Donald de la historieta de hoy salió pitando de la zona y buscó nuevos rivales. Nicolás Maduro, fue el elegido. Y la campaña contra él alcanzó los más altos decibeles que se conocen en nuestro tiempo. Lo acusan de todo. Lo califican de dictador, aseguran que tiene “manchadas las manos de sangre”, que es un asesino, y un ladrón; que “roba a manos llenas” y que “mata de hambre a su pueblo”.

La “prensa grande” y los áulicos del Imperio –desde Aldo M. hasta “Beto” Ortiz, pasando por todas las damiselas de la tele -que no saben de la misa a la media acerca de lo que ocurre en el mundo- llenan de improperios al Jefe de Estado Venezolano que está impulsando –al lado de su pueblo- un proceso profundo de cambios sociales –la Revolución Bolivariana- que se propone asegurar nuevos niveles de justicia y otra distribución de la riqueza en ese país de nuestro continente.

Hay que tener un poco de sentido común para entender realmente las cosas. Lo que hoy dice la clase dominante contra Maduro, Correa, Evo, Ortega o Lula; es básicamente lo mismo que dijo la clase dominante contra Túpac Amaru y Túpac Katari en el siglo XVIII. Lo mismo que dijo la clase dominante en el siglo XIX contra don José de San Martin y Belgrano; contra Antonio José de Sucre y Simón Bolívar. Lo mismo que dijo la clase dominante en el siglo XX contra Sandino, Farabundo Martí, Fidel Castro o Ernesto Guevara.

Es, vale decir, un conjunto irrepetible de infundios canallescos que se orientan apenas a encubrir la política de crimen y rapiña que alientan y promueven los explotadores en todo el continente. De eso, los peruanos tenemos ejemplos en abundancia.

Miremos simplemente nuestro escenario. ¿Alguien en su sano juicio puede creer que Alan García, Keiko Fujimori o PPK son gente honrada? ¿Alguien se atrevería a afirmar que García no tiene las manos “manchadas de sangre” luego de los sucesos de “El Frontón”, “Los Molinos” y otros crímenes? ¿Qué Alberto Fujimori y los suyos son “inocentes” luego del exterminio y el saqueo que consumaron contra el Perú en décadas pasadas? ¿Qué PPK es un Santo Varón, ajeno a turbios manejos financieros a costa del Estado? ¿Tienen ellos autoridad moral para denigrar al Jefe de Estado de un país hermano, cuya realidad desconocen, pero enlodan al dictado del Imperio?

Las matemáticas que usan los Mandatarios de algunos países, son curiosas. 12 resuelven decidir sobre la voluntad de 33. Como para esos 12, el Presidente Maduro no es “bienvenido”, tampoco debe serlo para los 33 que se reunirán en abril. Ya ellos decidieron eso, en nombre de la “democracia”, y su “acuerdo” debe ser acatado por todos, incluso el “acusado”, al que PPK invitó con palabras laudatorias y zalameras , -y hasta melosas- hace apenas unas semanas.

Para ser consecuentes, esos 12 debieran acordar ya que el señor Trump será ungido como el “Visitante Ilustre” en la Cumbre, y que sus instrucciones serán acatadas sin dudas ni murmuraciones; que los 33 deberán arrodillarse a su paso y rendirle los honores y pleitesías que su alta investidura “se merece”. Por añadidura, los 12 habrán de decretar que sus decisiones serán cumplidas por los 33, que estarán, apenas, pintados en la pared.

Y es que a “los 12”, les importa una higa lo que piensen los otros mandatarios, por más que sean Presidentes como ellos, o Jefes de Estado o de Gobierno, por más que tengan también voz en las deliberaciones, y voto en las resoluciones. A los 12, lo que les importa, es la voluntad de los 12. Y es que esa “voluntad” deriva de una orden: la que trajo el Secretario de Estado Yanqui RexTillerson. El fue el trasmisor de las instrucciones de Trump. Los 12, los acatadores de la orden. (fin)

Por Gustavo Espinoza M. (*)

(*) Del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera.

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Eduardo Sosa: Una tonada de amor y trova

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Un café bien fuerte, su Santiago de Cuba natal, la familia y la música son para Eduardo Sosa pasiones para toda una vida; porque la abuela fue su inspiración melódica, Santiago la cuna, el café el recuerdo de las plantaciones que le rodearon una vez y la música, la música es su enamorada eterna. Da la impresión que Sosa tiene un carácter muy serio, inmutable, pero nada más alejado de la esencia del trovador. “Yo sigo siendo un cubano de a pie, jaranero y trato de ser coherente ante todo”.

