Nuestra América

El quinteto de la muerte

Por Gustavo Espinoza

De manera general se considera que en la crisis latinoamericana que afecta severamente la experiencia liberadora bolivariana; la responsabilidad principal recae en el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, el señor Donald Trump.

En efecto, él personifica no sólo una política aventurera, violenta y agresiva, que pone en riesgo la vida de millones de personas en nuestro continente;: sino también refleja una voluntad depredadora que hoy azota al mundo y que se expresa en diversas latitudes del planeta, desde Afganistán hasta Siria, pasando por Irak, Libia y las tierras de la cautiva Palestina .

Pero, en verdad, no es Trump. O, en todo caso, no es sólo él, quien promueve e impulsa la guerra que ya parece inevitable y que hasta tiene casi una fecha de inicio: el sábado 23 de febrero, cuando el señor Guaidó “ordene” al ejército yanqui iniciar una ofensiva militar contra la Patria de Bolívar, para imponer, a sangre y fuego, la “ayuda humanitaria” que dice poseer y sueña repartir entre famélicos inventados y mendigos inexistentes.

Detrás de Trump están por cierto el Complejo Militar Industrial, las grandes corporaciones, los productores de armas, los mercaderes de la guerra, pero también los medios de comunicación que buscan “captar” audiencia, y lectoría, entregando “en primicia” las acciones a iniciarse: las primeras ciudades tomadas por la soldadesca, la fila de cadáveres que acaparen las pantallas, la nómina de unidades vencidas y los estropicios que habrán de ser saludados y puestos a consideración del mundo como expresión de la “victoria de la democracia”.

Claro que no será así. Porque en esta lucha, habrá muertos, pero no rendidos. Habrá ciudades quemadas, pero no caídas. Y se registrarán cuarteles derruidos, pero no tomados. Y es que la sangre que corre por las venas de los venezolanos no admite pausa, ni descanso. Tampoco desánimo. Menos aún, un símil de derrota.

Los estrategas de la guerra, no podrán entonces ni frotarse las manos, ni cantar victoria. El quinteto de la muerte no sólo tendrá que lamentar sus propias bajas, sino también la incapacidad de su ejército, que no pudo con Sandino en nuestro continente, ni con Cuba; ni con Corea, ni con Vietnam en el sudeste asiático; y que tampoco podrá con Venezuela ni con los pueblos de América Latina, que lucharán a su lado, para rabia del Imperio.

El quinteto de la muerte -todos debieran saberlo- está integrado por el núcleo selecto de demenciales asesores del Jefe de Estado Yanqui. Sus nombres, un poco desperdigados, asoman de tanto en tano en los cables de las agencias de noticias, pero pasan desapercibidos para “el gran público”. Por eso, vale la pena mencionarlos en directo, para que alguna vez, alguien les pida cuentas aquí en la tierra.

Se trata de John Bolton, el hombre que ofreciera cinco mil soldados puestos en la frontera colombo-venezolana para iniciar las acciones la semana pasada. También, Mike Pence, Vicepresidente USA, quien recorre de norte a sur el continente americano para recabar “adhesiones” de gobiernos complacientes y serviles. Se hizo conocido en la Cámara de Representantes por presentar proyectos de ley en beneficio de los hermanos Koch, que le financiaron sus campañas electorales.

Se trata, además de Elliot Abrams, un antiguo y condenado halcón que en los años 80 del siglo pasado se viera involucrado en el llamado “escándalo Irán-contras” cuando se descubrió que hizo uso de recursos del Estado para comprar ilegalmente armas a Irán a fin de entregarlas a las bandas contra revolucionarias que operaban ya en las selvas de Nicaragua enfrentando al primer gobierno Sandinista. Y Mike Pompeu, Secretario de Estado, integrante del Tea Party, el núcleo más conservador del Partido Republicano, y enemigo a muerte del aborto y de cualquier iniciativa destinada a controlar el uso de armas civiles en la población. Es, sin duda, otro trompetudo asesor para asuntos de guerra en nuestro continente, encargado para el caso del lanzamiento de las amenazas más urticantes contra el pueblo de Venezuela.

