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La Farsa de San Isidro

Por Gustavo Espinoza M.

Es cuestión de una letra. Le llaman “Movimiento” de San Isidoro (MSI) , cuando realmente debiera llamarse Farsa de San Isidro (FSI), porque eso es –o ha sido- el “colectivo” contra revolucionario que asomó recientemente en La Habana, expresando la desesperación de los grupos terroristas de Miami soliviantados por la derrota electoral de Donald Trump; y empeñados en mantener, a como dé lugar, los subsidios norteamericanos enfilados contra Cuba.

El juego, responde a una larga data. Hace más de sesenta años, en efecto, comenzó la actividad contra revolucionaria en Cuba, y se mimetizó con el accionar de grupos terroristas que buscaron dañar la propiedad social y matar trabajadores. Fue ese -hay que recordarlo- el acto ocurrido en los establecimientos comerciales El Encanto, donde una muchacha de casi veinte año –Fe del Valle–  murió quemada después que se lanzara contra ella,  bombas incendiarias.

Y siguió muchas veces después, expresándose también en petardos de dinamita colocados en distintos lugares de las principales ciudades de Cuba; y en la muerte de adolescentes que voluntariamente se habían sumado a la Campaña Nacional de Alfabetización,  preparada por el gobierno de Cuba. Conrado Benítez fue el símbolo de aquellos años de fuego, y su nombre quedó como el símbolo de esas heroicas jornadas..

Todo ello –desde un inicio-  fue monitoreado y financiado por altos funcionarios de la Embajada de los Estados Unidos en La Habana. Y no cesó nunca. Ni siquiera, cuando se rompieron –por iniciativa de Washington- las relaciones diplomáticas entre ambos países.

Para la Casa Blanca y los servicios secretos de los Estados Unidos, jamás fue un impedimento la ausencia vínculos formales. Siempre hubo la posibilidad, y el nexo con acciones siniestras que no solamente no han desaparecido, sino que se han renovado como en los peores tiempos de la “guerra fría”.

Para nadie es un secreto que la Administración Trump  se mantuvo en la misma línea que otros gobiernos estadounidenses en su política frente a Cuba. Solo que esta vez, la administración yanqui actuó con palabras más duras, amenazas más altas y acciones más crueles y burdas. Las maquinaciones referidas al uso de los engranajes del bloqueo, lo confirman.

En el mundo las bandas sediciosas se sintieron alentadas por las bravuconadas de Donald Trump, e incubaron la ilusión que “está vez”  sí  sería posible acabar, finalmente,  con el régimen socialista de Cuba.

Las amenazas contra la Venezuela Bolivariana y la Nicaragua Sandinista, así como las acciones golpistas en Paraguay, Brasil y más recientemente Bolivia; les hicieron soñar con lo imposible. Por lo demás, como esos sueños llegaban financiados con una partida de 40 millones de dólares anuales que la administración USA dispone para tales efectos; la cosa les pareció posible.

Pero como todo tiene su final, el mandato del saurio de la Casa Blanca llegó a su fin. Y con él, habrá de acabar la cantaleta aquella de “derribar a la dictadura de los Castro”, que tanto encandiló a algunas gentes. Estados Unidos tendrá que vivir sus propias experiencias y darse cuenta que el lenguaje de la guerra, no sirve en nuestro tiempo.

Mientras esto ocurre, sin embargo, arrecia la campaña por desacreditar y agredir a la Patria de Martí. En el juego,  están alfiles que operan dentro y fuera de Cuba, pero que responden a un mismo propósito: acabar con la Revolución Cubana porque creen que así aplastarán definitivamente las demandas liberadoras de los pueblos de América Latina. Craso error. Ni Cuba será vencida, ni los pobladores de nuestro continente se habrán de doblegar para solaz del Imperio.

En las últimas semanas ha “crecido” la campaña contra Cuba. Pero no ha sumado voluntades, ni adhesiones. Lo que ha hecho, es crecer en acciones corrosivas, orientadas a desestabilizar a un país que se bate heroicamente desde hace más de sesenta años luchando contra un bloqueo criminal, el más abyecto y pérfido que jamás haya podido conocer la historia humana. 

Como parte de la campaña, y en función de este así llamado Colectivo de San Isidro, se han conseguido un par de “raperos” que usan ese arte para denigrar a Cuba.  Pero ellos, adicionalmente, y mostrando sus concepciones anti cubanas, han hecho públicas obscenidades: han defecado envueltos en una bandera cubana, y se han masturbado con ella, como un modo de demostrar –lo han dicho- que “Trump es su Presidente”. Ha sido esa la conducta de Denis Solís y Luis Manuel Otero, dos antisociales que actúan financiados y que se han convertido -fuera de Cuba, por supuesto- en una suerte de “héroes” de una desgreñada, e inexistente,  “resistencia”.

¿Algunos han caído en el señuelo así tendido? Quizá. Y por eso Elpidio Alonso, Vice Ministro de Cultura, se reunió con ellos para dialogar en torno al tema. Esa voluntad, no obstante, se estancó cuando las autoridades cubanas dijeron –con toda la razón del mundo- que no se reunirían “con personas que tenían contacto directo y recibían financiamiento y apoyo logístico del gobierno de los Estados Unidos”. Obviamente, ya no tuvieron con quien dialogar.

Como el pasado 10 de diciembre se celebró en el mundo el Día Internacional de los Derechos Humanos,  la consigna procedente de Miami fue muy simple: Hacer “plantones” ante las embajadas de Cuba en distintos países para “hacer sentir” el apoyo a los participantes en esta farsa de San Isidro. Y así ocurrió en algunas ciudades, como Madrid o Barcelona, sin que el común de las gentes lo percibiera.

Ni importaba eso. Para subsanar la ausencia de multitudes y de firmeza en torno al tema, bien podría estar los escribientes de turno que, en uno u otro confín, podrían aludir a la materia y echar un poco de lodo sobre Cuba, como echaron sangre el año pasado, sobre algunos de los miles de bustos de Martí ubicados en todas las ciudades de la isla.

En consonancia con esa voluntad, Ricardo Uceda –un conocido desertor del Partido Comunista,  convertido en “El Informante” del diario La República y representante de IPyS –“Instituto Peruano de Prensa y Sociedad”- , salió el pasado martes 8 a “abordar” el tema “San Isidro” como un modo de corroborar su lamentable condición de balsero.

Ocultó por cierto -siempre lo hace- el de receptor de dineros de Odebrecht. Y también su no menos deshonrosa defensa del “Grupo Colina” al que blindó en torno al asesinato de Pedro Huilca como un modo también de encubrir su odio visceral por esta preclara figura de movimiento obrero peruano, a la que denigró en vida.

No necesita, ciertamente Ricardo Uceda desmentidos puntuales. Ya la vida lo puso en su lugar. Allí, podrá tener dinero y tribuna; pero no decoro, para hablar de Cuba y de su historia (fin).

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Diego de todos nosotros

Por Emir Sader

“La muerte es inaceptable”, me dijo una vez Julio Cortázar, en un viaje de Cuba a Nicaragua. La muerte de alguien como Diego, entonces, es mucho más que eso. Nadie la quiere aceptar.

Aunque supiéramos que él estuvo muy cerca de ella, tantas veces, incluso esta última. Es que llevamos a Diego dentro de nosotros, en el corazón, en el alma.