 

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En guerra permanente. Por Nora Fernández

El 6 de Noviembre se celebró el Día Internacional de la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente por la Guerra y los Conflictos Armados, fue una decisión aprobada por las Naciones Unidas el 2001 que se basó en los efectos que sobre el medio ambiente tienen la guerra y los conflictos armados, generalmente no incluidos en nuestros recuentos de daños de guerra que se limitan al número de víctimas humanas. Sabemos que los conflictos armados incluyen estrategias de guerra como la quema de cosechas, la tala de bosques, el envenenamiento del aire, del agua, del suelo y la destrucción de ciudades y de infraestructura para lograr ventaja militar. Ya los romanos contaminaban los suelos de sus enemigos con sal inutilizándolos para la agricultura y hambreando y debilitando a sus enemigos. La guerra favorece y facilita, además la explotación del medio ambiente al aumentar la necesidad de sobrevivir a cualquier precio.

 

Las Naciones Unidas, en su programa del Medio Ambiente (UNEP en inglés), encontraron que durante los pasados 60 años por lo menos el 40% de los conflictos internos han estado vinculados a la explotación de los recursos naturales de gran valor (madera, diamantes, oro, petróleo) o escasos (el suelo fértil y el agua). Descubrieron, además, que los conflictos relacionados a recursos naturales tienen el doble de probabilidades de repetirse. Por esa razón fue que adoptaron el 2016 una resolución que reconoce el papel que los ecosistemas saludables juegan en la reducción de los conflictos armados. Las Naciones Unidas han reafirmado, por todo esto, su compromiso con la paz y con estrategias en su favor (Transforming our world: the 2030 Agenda for Sustainable Development –Transformando nuestro mundo: Agenda a favor del Desarrollo Sustentable 2030) (1).

 

Pero a pesar de los compromisos por la paz, la guerra se impone como estrategia de expansión. Esfuerzos que documentan los costos humanos y ambientales ayudan a entender que la paz es la única opción, estos esfuerzos son particularmente importantes en tiempos en que una ideología guerrerista se expande y la guerra es aceptada como permanente y se promueve un proyecto globalizador que además genera consenso a favor del uso de armas nucleares en los conflictos armados.

 

La guerra cuestionada

 

Estados Unidos y el resto de occidente favorecen una estrategia de guerra permanente, contra humanos y naturaleza, alimentando un ciclo autodestructivo doloroso y en extremo peligroso porque incluye la creciente aceptación del uso de materiales nucleares. Los materiales nucleares implican al plutonio y uranio empobrecido pero también bombas de capacidad variada, muchas con capacidad atómica muy superior a las de Hiroshima y Nagasaki. Las bombas atómicas que Estados Unidos usó contra Japón tenían entre 15 y 21 kilotones y generaron un hongo nuclear que no alcanzó los 10 mil metros de altura, que no es poca altura, un avión comercial de pasajeros viaja a una altura de 10 a 15 mil metros. Pero la capacidad atómica hoy ha aumentado en cien, mil y más veces, por ejemplo, la bomba atómica norteamericana B83 tiene mil kilotones y un hongo nuclear que llega a los 20 mil metros de altura y la Castle Bravo tiene 15 mil kilotones y un hongo nuclear que alcanza los 30 mil metros de altura pero la bomba atómica rusa “Bomba del Zar” es un gigante, con 50 mil kilotones y un hongo nuclear que alcanza los 40 mil metros de altura. (2)

 

La perspectiva de guerra permanente de la mano con un proyecto globalizador (antaño: imperialista) impone, o trata de imponer, los intereses de un grupo dominante. En sus 500 años de dominio occidente no ha sido ni flexible ni abierto, ni ha tomado responsabilidad sobre sus acciones, siempre los malos han sido otros, los sin Dios, los con otro Dios. Vistos como los “elegidos,” los “civilizados,” hemos impuesto nuestro modelo a los “salvajes.” En América, África o Asia, los “salvajes” han sufrido los esfuerzos civilizatorios occidentales traducidos en opresión, genocidio, esclavitud. La arrogancia occidental entiende al resto como amnésicos que olvidan los males sufridos y agradecen las imposiciones, occidente mira con los ojos del dominador.

