La Farsa de San Isidro

Por Gustavo Espinoza M.

Es cuestión de una letra. Le llaman “Movimiento” de San Isidoro (MSI) , cuando realmente debiera llamarse Farsa de San Isidro (FSI), porque eso es –o ha sido- el “colectivo” contra revolucionario que asomó recientemente en La Habana, expresando la desesperación de los grupos terroristas de Miami soliviantados por la derrota electoral de Donald Trump; y empeñados en mantener, a como dé lugar, los subsidios norteamericanos enfilados contra Cuba.

El juego, responde a una larga data. Hace más de sesenta años, en efecto, comenzó la actividad contra revolucionaria en Cuba, y se mimetizó con el accionar de grupos terroristas que buscaron dañar la propiedad social y matar trabajadores. Fue ese -hay que recordarlo- el acto ocurrido en los establecimientos comerciales El Encanto, donde una muchacha de casi veinte año –Fe del Valle–  murió quemada después que se lanzara contra ella,  bombas incendiarias.

Y siguió muchas veces después, expresándose también en petardos de dinamita colocados en distintos lugares de las principales ciudades de Cuba; y en la muerte de adolescentes que voluntariamente se habían sumado a la Campaña Nacional de Alfabetización,  preparada por el gobierno de Cuba. Conrado Benítez fue el símbolo de aquellos años de fuego, y su nombre quedó como el símbolo de esas heroicas jornadas..

Todo ello –desde un inicio-  fue monitoreado y financiado por altos funcionarios de la Embajada de los Estados Unidos en La Habana. Y no cesó nunca. Ni siquiera, cuando se rompieron –por iniciativa de Washington- las relaciones diplomáticas entre ambos países.

Para la Casa Blanca y los servicios secretos de los Estados Unidos, jamás fue un impedimento la ausencia vínculos formales. Siempre hubo la posibilidad, y el nexo con acciones siniestras que no solamente no han desaparecido, sino que se han renovado como en los peores tiempos de la “guerra fría”.

Para nadie es un secreto que la Administración Trump  se mantuvo en la misma línea que otros gobiernos estadounidenses en su política frente a Cuba. Solo que esta vez, la administración yanqui actuó con palabras más duras, amenazas más altas y acciones más crueles y burdas. Las maquinaciones referidas al uso de los engranajes del bloqueo, lo confirman.

En el mundo las bandas sediciosas se sintieron alentadas por las bravuconadas de Donald Trump, e incubaron la ilusión que “está vez”  sí  sería posible acabar, finalmente,  con el régimen socialista de Cuba.

Las amenazas contra la Venezuela Bolivariana y la Nicaragua Sandinista, así como las acciones golpistas en Paraguay, Brasil y más recientemente Bolivia; les hicieron soñar con lo imposible. Por lo demás, como esos sueños llegaban financiados con una partida de 40 millones de dólares anuales que la administración USA dispone para tales efectos; la cosa les pareció posible.

Pero como todo tiene su final, el mandato del saurio de la Casa Blanca llegó a su fin. Y con él, habrá de acabar la cantaleta aquella de “derribar a la dictadura de los Castro”, que tanto encandiló a algunas gentes. Estados Unidos tendrá que vivir sus propias experiencias y darse cuenta que el lenguaje de la guerra, no sirve en nuestro tiempo.

Mientras esto ocurre, sin embargo, arrecia la campaña por desacreditar y agredir a la Patria de Martí. En el juego,  están alfiles que operan dentro y fuera de Cuba, pero que responden a un mismo propósito: acabar con la Revolución Cubana porque creen que así aplastarán definitivamente las demandas liberadoras de los pueblos de América Latina. Craso error. Ni Cuba será vencida, ni los pobladores de nuestro continente se habrán de doblegar para solaz del Imperio.

En las últimas semanas ha “crecido” la campaña contra Cuba. Pero no ha sumado voluntades, ni adhesiones. Lo que ha hecho, es crecer en acciones corrosivas, orientadas a desestabilizar a un país que se bate heroicamente desde hace más de sesenta años luchando contra un bloqueo criminal, el más abyecto y pérfido que jamás haya podido conocer la historia humana. 

Como parte de la campaña, y en función de este así llamado Colectivo de San Isidro, se han conseguido un par de “raperos” que usan ese arte para denigrar a Cuba.  Pero ellos, adicionalmente, y mostrando sus concepciones anti cubanas, han hecho públicas obscenidades: han defecado envueltos en una bandera cubana, y se han masturbado con ella, como un modo de demostrar –lo han dicho- que “Trump es su Presidente”. Ha sido esa la conducta de Denis Solís y Luis Manuel Otero, dos antisociales que actúan financiados y que se han convertido -fuera de Cuba, por supuesto- en una suerte de “héroes” de una desgreñada, e inexistente,  “resistencia”.

¿Algunos han caído en el señuelo así tendido? Quizá. Y por eso Elpidio Alonso, Vice Ministro de Cultura, se reunió con ellos para dialogar en torno al tema. Esa voluntad, no obstante, se estancó cuando las autoridades cubanas dijeron –con toda la razón del mundo- que no se reunirían “con personas que tenían contacto directo y recibían financiamiento y apoyo logístico del gobierno de los Estados Unidos”. Obviamente, ya no tuvieron con quien dialogar.

Como el pasado 10 de diciembre se celebró en el mundo el Día Internacional de los Derechos Humanos,  la consigna procedente de Miami fue muy simple: Hacer “plantones” ante las embajadas de Cuba en distintos países para “hacer sentir” el apoyo a los participantes en esta farsa de San Isidro. Y así ocurrió en algunas ciudades, como Madrid o Barcelona, sin que el común de las gentes lo percibiera.

Ni importaba eso. Para subsanar la ausencia de multitudes y de firmeza en torno al tema, bien podría estar los escribientes de turno que, en uno u otro confín, podrían aludir a la materia y echar un poco de lodo sobre Cuba, como echaron sangre el año pasado, sobre algunos de los miles de bustos de Martí ubicados en todas las ciudades de la isla.

En consonancia con esa voluntad, Ricardo Uceda –un conocido desertor del Partido Comunista,  convertido en “El Informante” del diario La República y representante de IPyS –“Instituto Peruano de Prensa y Sociedad”- , salió el pasado martes 8 a “abordar” el tema “San Isidro” como un modo de corroborar su lamentable condición de balsero.

Ocultó por cierto -siempre lo hace- el de receptor de dineros de Odebrecht. Y también su no menos deshonrosa defensa del “Grupo Colina” al que blindó en torno al asesinato de Pedro Huilca como un modo también de encubrir su odio visceral por esta preclara figura de movimiento obrero peruano, a la que denigró en vida.

No necesita, ciertamente Ricardo Uceda desmentidos puntuales. Ya la vida lo puso en su lugar. Allí, podrá tener dinero y tribuna; pero no decoro, para hablar de Cuba y de su historia (fin).

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