Nadie tuvo la intimidad con la pelota como él. Cuando la tocaba, oíamos todos los mejores sonidos de las mejores músicas. Era un Dios, pero era también un músico, un artista, un hombre del mundo.

Era argentino como el que más, pero latinoamericano como el que más. Cuando hizo aquel gol divino contra Inglaterra, todos nosotros lo elevamos, para que pudiera llegar a la pelota. Diego era nosotros, sigue siendo nosotros.

El futbol nunca fue el mismo, sin Diego jugando, bailarín, controlando la pelota con la cabeza, lanzando, recibiendo la pelota en el pecho.

Para los brasileños, amantes treslocados del fútbol, hay el más grande respeto por Diego. Recibe todos los homenajes, antes de todo de su amigo Lula, quien dijo: “gigante del fútbol y de todo el mundo”.

Diego no se va, porque está adentro de todos los que amamos el fútbol, de todos los que amamos a la Argentina, de todos los que amamos a Latinoamérica, de todos los que amamos a la vida.

Gracias, Dieguito.

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La hora de la nueva izquierda chilena

Por Emir Sader

Consolidado el golpe de 1973, los partidos de oposición, que habían colaborado con el golpe, buscaron a Pinochet, creyendo que les tocaba a ellos. Pinochet fue inflexible y les dijo que su generación ya no vería elecciones en Chile y que los registros electorales acababan de quemarse. Para tratar de formalizar esta visión, la dictadura impuso una nueva constitución en Chile, en pleno estado de sitio, en 1980.

Esta constitución fue reformada varias veces – 33 veces -, pero se mantuvo viva, principalmente las normas neoliberales vinculadas a las privatizaciones, consistentes en el mantenimiento del modelo neoliberal, incluso después del fin de la dictadura. Es esta constitución la que ahora está llegando a su fin, con la decisión mayoritaria de los chilenos en el referéndum convocado luego de un año de las mayores movilizaciones populares que había conocido Chile.

Esas grandes movilizaciones han empezado en octubre del 2021. En noviembre se firmó un documento que proponía la convocación de la Asamblea Constituyente, proceso en el cual el Frente Amplio, principal fuerza de la nueva izquierda, tuvo rol fundamental. La nueva  izquierda se caracteriza por la crítica del carácter conservador que tuvo la transición de la dictadura a la democracia, marcado por herencias del régimen de Pinochet, por los rasgos sobrevivientes de la constitución y por la mantención por la Convergencia – alianza entre el Partido Socialista y la Democracia Cristiana – del modelo económico neoliberal.

La propuesta encontró resistencias, no solamente de la derecha, sino también de movimientos sociales, mientras que el Frente Amplio – una congregación de varias organizaciones de izquierda – tuvo un rol fundamental en la iniciativa. El Frente Amplio es presidido por la periodista Beatriz Sánchez, que fue candidata a la presidencia de Chile en las elecciones del 2017 y tuvo más del 20% de votos, casi llegando a la segunda vuelta. Ella se proyectó así como la principal dirigente de la izquierda chilena.

Beatriz lideraba ya las encuestas, al lado de Daniel Jadue, alcalde comunista de Recoleta, antes del referendo. Beatriz lo ha visitado en la misma noche del referendo, en la sede del Partido Comunista, para reafirmar la unidad entre ellos, La decisión se dará entre los dos en una primaria, para enfrentar, en noviembre del 2021, a Joaquín Lavín, tradicional dirigente de la derecha, alcalde de Las Condes, barrios rico de Santiago, que aparece claramente como la alternativa conservadora.

El Frente Amplio emerge así, del referendo, con amplio espacio para consolidar su fuerza, especialmente por la convocatoria de una Asamblea Constituyente exclusiva, elegida en abril por el voto popular. Es la posibilidad concreta de renovación radical de la vida política chilena, con la elección de una nueva generación de representantes políticos, aun mas porque la mitad de la Asamblea será de mujeres – un fenómeno único en el mundo. El referendo cambia mucho el escenario político chileno, profundizando la crisis de los partidos tradicionales, tanto los de derecha, como los de la Convergencia, abriendo espacio para una renovación radical. La democratización del sistema político hará con que Chile entre en un hora extremamente favorable a la nueva izquierda.

Una movilización que ha empezado por la reivindicación en contra del aumento de las tarifas del metro, se ha extendido a otras reivindicaciones, de carácter salarial y de empleo, hasta que desembocó en la propuesta política de la Asamblea Constituyente, propuesta hacía tiempo por la nueva izquierda, en medio de las más grandes movilizaciones populares que Chile ha conocido, que se han extendido por todo el país. Esa nueva Asamblea elaborará una nueva constitución en el plazo de un año, en el marco de la continuidad de las movilizaciones y teniendo una elección presidencial durante ese año. Saldrá un nuevo Chile, al final de todo ese proceso, en que la nueva izquierda ha conquistado una posibilidad fundamental de concretar las propuestas que tiene para Chile.

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Las ultraderechas del tío Sam

Por Daniel Espinosa

La democracia vuelve a Bolivia después de un año de usurpación, sabotaje y masacres impunes. Por su parte, la gobernante de facto, Jeanine Áñez –biblia en mano–, vuelve al anonimato de las rancias ultraderechas latinoamericanas, ese lastre por el que nadie vota ni simpatiza, pero que, de vez en cuando, igual gobierna.

La buena noticia del fin de este régimen golpista –que la OEA catapultó al gobierno acusando un fraude inexistente– nos invita a recordar cómo opera sobre nuestra región la potencia del Norte, una realidad sistemáticamente ocultada por sus agentes en la Sociedad Interamericana de Prensa.

Y es que poco cambió con el fin de la Guerra Fría: el gran enemigo de EE.UU. no era el comunismo soviético sino nuestra propia soberanía, nuestro derecho a elegir un camino de desarrollo de manera autónoma e independiente. Es por eso que este primer quinto del siglo XXI, para Latinoamérica, llegó con renovados golpes de Estado y mucho “lawfare” –el uso político del aparato judicial en contra de un candidato o partido–, la especialidad del tremendo juez Sergio Moro y el as bajo la manga de Jair Bolsonaro.

Terrorismo desde una sede diplomática

“Hay varios factores que podrían inducir al gobierno (boliviano) a asociarnos con los alegados grupos extremistas de Santa Cruz” –confesaba un cable confidencial de la embajada de Estados Unidos en Bolivia, escrito en 2009 y hecho público posteriormente por WikiLeaks–, “…la petición de asilo del presunto terrorista Hugo Achá y su esposa, la asistencia de USAID a una organización boliviana sospechosa de financiar una célula terrorista en Santa Cruz y el rol implícito (del gobierno estadounidense), basado en la aserción de que el líder de (la) célula organizó mítines y tenía contactos en Washington D.C.”.

El periodista Matt Kennard confirmó la veracidad de los hechos referidos arriba en un artículo de 2013 para OpenDemocracy.net. Su investigación, sin embargo, había sido realizada originalmente para el diario Financial Times (FT), que, llegado el momento, se negó a publicarla. Los editores de este medio londinense erraron en sus cálculos: en lugar de uno de sus propagandistas sin escrúpulos, enviaron a Bolivia a un periodista.

El correo confidencial citado arriba advertía a la Casa Blanca sobre un incidente controversial y de posibles consecuencias internacionales: el 16 de abril de 2009, un comando de élite de la policía boliviana había allanado un hotel en la provincia boliviana de Santa Cruz, matando a tres individuos y capturando a otros dos. Entre los muertos se encontraba un exguardia de seguridad irlandés, un ciudadano rumano-húngaro y, finalmente, un boliviano-húngaro llamado Eduardo Rozsa-Flores, líder del grupo.