Y para que no faltara el quinto, está Marco Rubio, el socio de Bob Menéndez, parlamentario por La Florida, que lucio cono adversario de Trump en los comicios del 2016 pero que ahora canta melodiosas canciones de guerra en el oído del titular del Poder en la Sala Oval. De él, se dice que vive pegado como una garrapata a las orejas del Mandatario porque sueña con persuadirlo que la guerra que comience en Caracas, la termina en La Habana, más allá del infinito.

La presencia de este Rubio, es significativa. Antes, se decía que la Mafia cubano-americana controlaba La Florida. Hoy puede afirmarse que, con su influencia sobre Trump, esa Mafia controla la política exterior de los Estados Unidos.

Si en el pasado el gran país del norte podía considerase la patria de Abraham Lincoln, Patrick Henry, Walt Whitman, John Reed y Martin Luther King; hoy puede asegurarse que el recuerdo de esos hombres vive adormilada en la conciencia de millones. La voz del mundo en demanda de paz que se escucha en todos los confines del planeta; habrá de despertar a ese gigante, para que restablezca el sentido común en la Casa Blanca

Estos son los que conforman el Quinteto de la Muerte. Ellos tienen en sus manos hoy las bombas que los soldados norteamericanos lanzarán mañana sobre aldeas y ciudades ubicadas al sur del río Bravo. Que nadie olvide sus responsabilidades

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América Latina: entre López Obrador y Bolsonaro

Por Andrés Mora Ramírez

En este 2018, el desenlace de dos elecciones presidenciales aceleró la reconfiguración prácticamente total del mapa político latinoamericano, que había experimentado una importante transformación entre finales del siglo XX, y principios del XXI, con el llamado giro a la izquierda o ascenso de los gobiernos nacional-populares.

Con ganadores diametralmente opuestos, tanto en sus trayectorias políticas, sus ideas, en su proyecto-país y en sus devociones republicanas, los comicios mexicanos y brasileños seguramente pasarán a la historia como el punto de inflexión de un nuevo tiempo en la región.

En México –segunda economía de América Latina y número 13 a nivel mundial– Andrés Manuel López Obrador obtuvo una contundente victoria el pasado 1 de julio, con el 53.2 por ciento de los votos (correspondiente a poco más de 30 millones de personas), un 30 por ciento mayor que el contendiente más cercano, el candidato Ricardo Anaya del Partido Acción Nacional (PAN).

Una votación que bien puede considerarse la más aplastante condena popular al modelo neoliberal impuesto al país desde la década de 1980, por los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional y del PAN, y que dejó como herencia un insultante aumento de la pobreza, la desigualdad social, la concentración de la riqueza, la corrupción, la violencia y el crimen organizado, y una sistemática entrega de la soberanía nacional y de las más emblemáticas conquistas de la Revolución Mexicana (como la nacionalización de los hidrocarburos, en el gobierno de Lázaro Cárdenas) frente a los intereses de los Estados Unidos y del capital extranjero.

En el caso de Brasil, primera economía latinoamericana y sexta en el mundo, si bien la elección del nuevo presidente se dirimió en dos rondas de votación en el mes de octubre, estas sólo afirmaron la magnitud del triunfo del capitán Jair Messias Bolsonaro, quien obtuvo el 55.13 por ciento de los votos en el ballotage (es decir, con el respaldo de casi 58 millones de personas).

Neoliberal, defensor de los intereses de las Fuerzas Armadas en la Cámara de Diputados, racista, homofóbico y anticomunista a ultranza, Bolsonaro ha hecho carrera política como congresista defendiendo tesis conservadoras y controversiales, coleccionando “militancias” en casi una decena de partidos.