 

La globalización se vende como panacea pero es un proyecto injusto, opresivo, esclavizador que contribuye a la explotación de niños, mujeres y hombres y a la destrucción y explotación ecológica. Se impone con un doble discurso (antaño: hipocresía) que dice favorecer la “diversidad” (de género, sexual, racial, étnica) al tiempo que termina con los derechos humanos y los derechos laborales y sociales establecidos. Se trata de explotar más y mejor, no de alcanzar igualdad socio-económica o justicia social. El proyecto alimenta pirámides paralelas a la del hombre blanco adinerado. Pirámides que al tiempo que permiten que unas pocas mujeres, que unos pocos hombres no blancos, alcancen cúspides corporativas, mantienen intactas las estructuras del poder. Se globaliza a favor del ilimitado enriquecimiento de una élite global corrupta, mientras jugosas migajas benefician a sus intermediarios. Es aceptable tener billonarios no blancos, y hasta mujeres billonarias, siempre que el control y el poder queden en manos de los más ricos. La naturaleza de la carrera a la cima se encargará de que los “diferentes” que lleguen no sean demasiados y al fin, llegan ricos, y los ricos no tienen más foco que acrecentar su fortuna y velar por sus intereses.

 

La misma élite que usa el militarismo ha logrado, generalmente, tener a las Naciones Unidas a su servicio y promover desde allí también su agenda. El poder se reinventa imponiendo su nueva-vieja ideología totalitaria a partir de los años 80. Con el fin del período de pos-guerra termina también la primavera de los 60. Es el “adiós” a los hippies, a los izquierdistas, a los críticos. Y el “hola” a la policía militarizada vestida a lo Darth Vader, a las computadoras, celulares y juegos cibernéticos, a los entretenimientos masivos con sueldos millonarios, a los políticos de pacotilla que nos mienten, a los feminismos acomodados y jeans de diseño, tacones altos y uñas y pestañas postizas, a la comida basura que crea obesos, y al crédito, o mejor dicho a la deuda -a muy alto costo para los pagadores de intereses pero gratis para los bancos prestamistas que reciben el dinero al 0%.

 

La guerra como estrategia ha sido cuestionada hasta por los propios militares. Ya en 1933, el Major General Smedley Butler, el soldado más condecorado de los Estados Unidos, la vio como vehículo para el enriquecimiento de unos pocos, su discurso se hizo libro. La guerra es un chantaje, dijo, un fraude, que beneficia a los menos y que pagan, dolorosamente hasta con sus vidas los más. Smedley Butler, que se alistó en los Cuerpos de Marina en 1898, peleó en la Primera Guerra Mundial y predijo que habría una Segunda guerra y que otras guerras la seguirían, porque las guerras son un buen negocio para el círculo interno que las promueve. Smedley Butler entendió que era imposible terminar con la guerra desde Ginebra, hablando. Smedley Butler argumentó que para terminar con la guerra es necesario terminar con el negocio de la guerra, con sus ganancias, permitir que los soldados –quienes tienen que pelear, decidan si debe haber o no guerra, y limitar a las fuerzas militares a la defensa del país, terminar con las acciones extraterritoriales. (3)

 

Estados Unidos y la guerra permanente

 

En Estados Unidos la guerra ha sido cruenta. En la Guerra Civil de 1861-1865 y según el censo anterior a esta (1860) murieron el 8% de todos los varones blancos de entre 13 y 43 años de edad, incluyendo el 6% en el Norte y el 18% en el Sur. Esta guerra destruyó la riqueza del Sur y no menos del 40% de la riqueza del Norte y su efecto económico perduró hasta el siglo 20. No es sino hasta la guerra con Vietnam que en Estados Unidos surge resistencia masiva contra la guerra de conscripción. Pero el concepto de guerra permanente se re-impone con la ofensiva de George Bush (padre) en 1991 contra Irak y con los posteriores golpes de la administración Clinton. El 2003 la administración Bush (hijo) adopta el ataque “preventivo” con aprobación del Congreso aunque no cuenta con la aprobación de las Naciones Unidas y Kofi Anan lo cuestiona describiendo esta política como “un acto ilegal de guerra.” De todas formas la estrategia se impone. Para el 2015, y luego de las invasiones a Irak (2003) y Libia (2011), Barack Obama (presidente desde el 2009) comenta en un discurso en la base de la Fuerza Aérea en Tampa (Florida) que su presidencia es de tiempos de guerra basados en una autorización extendida 15 años atrás por el Congreso. Dice que las “democracias no deben operar en estado de guerra autorizada permanente…no es bueno para nuestros militares…no es bueno para nuestra democracia.” Pero Obama no cambia esto. (4)

 

El presidente entrante, Donald Trump, se estrena en su cargo lanzando MOAB –la madre de todas las bombas, sobre Afganistán. Es una bomba (no nuclear) de 10 toneladas, pintada de color naranja brillante parece una nave. Brian Williams, reportero de MSNBC, comenta por televisión que verla le recuerda las palabras de Leonard Cohen: “ Soy guiado por la belleza de nuestras armas. ” (5) Su comentario arrogante sale al mundo. No es moral olvidar la capacidad destructiva de una bomba y deshumanizar a quienes van a recibir su impacto. Ese año Trump aumenta el presupuesto militar en un 5% y comenta que “la pelea es maravillosa.” Washington y la Prensa navegan en un mar militarista.