Los dos sobrevivientes eran también de nacionalidad húngara y, hasta el día de hoy, residen en una cárcel de alta seguridad en La Paz. Luego de interrogarlos, el gobierno de Evo Morales informó sobre sus objetivos: llevar a cabo un programa de “guerra y violencia en el país, (incluyendo) un atentado contra el presidente Morales y su gabinete en el Lago Titicaca”.

El quinteto dirigido por Rozsa-Flores estaba armado hasta los dientes y ya venía siendo seguido por el comando de la policía, que se decidió a apresarlos un día después de que una bomba explotara en la casa del entonces arzobispo de Santa Cruz, Julio Terrazas, sin ocasionar víctimas.

Inmediatamente después del allanamiento, tiroteo, muertes y consiguientes arrestos, el gobierno boliviano creó un comité investigador encabezado por César Navarro, entonces viceministro de coordinación con movimientos sociales. En la computadora portátil de Rozsa-Flores, Navarro encontró correspondencia entre el muerto y otro húngaro notorio: el exmilitar Istvan Belovai. En 1985, Belovai, entonces teniente coronel del ejército húngaro, fue arrestado mientras se dirigía a un punto de encuentro designado para él por la CIA, para la que trabajaba en secreto en contra de su gobierno. Acusado de traición, el militar fue condenado a cadena perpetua solo para ser liberado unos años después, con la caída del régimen soviético y su satélite húngaro.

“Nunca fui un traidor”, explicaría Belovai, “fui el primer soldado húngaro de la OTAN”.

“Él era el cerebro detrás”, le reveló Navarro a Kennard, quien lo entrevistó en La Paz. De acuerdo con el boliviano, en los correos encontrados en la portátil de Rozsa-Flores, Belovai le preguntaba sobre potenciales rutas de escape desde el hotel posteriormente allanado, así como sobre otras cuestiones logísticas.

La investigación de Navarro también pudo revelar que la bomba estallada el día anterior al allanamiento, en casa del arzobispo de Santa Cruz, había sido plantada por el húngaro-boliviano y sus secuaces. Su próximo golpe consistiría en plantar otro explosivo en la residencia de Rubén Costas, gobernador de la misma ciudad y opositor a Morales, a quien Rozsa-Flores había dado aviso previo del ataque. Se haría ver como producido por simpatizantes del MAS, el partido que acaba de regresar al poder.

El terrorista húngaro-boliviano también fue vinculado al millonario Branko Marinkovic, oligarca boliviano de raíces croatas y expresidente del Comité Cívico de Santa Cruz (una suerte de pequeña CONFIEP). Su mano derecha, Juan Kudelka, le dijo a la fiscalía boliviana, en marzo de 2010, que Marinkovic lo había mandado a entregarle sobres de dinero a Rozsa-Flores. Tres años antes, en 2007, el New York Times había informado sobre una investigación realizada por periodistas croatas, quienes indagaban en alegatos de que Marinkovic estaría “reclutando una fuerza paramilitar con mercenarios de Montenegro, donde nació su madre”.

Kudelka, mano derecha de Marinkovic, debió coordinar con Hugo Achá –mencionado bajo el anterior subtítulo–, entonces esposo de una congresista boliviana de oposición quien, de acuerdo con recibos de tarjetas de crédito obtenidos por sus acusadores en la fiscalía boliviana, pagó los pasajes aéreos de Rozsa-Flores y sus sicarios. La asociación de Achá con la célula terrorista también se ve confirmada en los cables de la embajada revelados por WikiLeaks.

Achá, a salvo de la justicia boliviana gracias a un asilo otorgado por Estados Unidos –al igual que Marinkovic–, es el fundador de la sucursal boliviana de “Human Rights Foundation”, una oenegé neoyorquina usada como fachada por intereses de derecha para atacar a gobiernos de izquierda en Latinoamérica. En 2010, su creador, Thor Halverssen, hijo de un conocido empresario venezolano, le dijo a The Economist que, rompiendo con el rol tradicional de las oenegés, la suya se enfocaría “sobre todo, en los pecados de los regímenes de izquierda latinoamericanos”.

De acuerdo con Michael Bassett, veterano del ejército estadounidense que sirvió en la zona desmilitarizada entre las dos Coreas, Human Rights Foundation es un “contratista” del gobierno de su país dedicado a la “guerra de la información” (“Modern warfare Korea: the weaponization of human rights”, Fairobserver.com, 11/09/15).

Sin el “tío” no hay nada

Kennard también menciona que el tal Hugo Achá, opositor a Morales y fundador del anexo boliviano de HRF, “contratista” del gobierno estadounidense, también llevó cursos en 2008 en el “Center for Hemispheric Defense Studies” (CHDS), institución subordinada al Departamento de Defensa de Estados Unidos con sede en Washington, D.C.

Esta “escuelita” está íntimamente relacionada con la bastante más conspicua “School of the Americas”, el alma mater de varios dictadores latinoamericanos y decenas de sus torturadores. Ambas instituciones “educativas” han compartido directores y ambas tienen sus miras puestas en Latinoamérica, el patio trasero. Una de las misiones del CHDS es formar “vínculos duraderos” con líderes de opinión, políticos, académicos, personajes influyentes y (naturalmente) militares latinoamericanos. Entre sus exalumnos y becarios encontramos incluso a fantoches como el joven Agustín Laje, “influencer” de redes sociales de tendencia conservadora, muy popular entre los adolescentes de habla hispana ajenos a la lectura.

En años recientes, los principios rectores del CHDS han sido puestos en tela de juicio. Entre sus profesores se encontró a militares latinoamericanos con historial de crímenes de lesa humanidad, como el colombiano Carlos Alberto Ospina Ovalle, involucrado en la masacre paramilitar de El Aro, ocurrida en 1997. No es el único asesino con cátedra, pues entre sus colegas encontramos también al chileno Jaime García Covarrubias, acusado formalmente en 2013 por el asesinato y desaparición de siete prisioneros políticos en 1973, luego del golpe contra Allende (Publicintegrity.org, 11/03/15).

Los “profes” Ospina y García son, al mismo tiempo, exalumnos de la “School of the Americas”, que hace unos años cambió de nombre intentando sacudirse de sus crímenes y bien ganado desprestigio.

Finalmente, el CHDS también fue asociado –cómo no– con el bastante más reciente golpe de Estado contra el hondureño Manuel Zelaya. Así lo reveló un “whistleblower” (delator) de la misma institución, Martin Edwin Andersen, quien señaló que un decano del centro de estudios militar, el General John Thompson, arregló reuniones entre ciertos congresistas del Partido Republicano y dos coroneles hondureños, específicamente para discutir su apoyo al golpe de julio de 2009.

Andersen contó que, luego del golpe, en el “Center for Hemispheric Defense Studies”, sus superiores le ordenaban abandonar las reuniones cuando el tema de conversación cambiaba a “formas de encubrir el apoyo del equipo al derrocamiento ilegal de un gobierno (democráticamente) elegido”.

¿Cuántos peruanos habrán pasado por esta tramposa institución?