Su giro hacia las iglesias neopentecostales en 2016, así como su complicidad manifiesta en el proceso de impeachment contra la presidenta constitucional Dilma Rousseff ese mismo año –que abrió las puertas del golpe de Estado que llevó a Michel Temer a ocupar el Palacio de Planalto– catapultaron su vertiginoso ascenso hasta la presidencia del país.

Ambos líderes están prontos a asumir formalmente sus nuevos cargos: López Obrador rendirá juramento como presidente el 1 de diciembre, en una ceremonia con la cual pretende reivindicar el principio de no intervención enmarcado en la Doctrina Estrada, que fue históricamente el eje de la política exterior mexicana hacia América Latina y el mundo. Para este acto han sido invitados los mandatarios de 28 países, entre ellos Estados Unidos, China, de la Unión Europea y, por supuesto, de toda América Latina y el Caribe.

La ya confirmada presencia del venezolano Nicolás Maduro augura que México se desmarcará del Grupo de Lima, conformado por un manojo de gobiernos serviles a los planes de acoso y desestabilización de la Revolución Bolivariana. Además, el embajador de Rusia en Ciudad de México anunció que gestionará una pronta reunión entre López Obrador y Vladimir Putin. México se aproxima así a los enfoques de multipolaridad en el sistema internacional, y se distancia del vasallaje al unilateralismo al que lo sometió Washington, especialmente desde los gobiernos de George W Bush.

De la toma de posesión del nuevo presidente brasileño, que ocurrirá exactamente un mes después, el 1 de enero de 2019, es poco lo que ha trascendido hasta ahora, más allá de la participación del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. Sin embargo, sus manifiestas afinidades con la actual administración de los Estados Unidos (recordemos que Steve Banon, mano derecha de Donald Trump en su primer año de gestión, también fue asesor de campaña del capitán Bolsonaro) y los guiños permanentes con los gobiernos de derecha de Argentina, Chile y Colombia, auguran que Brasilia será una punta de lanza de la geopolítica de Washington en América Latina.

Lo cierto, en todo caso, es que la restauración conservadora ha ganado en Brasil una plaza sumamente valiosa y estratégica en el sur del continente, y desde allí apuntalará sus armas para permanecer en el poder –aunque su gobernabilidad sea frágil–, mientras las izquierdas latinoamericanas recomponen sus fuerzas para intentar desplegar una nueva ofensiva que evite el descalabro que se atisba en el horizonte neoliberal de nuestros días.

En el contexto actual, México y el gobierno de López Obrador están llamados a cumplir una misión de contención y resistencia, evocando el papel de faro de esperanza que ya una vez supo desempeñar en la historia de nuestra América. Una tarea nada fácil, tomando en cuenta la complejidad de los desafíos que impone la coyuntura interna mexicana y la oposición que ya anuncian los enemigos del cambio y de la cuarta transformación del país.

En su reciente Historia global de América Latina (2018, Alianza Editorial), Héctor Pérez Brignoli afirma que “al final de 2 siglos de camino” nos encontramos “en una encrucijada donde las flechas apuntan en direcciones encontradas y hacia senderos sin salida”. ¿Hacia dónde iremos en los próximos años? ¿Lograremos resolver esta encrucijada que nos interpela? ¿Será posible detener el avance del neofascismo y construir una nueva alternativa popular? He aquí algunas de las cuestiones cruciales para nuestro futuro inmediato.