 

La huella ecológica del militarismo y de la guerra

 

Naturalmente, se trata también de ignorar la huella ecológica militar que en el caso de los Estados Unidos es enorme dentro y fuera del país. Estados Unidos tiene 4127 instalaciones militares (del total unas 860 fuera del país) que ocupan 7,7 millones de hectáreas. La cabeza del Departamento de Programas Ecológicos del Pentágono, Maureen Sullivan, explicó el 2014 que lidiaba con 39 mil sitios contaminados, con un costo estimado de US $ 27 mil millones. El ex congresista por Michigan, John D. Dingell, quien fue congresista por 60 años y sirvió en la Segunda Guerra Mundial, argumentó con preocupación que prácticamente todos los sitios militares de Estados Unidos están seriamente contaminados. Barry Sanders, prestigioso jefe de investigación nominado dos veces para el Pulitzer, ha dicho que la guerra contra el terror es una guerra contra el planeta. Y el antropólogo norteamericano David Vine, en su libro “Base Nation” (2015), argumenta a favor de suprimir las bases de ultramar, que juegan un papel en la expansión de Estados Unidos y mantienen una perspectiva racista, generan daños ecológicos y accidentes, y cuyo personal ha causado crímenes serios por lo que, no sólo son costosas, sino que perjudican a los Estados Unidos y al mundo. (6)

 

La contaminación ambiental del militarismo es enorme. El departamento de Defensa de los Estados Unidos por si solo produce más basura que las 5 mayores corporaciones químicas de los Estados Unidos, incluyendo uranio empobrecido, petróleo, pesticidas, herbicidas, plomo y radiación producida durante la manufactura, el testeo y el uso de armas. Miles de kilos de micro partículas radioactivas altamente tóxicas, por ejemplo, contaminan el Oriente Medio, Asia Central y los Balcanes. Las minas y bombas de racimo están diseminadas en áreas extensas desde el fin de la guerra. El 2009, 34 años del fin de la guerra de Vietnam, la contaminación por dioxina en Vietnam era 300 o 400 veces mayor que lo normal, resultando en severos defectos de nacimiento y cáncer en la tercera generación de afectados. Irak, un exportador de alimentos, importa hoy el 80 por ciento de sus alimentos debido a que la guerra y las políticas militares desde la guerra causaron desertificación. (4)

 

Abandonando Kuwait el ejército de Irak incendió más de 600 pozos petroleros, entre 5 y 6 millones de barriles de petróleo se volvieron humo junto con 70 a 100 millones de metros cúbicos de gas natural. Las nubes cubrieron casi 26 mil kilómetros cuadrados, bloqueando el sol y matando miles de personas por inhalación del humo agrio. Además 60 millones de barriles de petróleo se filtraron en el suelo envenenando cerca del 40% del agua subterránea, y cerca de 6 millones de barriles se filtraron al mar formando un enorme derrame petrolero que destruyó peces, pájaros y mamíferos locales y terminó con la pesca del camarón. De acuerdo a la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los Estados Unidos cada galón (3,8 litros) de gasolina produce 19 libras (8.6 kg) de CO2, las fuerzas armadas enviaron 400 millones de libras (cerca de 180 millones de kilos) de gases de efecto invernadero a la atmosfera diariamente. (4)

 

Los costos de la guerra “contra el terror” son un terror

 