-Publicado en Hildebrandt en sus trece (Perú) el 23 de octubre de 2020

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Inspiradora contribución de Venezuela al mundo

Por Arnold August

La fundación del Instituto Simón Bolívar para la Paz y la Solidaridad entre los Pueblos este pasado 6 de septiembre de 2020 marca un nuevo hito político. En las circunstancias más difíciles, teniendo que enfrentar no solo a las sanciones de Estados Unidos y Canadá, sino también a la pandemia del COVID-19, la Revolución Bolivariana ha hecho este esfuerzo en beneficio de todos los que creen en sus ideales de libertad en todo el planeta. El objetivo del instituto es coordinar la solidaridad global con la Revolución Bolivariana y el pueblo venezolano, y la solidaridad de la nación sudamericana hacia las luchas por la justicia social y económica de los pueblos de todo el mundo. También desarrollará investigación, capacitación y promoverá la discusión crítica.

La organización también responde a la crisis actual y urgente que enfrenta el planeta. El primer párrafo del comunicado del Instituto Simón Bolívar dice:

“La pandemia de la COVID-19 ha demostrado que el modelo de sociedad capitalista sustentado en valores individualistas y que tiene como meta única la acumulación de riquezas, no es capaz de defender a la humanidad, garantizar derechos fundamentales ni resguardar la vida en el planeta. Ante este fracaso, el modelo utiliza la violencia para mantener su hegemonía, arremete contra la clase trabajadora que busca construir un modelo alternativo e intenta apropiarse de los recursos naturales de los pueblos”.

A los espectadores de todo el mundo que asistieron virtualmente a la ceremonia en Caracas se les demostró que otro mundo es posible, con la presencia de más de 100 invitados especiales, entre los que se encontraban líderes sociales, ex presidentes y activistas de numerosos países, entre ellos el prestigioso músico Roger Waters. 

Uno de los primeros en hablar fue Fernando González Llort , presidente del Instituto Cubano de Amistad de los Pueblos (ICAP). El pueblo cubano ha sido víctima en los últimos años de una intensificación del criminal embargo estadounidense. Sin embargo, González Llort se centró en la solidaridad internacional entre los pueblos y no en el sistema bipartidista estadounidense.

Otros participantes incluyeron a Evo Morales y Rafael Correa, quienes han enfrentado una difícil situación producto del reciente golpe en Bolivia y la corrupción judicial en Ecuador. Ambos ex presidentes se ven afectados por decisiones judiciales basadas en motivaciones políticas para evitar que compitan en las elecciones de sus países. También hubo muchos otros invitados, incluida la activista colombiana Laura Capote, en representación de Marcha Patriótica , cuyos compañeros líderes sociales están siendo asesinados en números cada vez mayores. De hecho, en una de las primeras declaraciones públicas del Instituto Simón Bolívar para la Paz y la Solidaridad entre los Pueblos, la organización expresó su condena por 10 asesinatos recientes en Colombia perpetrados por policías. El Instituto también denunció los asesinatos de más de 600 líderes sociales e indígenas en los últimos 2 años y el homicidio de doscientos ex guerrilleros desmovilizados, amparados por el Acuerdo de Paz de 2016.

Una charla inspiradora

A medida que avanzaban las ponencias de los invitados y mientras reflexionaba sobre un contenido que florecía con fuerza por fuera del sofocante paradigma político dominante de los Estados Unidos, habló una de las representantes estadounidenses, la académica Adrienne Pine. Hizo hincapié en la importancia de mantener el foco en la necesidad de desarrollar el movimiento revolucionario contra la noción ideológica venenosa de solo reformar un sistema ya en decadencia. Inmediatamente comenté en Twitter sus inspiradoras palabras: “El problema del fascismo no es votar por uno u otro partido: la solución es la revolución”.

Los anfitriones hablaron en términos similares, sin dejar margen de maniobra para depositar esperanzas de transformación y de humanización de parte del duopolio estadounidense que ha aplicado duras e ilegales sanciones que perjudican principalmente al pueblo venezolano.

También tuvimos el honor de estar conectados virtualmente con el presidente Nicolás Maduro cuyo mensaje fue dirigido a todos nosotros, representantes de los pueblos del mundo, cuando dijo:

“Pido el apoyo de los movimientos solidarios, de los amigos de Venezuela para ir a llevar la verdad del país por el mundo, y con la verdad de Venezuela ganar la Paz, la Soberanía, la Independencia y el respeto a nuestro pueblo”.

El ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Arreaza, destacó que esta iniciativa fue creada para coordinar la solidaridad con la Revolución Bolivariana, pero también la solidaridad de Venezuela y las Américas con todas las revoluciones y causas justas del mundo . En un artículo de opinión reciente publicado por COHA , puso fin a cualquier ilusión sobre las elecciones de noviembre de 2020 en EE. UU. cuando está claro que los demócratas están atacando a Trump desde la derecha. “A Trump le iría mejor si siguiera su instinto inicial de dialogar con el presidente Maduro. Un diálogo respetuoso con Venezuela está más en línea con los intereses del electorado estadounidense ”, expresó.

 Durante su discurso inaugural, el ministro Arreaza también dijo que “este Instituto es de ustedes, es de los pueblos del mundo, queremos que lo utilicen como propio, para la solidaridad, la lucha de los pueblos del mundo necesitan solidaridad (…) Desde Venezuela nos solidarizamos con todas esas luchas, con Julian Assange y su prisión más que injusta, con el pueblo palestino, saharahui, con todos los que son oprimidos, sometidos a guerras injustas, y al imperialismo”.

Muchos de nosotros del Occidente capitalista, como los del Sur, nos sentimos como en casa en Venezuela. La solidaridad no es una calle de un solo sentido. La solidaridad es más bien un apoyo mutuo sobre la misma causa de oponerse al capitalismo, la ramificación del racismo, la hegemonía unipolar del imperialismo y sus guerras genocidas. Todos estamos en pie de igualdad por la misma causa por un mundo multipolar, por la soberanía de los pueblos, la paz y un nuevo sistema socioeconómico.

Carlos Ron, viceministro para América del Norte del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela, es el primer presidente del Instituto Simón Bolívar.  Nos dijo en la ceremonia de lanzamiento: “Amigas y amigos, sepan ustedes que tienen un pueblo que sabe de sus luchas, que las reconocen y las comparten”.

De hecho, nosotros en Canadá, como nuestros hermanos y hermanas en los Estados Unidos, experimentamos la profunda sinceridad de las declaraciones de Carlos Ron. Compartimos dos eventos solo en 2020. En primer lugar, saboreamos la derrota de la candidatura del gobierno de Trudeau por un puesto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (y estoy convencido de que una de las razones de esta victoria contra la opción de Trudeau fue la política del gobierno canadiense hacia Venezuela). En segundo lugar, el Instituto Canadiense de Política Exterior, con la colaboración de muchos otros, realizó una conferencia virtual con Jorge Arreaza organizada desde Canadá, que fue vista por miles. Arreaza emitió una crítica política diplomática pero mordaz a la interferencia de Trudeau en Venezuela a través de su liderazgo en el Grupo de Lima.  

La puesta en marcha del Instituto Simón Bolívar coincidió con el aniversario de la Carta de Bolívar desde Jamaica del 6 de septiembre de 1885, en la que reafirmó y profundizó la mirada y los objetivos del movimiento independentista contra España. Tomando un párrafo de muestra de esta carta histórica, podemos apreciar plenamente la permanente relevancia del legado de Bolívar, simplemente reemplazando a España con los EE. UU.