 

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El tiburón y las sardinas

Por Gustavo Espinoza

El pasado 1 de noviembre la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una nueva resolución de condena universal al bloqueo norteamericano impuesto a Cuba desde 1961. Esta vez 189 países se solidarizaron con la isla del Caribe, en tanto que solo dos -Estados Unidos e Israel- votaron por mantener la medida adoptada por la Casa Blanca para doblegar a ese país. Es bueno, en este marco, echar un breve vistazo al pasado:

En 1854 los ministros de Estados Unidos ante España, reunidos en Bélgica expusieron su idea respecto a las relaciones de su país, con Cuba: “La Unión no podrá disfrutar de reposo, ni gozar de una seguridad confiable, mientras Cuba no sea incluida en sus fronteras”. Al año siguiente, el senador por Kentucky, John Crittenden, sostuvo: “Cuba nos pertenece geográficamente. Debe venir a nosotros. Debe ser nuestra antes de mucho tiempo”. La idea era tan obsesiva, que hasta el poeta Walt Whitman aseguró: “el destino manifiesto ciertamente señala hacia la rápida anexión de Cuba por los Estados Unidos”.

Años más tarde, en 1898 el ministro de Estados Unidos ante España, Stewart Woodford, aseguraba: “La independencia de Cuba es absolutamente imposible como una solución permanente”; en tanto que William Sulzer, representante por Nueva York ante el Congreso USA sostenía: “Cuba se encuentra en nuestras propias puertas y es parte natural de nuestro dominio geográfico”.

Quizá estas referencias ayuden a entender que no es solo por el socialismo, que Estados Unidos acosa a Cuba. Lo hizo desde hace más de 200 años por una razón muy simple: no la tolera como país independiente y soberano. Y su más viva aspiración, es anexarla, como hizo con Puerto Rico.

Eso explica que muchos países que nada tienen que ver con el socialismo, votan contra el bloqueo a Cuba como una manera de decir no a la voracidad del Imperio. Y es que ningún estado independiente y soberano puede admitir hoy que una gran potencia, busque anexarse a un país pequeño. Nadie quiere, en nuestro tiempo, que el tiburón, se coma a las sardinas.

Y es que hay quienes, en el país del Norte, no admiten fronteras, salvo las suyas. Procuran tan solo embolsicarse recursos: oro, plata, cobre, hierro, petróleo; pero también productos cárnicos, trigo, maíz; agua, gas; y todo lo que posee nuestro continente. Pero eso, justifican las guerras de “conquista” como en el medioevo. Eso explica lo que hoy ocurre en el mundo.

Recientemente se supo que la Administración Trump prohibió al Perú, comprar armas a Rusia. Es más, amenazó con sancionar personalmente a ministros de Estado y a jefes militares que autoricen dichas compras, o firmen convenios que las permitan. Pero el asunto ha pasado virtualmente desapercibido ¿No es este un tema de Independencia y Soberanía? ¿No estamos en la víspera de cumplir 200 años en la condición de Estado Soberano? No solo es Cuba. También nosotros.

Tomado de Diario Uno

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AMERICA LATINA ANTE EL RETO DE LA IMAGINACIÓN

Por Gustavo Espinoza M. (*)

Impedir la liberación de Lula en Brasil, dictar orden de captura contra Rafael Correa en Ecuador, amenazar con cárcel a Cristina en Argentina, acorralar a Daniel Ortega en Nicaragua, incriminar al paraguayo Lugo, desplegar una ofensiva en todos los planos con Nicolás Maduro en la República Bolivariana de Venezuela, y centrar fuegos contra Cuba.

 

En algo más de cuatro líneas, ésta formulación refleja la esencia de la táctica del Imperio en nuestro continente. Su objetivo estratégico, en consonancia, sigue siendo el mismo: mantener maniatados a los países de la región para arrebatarles petróleo, gas, cobre, productos cárnicos, agrícolas, recursos hídricos, y otros. Y avasallar la Independencia y la Soberanía de los Estados, para uncir a todos a su carro de dominación a fin de extender su control sobre el hemisferio, y otras latitudes del planeta.

 

Es curioso que justo en esta coyuntura es que se celebre en La Habana el XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo precisamente para analizar la ofensiva imperial y  las tareas de los pueblos de América Latina en el escenario que nos rodea. Tendrá ante sí el reto de la imaginación: es decir, idear conceptos que ayuden, en esta hora difícil.