El Instituto Watson para Asuntos Internacionales y Públicos (Watson Institute for International and Public Affairs) de la Brown University ha completado un detalle estimando los costos humanos de esta guerra, incluyendo a los soldados americanos que mueren directamente bajo el fuego enemigo, a los subcontratistas y los aliados, a sus oponentes y a la población civil muerta directa o indirectamente en ella o por ella. Sus cálculos ascienden a 1. 261.000 personas hasta el 2016, la gran mayoría de ellos son civiles y 14.000 son soldados y contratistas. Los costos financieros no se limitan a los costos humanos, sino que incluyen también los tratamientos a los soldados que regresan a los Estados Unidos y completas papeles para recibir asistencia debido a daños físicos, emocionales o sicológicos, que no siempre se completan de inmediato pero que son inevitables y que para Marzo del 2014 ascendían a 970 mil pedidos formales de asistencia. Además la guerra ha causado millones de personas desplazadas indefinidamente que viven en condiciones muy precarias; el número de refugiados afganos, iraquíes y pakistaníes se calcula en 7.6 millones. Gran parte de los dineros supuestamente destinados a esfuerzos de reconstrucción y ayuda humanitaria se han perdido, robado o han sido usados fraudulentamente en proyectos no sustentables. En Afganistán han desaparecido ecosistemas, fauna y flora, los suelos sufren desertificación, la foresta desaparece, el 85% de las aves migratorias han desaparecido del área. En Irak la infraestructura ha sido devastada, incluyendo los servicios de salud y educación. Las promesas de democracia tampoco se han cumplido, en Afganistán los señores de la guerra controlan el poder y la sociedad continúa segregada en términos de género y etnicidad. (4)

 

El mito de que la guerra es buena para la economía es falso, las guerras destruyen también las economías. De acuerdo a Paul Krugman (Nobel en Economía) la guerra es cara y causa daños económicos serios incluso al ganador. Joseph Stiglitz (Nobel en Economía) está de acuerdo con Krugman y explica que la Segunda Guerra Mundial no sacó al mundo de la gran depresión como se dijo, sabemos que esto es falso y que la paz es mucho mejor para la economía que la guerra. Dean Baker (economista) explica que los modelos económicos muestran que los gastos militares desvían recursos que deberían haber tenido usos productivos y al hacerlo enlentecen el crecimiento económico y reducen el empleo. Joshua Goldstein explica que la guerra termina con la riqueza, deprime la economía, afecta negativamente los mercados, por lo que impide el desarrollo económico y desarma la prosperidad. En tiempos de guerra los precios y las ganancias aumentan pero los salarios y su poder comprador bajan, explicó James Galbraith el 2004 diciendo que “rufianes, especuladores y gente bien conectada se hace rica. La gente trabajadora y los pobres sobreviven como pueden.” Se produce además un deterioro en los ahorros debido en parte a mecanismos invisibles como la inflación impositiva. O sea la guerra es terrible para la mayoría de la gente y solo una bonanza para unos pocos. (4)

 

Los gastos militares del mundo el 2016 fueron de US $1 300 millones, el 2% del PIB mundial. Estados Unidos gastó un poco menos del 50% del gasto total del mundo, US $611 mil millones, lo siguieron Francia, Reino Unido, Alemania e Italia que juntos gastaron US $173 mil millones, China gastó US $215 mil millones. El presupuesto de Obama para el 2017 dedicó el 63% a gastos militares (parte de esta suma bajo gasto discrecional) y el de Trump para el 2018 aumentó los gastos militares en un 5% alcanzando al 68% del total presupuestado. En Canadá los gastos militares también han aumentado a partir de 1999 y para el 2010-2011 se alcanzó el mayor presupuesto militar desde la Segunda Guerra Mundial. Canadá no figura entre los 15 mayores, sus gastos militares fueron de US $15 mil millones, invierte alrededor del 1.2% de su PIB (Producto Interno Bruto) pero como miembro de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) tiene el compromiso de invertir el 2% de su PIB. (4), (7)

 

Justamente porque la guerra es un evento funesto para la humanidad se hace crucial cuestionarla abiertamente como estrategia fallida. La guerra se presenta como última solución, estrategia de último recurso, pero no es solución ni es aceptable. Facilitar la paz es la única solución. Es relevante reflexionar sobre, y tratar de implementar, las recomendaciones que el General Smedley Butler hizo a los Estados Unidos: terminar con el negocio que es la guerra y favorecer políticas defensivas no intervencionistas. Es suicidio aceptar la guerra permanente asociada a un proyecto globalizador que valida el uso de armas nucleares, un acto criminal contra la vida del planeta que puede ser única en el universo todo y sagrada. No es válido rendir homenaje a los millones de víctimas de la guerra en ceremonias que no desafían las perspectivas dominantes sobre la guerra como un inevitable, que no despiertan la conciencia a la acción por la paz. Promover la paz como única solución a los problemas de la humanidad es crucial. Hoy, a los daños de guerra a humanos y a otras especies, se suman los daños al medio ambiente y el despilfarro de recursos naturales esenciales para la supervivencia de la humanidad. Es prioritario decir no a la guerra y al militarismo y terminar con la glorificación de la muerte para beneficio del poder.

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