“Al presente sucede lo contrario: la muerte, el deshonor, cuanto es nocivo nos amenaza y tememos, todo lo sufrimos de esa desnaturalizada Madrastra.  El velo se ha rasgado: ya hemos visto la luz, y se nos quiere volver a las tinieblas; se han roto las cadenas; ya hemos sido libres; y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos . Por lo tanto, la América combate con despecho; y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras sí a la victoria”.

El Instituto está empuñando la espada de Bolívar para abrirse inmediatamente un espacio en las cibercomunicaciones. Su cuenta de Twitter saltó de cero a más de 3.400 seguidores el 15 de septiembre con muchas actualizaciones diarias que aún se publican después de la fundación del Instituto. Asimismo, sus dos nuevos canales de YouTube (en inglés con más de 300 suscriptores y en español con más de 800) están en constante desarrollo, al igual que sus cuentas de Telegram e Instagram, y su página de internet. La ceremonia de lanzamiento se puede ver aquí en español y aquí en inglés.  

Homenaje al abogado y activista Kevin Zeese

El evento estuvo dedicado a la memoria y el legado de Kevin Zeese , conocido internacionalmente como parte del Colectivo de Protección de la Embajada de Venezuela en Washington DC . Falleció repentinamente en la madrugada del 6 de septiembre, el día en que tuvo lugar el evento con sede en Caracas. Con tan solo 64 años, su muerte fue un golpe emocional para todos. Carlos Ron inmediatamente convirtió nuestro dolor en alegría colectiva. Dedicó el lanzamiento del Instituto a Kevin. No se trató de una mera dedicación formal. Por el contrario, tanto el canciller venezolano Jorge Arreaza como Carlos Ron insertaron un homenaje apropiado a Kevin en el tejido mismo de la fundación del Instituto. 

Nunca conocí a Kevin. Pero seguí de cerca su heroica defensa de la soberanía venezolana justo en el vientre de la bestia imperial. Sin embargo, aunque habría volado a Washington para ofrecer mi apoyo y escribir artículos, se me ha prohibido ingresar a los EE. UU. desde marzo de 2019. En ese momento, hace un año y medio, me dirigía a Washington DC con un mensaje de apoyo de los movimientos canadienses a esa histórica manifestación en la capital estadounidense en apoyo a Venezuela. 

Por tanto, dedico este artículo a Kevin Zeese , a su compañera Margaret Flowers, a su familia y a sus compañeros.

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Bolivia: ¡Fuera Áñez, el grito!

Por Angel Guerra Cabrera

¡Fuera Áñez! es la demanda que se ha impuesto en la actual movilización popular de protesta en Bolivia. Hace escasamente una semana la exigencia era ¡Elecciones Ya!, que se cumpliera con la convocatoria para la fecha del 6 de septiembre, pactada en su momento por las organizaciones políticas y el Tribunal Supremo Electoral(TSE). Rechazar la nueva posposición de los comicios para el 18 de octubre adoptada por el TSE, la tercera, con la excusa de proteger a la población contra el coronavirus, sin haber realizado ninguna consulta a las fuerzas políticas y al movimiento popular. Como ya relaté en este espacio(La Jornada, 30 de julio, Opinión), contra la posposición del acto electoral fue convocada una movilización y cabildo abierto en la ciudad de El Alto por la Central Obrera Boliviana(COB) y el Pacto de Unidad(reúne a los movimientos sociales campesinos e indígenas), que dio un plazo de 72 horas al TSE para que repusiera la elección el 6 de septiembre o de lo contrario se decretaría una huelga general y bloqueos carreteros hasta que se accediera a su petición. El 3 de julio fueron aplicadas las medidas anunciadas por la COB y los movimientos sociales, que pese a hacerse reunido durante horas con el órgano electoral no han logrado que este adelante la fecha de las elecciones. Y es que el presidente del TSE ha obedecido hasta ahora las órdenes de Áñez. Las bases de la COB, del Pacto de Unidad y otras fuerzas sociales se sienten ninguneadas por el gobierno de Áñez, que les provoca el mayor hartazgo y rechazo por la evidente intención de la autoproclamada de perpetuarse en el poder, haber desmantelado y saqueado las empresas públicas, cerrado de manera arbitraria el curso escolar y por su desastroso manejo de la pandemia desoyendo los consejos del Colegio Médico, incluyendo una escasez de medicamentos básicos y corrupción escandalosa en las compras sanitarias, como 500 ventiladores que no se sabe dónde están.

Conviene recordar que Áñez se autoproclamó presidenta “interina”, en violación del texto constitucional, el 12 de noviembre de 2019 pero aceptó más adelante cumplir con una agenda pacificadora y convocar a elecciones el 5 de mayo de 2020. Recordemos, desde entonces ha habido tres posposiciones con el pretexto de la pandemia.

¿Cómo se fraguó el golpe de Estado que entronizó a Áñez? Estados Unidos y la derecha local realizaran una serie de acciones, previas y posteriores a las elecciones de octubre de 2019, para hacer creer a una parte de la población urbana, mediante una delirante campaña mediática nacional e internacional, que las elecciones serían fraudulentas y para alentar en las clases medias urbanas el racismo anti indígena y, por consiguiente, demonizar la gestión de Evo Morales. Más adelante, promovieron un burdo montaje a cargo de Luis Almagro, secretario general de la OEA, para arrojar un velo de duda sobre la transparencia del proceso electoral y exigir que se realizaran nuevos comicios. Extremo aceptado por Evo, pese a saber que era una acción del imperio para derribar el proceso de cambios, pero en el intento de cortar la espiral de violencia salvaje que la derecha había lanzado contra funcionarios de su gobierno y sus familiares. Pero ya era indetenible el golpe de Estado, organizado por poderosos intereses económicos y geopolíticos locales y del imperio del norte ansiosos de acabar con una Bolivia independiente, próspera y de justicia social y de apoderarse de sus recursos naturales, entre ellos el litio. Contaron con el respaldo de la policía y muy especialmente del ejército, cuerpos cuyos jefes literalmente compraron con una millonada. Esto aseguró una violenta represión por los militares de la oposición indígena y campesina al golpe y condujo a las sangrientas matanzas en Senkata y Sacaba.

La situación actual es muy explosiva pues el régimen de Áñez está sumamente debilitado por todo lo ya expuesto. Tanto, que la señora no ha firmado hasta hoy el decreto que exige el comandante de las fuerzas armadas para actuar contra las protestas. El miércoles se daba a conocer que las fuerzas políticas, incluyendo el mayoritario MAS de Evo Morales habían acordado aprobar en el Senado y Cámara de Diputados una ley fijando las elecciones cuando más hasta el 18 de octubre, como fecha única y definitiva, con participación de veedores de la ONU, la Unión Europea, la Defensoría del Pueblo y otras organizaciones nacionales. Si esto se aprobara faltaría saber la opinión de la COB y de las fuerzas que están en los bloqueos, con los que habría que negociar esta salida, pues hasta el momento muchos siguen pidiendo la renuncia de Áñez. Aislada y deslegitimada la señora no controla la situación. El problema para Washington y la derecha boliviana es que, según las encuestas, Luis Arce, candidato del MAS, ganaría las elecciones en primera vuelta, a menos que lo invaliden para competir. Se abre un compás de espera donde no está excluida la posibilidad de un autogolpe golpe cívico-militar, como ha denunciado Evo Morales.

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El Moncada y nuestro tiempo

Por Gustavo Espinoza M.

Se dice -y es verdad- que el asalto al Cuartel Moncada, ocurrido el 26 de Julio de 1953, es una bella historia, que jamás debemos olvidar.

Sucedió en el fragor de la lucha de clases en la Mayor de las Antillas, luego que Fulgencio Batista consumara en marzo de 1952 el Golpe de Estado que lo insertara en la cúpula del poder hasta diciembre del 58; y dio inicio a una lucha que se prolongó fragorosamente, y que conoció acontecimientos de leyenda: la prisión de Isla de Pinos, el corto periodo mexicano, el viaje del Granma y la guerrilla de la Sierra Maestra; episodios todos de una misma epopeya, la que se inscribió con letras de molde en el muro de la historia y que llega hoy como antesala de la Cuba de nuestro tiempo, el Primer Territorio Libre de América y la Primera Revolución Socialista en nuestro continente.

Los atacantes del Moncada fueron valerosos luchadores, que actuaron convencidos que darían inicio a un proceso que nadie podría detener. No repararon en lo que podría ser su destino personal, porque incubaron la idea que más importante que él, era el destino de su pueblo. Él, los había convocado.

Es posible que en el imaginario de cada uno de quienes tomaron las armas aquella madrugada en Santiago de Cuba, hayan desfilado, como en imágenes sucesivas, diversos episodios de la cultura cubana: la Insurrección de 1868, el rostro de Mariana Grajales, la mirada de Antonio Maceo, el avance de la Caballería Mambisa, el mensaje de José Martí.

Pero en todos estaba, sin duda, el sentido de las palabras de Fidel en la Granjita Siboney, antes de iniciar la acción prevista. Era un llamamiento a la lucha con una idea clara: este es el inicio de una guerra en la que no hay alternativa: o vencemos, o morimos.

América vivía en aquellos años una etapa terrible de su historia. Las dictaduras más oprobiosas: Rojas Pinilla, en Colombia Pérez Jiménez, en Venezuela; Anastasio Somoza, en Nicaragua; Odría Amoretti, en el Perú; perfilaban el derrotero de la dependencia y de la sumisión ante el amo del norte.

En otra orilla, sin embargo, asomaban expresiones de rebeldía: Bolivia, con su Revolución Campesina de 1952; Guatemala, con los gobiernos de Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz; y el peronismo en Argentina, buscaban una ventana de salud para un continente en sombras. Ya se iniciaba, entonces, una etapa nueva. La semilla de Sandino, empapada de sangre, comenzaba a dar frutos.

Han pasado ya 67 años de ese episodio, y el rostro de América ha cambiado significativamente. Cuba continúa el camino que iniciara su pueblo hace más de seis décadas, y marcha acompañada por la adhesión de millones se hombres y mujeres en todos los confines del planeta.

Y América vuelve a ser –sigue siendo- un territorio en el que se libra una feroz batalla entre la dependencia, y la soberanía; el dominio imperial, y la voluntad de los pueblos.

Y ocurre que en ese escenario se multiplican los Moncada. Acciones como las que protagonizan los pueblos de Venezuela o de Nicaragua, enfrentados a la ira del Imperio; podrían -quizá- tener la misma trascendencia y el mismo valor que el Moncada de aquellos años; porque son episodios que sellan un mismo destino.

A 200 años de la gesta emancipadora está claro que los sueños de San Martin y de Bolívar, siguen su curso. Las naciones de nuestro continente aún no han logrado integrarse como tales y forjar su propia identidad.

José Carlos Mariátegui, nuestro Amauta, sostuvo el Perú era una Nación en formación. Sobre los territorios originarios y sus culturas, se había sobrepuesto el dominio colonial, que no fue un proceso de asimilación, sino de opresión. El coloniaje no asumió la cultura nativa para empaparla con un nuevo mensaje, sino más bien buscó destruirla. Y esa fue una realidad no sólo peruana, sino continental. Por eso en todo el vasto territorio americano las poblaciones originarias no fueron asimiladas, sino más bien oprimidas.

La concreción del Perú se habrá de dar, sólo cuando la fusión de las culturas proyecte en el escenario un nuevo ideal. Y eso ocurrirá cuando seamos capaces -tras un indispensable periodo de inclusión social- de construir un Perú Nuevo en un Mundo Nuevo; es decir, cuando aquí, y en cada rincón del territorio americano, se afirme el mismo fenómeno; y de él, asome la integración que signará, finalmente, la unidad continental, el sueño supremo de Bolívar; la Patria Grande, de José Martí.

Si el Moncada fue la primera piedra del nuevo edificio, corresponde a los hombres de nuestro tiempo, concretar la tarea, es decir, culminar esta bella historia.

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Un mambí estadounidense, un símbolo de Cuba

Por Fernando Vicente Prieto

Henry Reeve es el nombre del contingente médico de Cuba que, ante la pandemia, recorrió el mundo en los últimos meses para asistir a nada menos que 24 países. La historia del joven norteamericano del siglo XIX que es sinónimo de la solidaridad internacional en el siglo XXI.

Henry Reeve tenía apenas 26 años cuando el 4 de agosto de 1876 cayó en combate en Cuba. Para esa fecha, había pasado los últimos siete años de su vida en esa tierra. Lejos de su Nueva York natal, pero muy cerca de la causa que abrazó en la temprana adolescencia en su país de origen, atravesado por la guerra civil.

Reeve había nacido el 4 de abril de 1950, en Brooklyn, en una familia presbiteriana de clase media. Su niñez transcurrió en una sociedad norteamericana desgarrada por las tensiones raciales y las disputas entre el Sur esclavista y el Norte industrial. De acuerdo a diversos testimonios, Reeve participó en el Ejército del Norte como tambor, cuando apenas entraba en la adolescencia.

Diez días después de su cumpleaños número 15 sucedió un hecho que lo marcaría profundamente: en un teatro de Washington DC atentaban contra la vida del entonces presidente, Abraham Lincoln. Lincoln fue atacado la noche del 14 de abril de 1965 y falleció pocas horas después, ya en el día siguiente. No había pasado una semana desde que el 9 de abril el General Lee, comandante del esclavista Ejército de los Estados Confederados, se había rendido ante el General Grant en Appomattox, Virginia, dando fin a la guerra interna.

Tres años después, en octubre de 1968, en Cuba, los patriotas al mando de Carlos Manuel de Cúspides daban inicio a la larga lucha por la independencia frente al colonialismo europeo. En la finca La Emajagua, de su propiedad, Céspedes reunió a los independentistas dispuestos a sublevarse contra la monarquía española y liberó a sus esclavos. Este episodio, conocido como el Grito de Yara, significó el comienzo de la Guerra de los 10 años (1968-1978), también llamada la Guerra Grande. Mientras comenzaban los combates en la isla, la Junta Cubana de Nueva York reunía dinero, armas y hombres para apoyar la insurrección.

Por esa época, el joven Reeve trabajaba como tenedor de libros en un banco. El contacto con emigrados cubanos lo había sensibilizado y pronto decidió compartir su causa. Con 19 años recién cumplidos, el 4 de mayo de 1969 se embarcó en el vapor Perit (o Perrit) con el nombre de Henry Earl. Su primera función fue como soldado ordenanza del general Thomas Jordan. Paradójicamente Jordan había sido oficial del bando confederado en la guerra civil norteamericana.

El propio contingente era en sí mismo expresión del internacionalismo que signaba a la gesta y que también había sido común a las guerras de independencia en América del Sur. En el barco la mayoría eran cubanos exiliados en EE. UU., pero un número importante —alrededor de 80, o tal vez más— eran estadounidenses. Según los registros de la época, también había combatientes nacidos en Venezuela, en México, en España, en Polonia y en Hungría.

El coronel Fernando Figueredo, en el clásico libro La revolución de Yara, editado por primera vez en 1902, relata lo siguiente: “Entre los expedicionarios se contaban el instruido General confederado Jordán y como cien jóvenes americanos, algunos pertenecientes a familias acomodadas de New York y Brooklyn. El más distinguido de éstos por sus modales, por su educación y quizás por su nacimiento, era un joven soldado que con el nombre de Henry Earl se había alistado en New York, y sin conocimiento de sus padres había desembarcado en las playas de Cuba para pelear por su independencia”.

El 9 de mayo de 1969 (o el 11, las fuentes son contradictorias en este punto) el barco llegó a la península El Ramón, en el oriente de Cuba. Tras complejas maniobras, el 13 de mayo finalizó el desembarco y comenzó la tarea de mover por tierra el importante arsenal que transportaba. El bautismo de fuego fue en la mañana del 16 de mayo. Una imprudencia de los revolucionarios puso sobre aviso a la Armada española y los realistas atacaron. De inmediato comenzó a destacarse este joven rubio y de ojos claros, que muchos años después sería bandera de la solidaridad internacionalista.

“Algunos expedicionarios subieron en hombros —desde la playa— un cañón de bronce con el que empezaron a disparar sobre el enemigo fuertemente atrincherado; sobresaliendo en este hecho por su decisión y valentía un joven soldado norteamericano llamado Henry Reeve, quien recibió sus primeras heridas en el brazo y en el tórax; es decir, que en esta acción se derramaba sangre norteamericana en suelo cubano, como ejemplo de internacionalismo”. Con estas palabras refiere EcuRed, la enciclopedia en línea del Estado cubano, su primera participación en combate.

Cuatro días después, el 20 de mayo, la expedición tuvo una segunda batalla con las fuerzas colonialistas en Canalito, a pocos kilómetros de la anterior. Allí, de nuevo Henry Reeve se destacó por su heroísmo. Según cuentan, el mayor general Jordan pidió a uno de sus hombres: “Denle un fusil a ese muchacho que es más valiente que Julio Cesar”. A los pocos días combatiría también en La Cuaba y el 27 de mayo –cuando todavía no hacía un mes de su partida de EE. UU– sería capturado en el combate de Las Calabazas y sometido a un pelotón de fusilamiento. Recibió cuatro disparos, pero no murió.

Dice Fernando Figueredo en la obra citada: “Por una extraordinaria casualidad las cuatro balas que le asestaron a éste, de las que dos debieron despedazarle el cráneo y dos atravesarle el pecho, no hicieron sino herirlo levemente en la cabeza, dejándolo sin conocimiento, confundido entre los cadáveres de sus infortunados compañeros. La noche refrescó sus heridas, el joven volvió en sí y a la ventura, un extranjero en tienda extranjera, comenzó a andar sin dirección. Dos días estuvo perdido en los bosques, sangrando copiosamente, hasta que la fortuna hizo que algunos patriotas lo encontraran y condujesen al campamento El Mijial”. 

Así comenzaba su participación en la gesta independentista cubana, donde sería conocido como “El Inglesito” o Enrique “el Americano”. De soldado a brigadier general en pocos años, Reeve se convirtió en el hombre de confianza de Ignacio Agramonte, el Mayor, y tras su muerte en mayo de 1873, combatió bajo el mando del Generalísimo Máximo Gómez, quien lo tenía en la más alta estima.

Durante siete años participaría en más de 400 batallas, algunas de ellas memorables, como el rescate del brigadier Julio Sanguily, en 1971, realizado con carga a machete al mando de 35 mambises, contra una fuerza muy superior. El 28 de septiembre de 1873, en una de esas contiendas, Reeve resultó herido en su pierna derecha, que debió ser parcialmente amputada. Le adaptaron un aparato metálico a la cadera y a partir de ahí, peleó atado a la montura. 

El 4 de agosto de 1876, en Yaguaramas, su tropa fue sorprendida por las fuerzas coloniales, que le mataron el caballo y lo hirieron en un hombro, en una ingle y en el pecho. De pie, con el machete en una mano y el revólver en la otra, el general de brigada del Ejército Mambí se disparó a sí mismo en la sien antes de ser capturado.

Dicen que, en la Junta Cubana de Nueva York, siete años antes, le preguntaron por qué se presentaba como voluntario. “Porque ustedes son patriotas”, explicó. “Y usted, ¿de dónde es?”, volvieron a preguntarle. “De allí donde se muere”, respondió.

Pero incluso esto mismo, hoy, se pone en duda.

***

Hay en la carretera de Yaguaramas a Horquitas, camino a Playa Girón, un monumento a Henry Mike Reeve Carroll. Hay también, desde 2005, un contingente médico que lleva su nombre por todo el mundo ante cada epidemia o catástrofe que exige una mano solidaria. Allí, donde se viva.

Hay una historia de internacionalismo que une un siglo y medio de lucha contra el colonialismo, por la hermandad entre los pueblos. En esa historia Henry Reeve, de bata blanca, apunta y con Martí, dispara: “Patria es humanidad”.

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Venezuela: Desbloqueados

Por Atilio Borón

La llegada del tanquero iraní Fortune a la gran refinería de El Palito, en Venezuela, tiene una significación que excede con creces la cantidad de gasolina y otros insumos clave transportados en esa nave.

Hay otros aspectos que son mucho más importantes. Quisiera señalar tres. Primero, que se haya desafiado con éxito el bloqueo estadounidense que impedía la llegada de todo tipo de productos -desde alimentos y medicinas hasta repuestos para los trenes del metro de Caracas y combustible- a la bloqueada y agredida República Bolivariana de Venezuela es un triunfo mayúsculo para el gobierno de Nicolás Maduro y un sonoro revés para la Casa Blanca. Máxime si se tiene en cuenta que navíos de la Cuarta Flota llevan un par de meses patrullando la zona del Gran Caribe y podrían fácilmente haber interceptado ese buque, cosa que no hicieron. Habrá que ver por qué, pero lo concreto es que no lo hicieron.

Segundo, que quien logró burlar la prohibición de Washington haya sido la República Islámica de Irán, otro país también sometido a crueles sanciones por la Casa Blanca que a comienzos de este año había ordenado el asesinato del general Qasem Soleimani, una de las principales figuras del gobierno iraní. Crimen que el sicariato mediático mundial, ese que oculta todas las fechorías del gobierno de Estados Unidos y que calla con impudicia ante el lento asesinato de Julian Assange en Londres, apenas si registró y mucho menos se preocupó por analizar y divulgar.

 Tercero, queda por verse qué ocurrirá con los otros cuatro tanqueros que están en camino. Es evidente que la Administración Trump revirtió su postura inicial y sus amenazas quedaron en eso, fanfarronadas típicas de un personaje gansteril, que se cree el mesías llamado a reconstruir con sus modales de matón de barrio la perdida supremacía que supo tener Estados Unidos desde la desintegración de la Unión Soviética hasta los atentados del 11 S del 2001. Un sociópata que causó unas cien mil muertes a su propio pueblo con su mezcla de ignorancia y prepotencia puestas de manifiesto ante la pandemia del Covid-19 y que en menos de seis meses se juega la reelección en medio de una depresión económica peor que la de los años treintas.

Pero es obvio que la historia no ha concluido. Habrá que ver qué ocurre con los otro cuatro tanqueros. Parece poco probable que un Trump acosado por gravísimos problemas domésticos ordenara detenerlos,  atacarlos o hundirlos, porque se configurarían gravísimos hechos de guerra preñados de imprevisibles consecuencias que dañarían aún más sus menguantes chances de ser reelecto el próximo 3 de Noviembre. Las encuestas electorales más serias lo dan entre 5 y 6 puntos detrás de un candidato tan anodino como Joe Biden, y todo indica que este rezago va a acrecentarse a medida que la situación interna de Estados Unidos continúe deteriorándose. Por otra parte, las amenazas de Trump fueron respondidas con contundencia desde Teherán. El presidente Hassan Rouhani advirtió a Washington que su país no permanecería indiferente ante cualquier “problema” que se presentara en la travesía hasta Venezuela. En una declaración inusualmente fuerte dijo que “si los estadounidenses crean problemas para nuestros tanqueros en las aguas del Caribe o donde sea en el mundo nosotros reciprocaremos y les crearemos problemas a ellos. Tenemos un derecho legítimo a defender nuestra integridad territorial y nuestros intereses nacionales, y esperamos que los estadounidenses no cometan un error.”

 Es evidente que el gobierno de Estados Unidos continúa cosechando fracasos en su política exterior. La llegada del Fortune a Venezuela es una prueba más, y hay otras. Trump no ahorró palabras para insultar al líder nor-coreano Kim Jong-un en 2017 y dos años más tarde terminó recorriendo medio mundo para visitarlo en la Zona Desmilitarizada que separa a las dos Coreas. ¿A qué se debió este cambio? Noam Chomsky lo dijo cientos de veces: Estados Unidos sólo ataca a países indefensos. Corea del Norte no sólo no lo está, sino que desarrolló un arsenal atómico que aún bajo una agresión de Estados Unidos conserva una capacidad de retaliación que en instantes podría reducir a cenizas a megaciudades como Seúl (distante apenas a 195 kilómetros)  y Tokio (1.291 kilómetros). Venezuela, Cuba e Irán tampoco languidecen en la indefensión, y por eso han resistido décadas de presiones diplomáticas, sanciones económicas, bloqueos e infames campañas de satanización a cargo de “intelectuales bienpensantes” tipo Vargas Llosa y los centenares de publicistas del imperio incrustados en los principales medios de comunicación, la (mal)llamada “prensa libre” de nuestro continente.

Cuando el por entonces presidente de Francia Nicolás Sarkozy convenció a Muamar El Gadafi que no tenía sentido renovar su otrora poderosa fuerza aérea porque ahora Libia y Occidente “eran amigos” selló su sentencia de muerte. Aceptó el consejo del francés y del “capo mafia” italiano Silvio Berlusconi y cuando en el 2011 Washington movilizó a la OTAN para bloquear el espacio aéreo libio Gadafi quedó a merced de sus rivales que lo derrocaron y no sólo lo detuvieron, sino que lo lincharon con salvaje brutalidad y mataron a tres de sus hijos. Gadafi se había desarmado; Venezuela, Cuba e Irán no, y por eso son países libres aun cuando deban pagar un precio exorbitante por una digna osadía que desata todas las iras del imperio.

No sólo no se desarmaron, sino que, aprendiendo de la historia de todas las revoluciones, crearon poderosas milicias populares (casi 4 millones de miembros en el caso de la República Bolivariana de Venezuela) cuya sola mención a los guerreristas usamericanos les produce escalofríos pues les recuerda la tremenda paliza que el Vietcong les propinara durante la guerra de Vietnam. La conclusión definitiva de este análisis deberá esperar unos días, en dependencia de lo que ocurra con los otros cuatro tanqueros. Uno de ellos, el Forest, ya está en aguas venezolanas. Volveremos al tema en ni bien concluya este episodio. 

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Nuevas elecciones congresales: ¿Más de lo mismo?

Por Francisco Pérez García

Si los sondeos electorales -esos que inexplicablemente siguen siendo silenciados en épocas donde las redes sociales te cuentan todo- confirman las tendencias del voto para el domingo 26 de enero, tendremos un nuevo Congreso que de “nuevo” no tendrá ni una letra y es que básicamente los partidos que respaldaron el obstruccionismo de la mayoría abrumadora de Fuerza Popular y que apoyaron la “juramentación” de Mercedes Araoz como “presidenta” tras la disolución del Congreso, serían los que controlen las decisiones en el Parlamento que llevará las riendas de la vida legislativa en el país.

Entonces, la gran pregunta que surge -con un alto porcentaje de gente que aún no decide su voto- es ¿Para qué se disolvió el congreso? Y otra interrogante es ¿por qué los sondeos no van de la mano como un efecto de la continuidad de lo que se dio en llamar la “lucha contra la mafia”?

Quizá la respuesta está en el hartazgo de ver una clase política que no cambia, que no ha aportado nada nuevo en una campaña sombría, aburrida, minada por las fiestas de fin de año y que solo ha cobrado cierta notoriedad cuando algún candidato o candidata ejecutaba una performance discriminadora, misógina, homofóbica o ventilando alguna mentira.

Los partidos que hoy lideran la intención de voto son los mismos que en octubre del año pasado decidieron confrontar su retiro de la vida política enfrentando el cierre constitucional del Congreso. Son los mismos que se encargaron de blindar en todas las formas a los acusados por corrupción, son los mismos que se opusieron a normas que podían beneficiar a la gente, son los mismos que se opusieron a la reforma política, la reforma judicial, los que quieren que las educación básica y superior siga siendo mediocre, los que quieren que el trabajo juvenil siga siendo precario y hasta esclavizante, esos, son los mismos que hoy lideran el voto para el domingo.

¿Y por qué? ¿En qué han fallado las fuerzas progresistas para no calar en la intención electoral de la gente? Tal vez en sus silencios. Tal vez en sus alianzas extrañas e inconsecuentes al inicio de la campaña. Tal vez en sus escándalos que terminaron debilitando de alguna forma a sus listas partidarias, tal vez en la incoherencia de proteger a algunos de sus candidatos acusados, sentenciados, o sobre los cuales se perfila algún atisbo de sospecha. Todo eso suma, seguramente.

O tal vez es porque la gente simplemente está más preocupada en el día a día, en conseguir el recurso para llegar a fin de mes. Tal vez porque enero es un mes clave para muchos porque se debe concretar si los hijos irán o no al colegio o si podrán llegar al instituto o la universidad. O si alguien de la familia no se enferma, agradecer que ese dinero se podrá usar para otra cosa.

Llegar al 2021 será una odisea para el gobierno de Martín Vizcarra. Las fuerzas políticas que han buscado desestabilizar el proceso de la lucha anticorrupción siguen ahí y no le van a perdonar el cierre del Congreso. Eso es un hecho. La calle ya no es un aliado. Este proceso electoral no va a legitimar la disolución y eso es una espada de Damocles peligrosa sobre nuestra débil democracia que con todo y sus imperfecciones lleva 20 años. Veremos el lunes que resultados nos depara esta nueva “fiesta electoral”.

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