 

Se ha dicho –y es verdad- que desde enero de 1959, cambiaron las cosas en nuestro continente. La epopeya de la Sierra Maestra abrió cauce a un nuevo proceso emancipador que fue asumiendo variantes, y adquiriendo modalidades diversas. Las más notables, en los años 70 del siglo pasado fueron la gesta insurgente de los militares peruanos liderados por Juan Velasco Alvarado; el gobierno de la Unidad Popular en Chile, conducido por Salvador Allende; y la episódica, pero rica, vivencia boliviana de Juan José Torres.

 

El “Triángulo rojo” le llamaron los voceros del Pentágono a estos tres países unidos, en ese momento, por su experiencia liberadora. Y no sólo por odio al color, sino sobre todo por miedo al ascenso de los pueblos, aplastaron con las armas que tuvieron a la mano, cada uno de esos procesos sociales que marcaron época en el siglo XX, y que fueran complementados, en su momento, por la valiosa experiencia sandinista,  que aún perdura.

 

En el nuevo siglo –y cuando el Imperio ya cantaba victoria definitiva- la gesta venezolana liderada por Hugo Chávez cambió el rostro de todos. A partir de allí cobraron fuerza movimientos emancipadores que enarbolaron la bandera de los pueblos. “El Socialismo del Siglo XXI” se le llamó -quizá con precipitación- a esa ola de verdaderas acciones antiimperialistas que pergeñaron un camino inédito de luchas al sur del rio Bravo.

 

Un trago amargo para los Estados Unidos, sin duda, del que busca hoy recuperarse en una nueva etapa de contraofensiva. Esa, es la que anotamos hoy; y a la que debemos responder con la fuerza de una causa que se levanta desde la base misma de la sociedad latinoamericana. Bien mirada la cosa, ya van casi veinte años de lucha en este escenario complejo en el que los pueblos avanzan y sufren derrotas; y el Imperio retrocede, pero no renuncia. Eso explica, en buena medida, lo que hoy ocurre.

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Como línea general, la administración norteamericana y las oligarquías criollas buscan escarmentar  a los pueblos castigando a sus conductores más calificados.  Piensan que, de este modo, van a lograr que la gente renuncie a luchar por los cambios, y que quienes lideran las acciones  emancipadores, habrán  de terminar  ”tirando la esponja”. Craso error, sin duda. Que los pueblos no se cansan nunca lo acreditan los hechos que hoy nos conmueven: el ascenso de Cuba, la consolidación del proceso bolivariano, la derrota de los grupos sediciosos en Nicaragua; pero también el 42% de los votos alcanzados por la oposición progresista  colombiana, y la impresionante victoria de López Obrador en tierra azteca..

 

No hay mucho tiempo para ponerse a analizar si se mantendrá, o no, la fuerza popular colombiana que ungió como su vocero a  Gustavo Petro.  Más importante que eso es trabajar para que la unidad surgida –casi imprevistamente- en los comicios pasados en la tierra de Nariño, se consolide y avance   Y asegurar, al mismo tiempo  que el proceso mexicano cuente con la solidaridad de los pueblos de todo el continente, a fin que no retroceda,  ni  muestre debilidad alguna.

 

Lo mismo puede decirse  de otras experiencias que hoy asoman en nuestro suelo. Lo fundamental no es discutir los supuestos –o reales- errores de Lula, sino arrancarlo de la prisión; ni  examinar con lupa  las deficiencias del Sandinismo, sino derrotar a los grupos sediciosos que trabajan para derribar a Ortega. Tampoco resulta hoy lo mejor  especular en torno a la capacidad que tenga  el nuevo mandatario mexicano de resistir las maniobras del Imperio, sino dotar a su gobierno del apoyo continental necesario para enfrentar la agresividad  de la Casa Blanca en cada una de sus modalidades operativas.

 

Y para eso, lo que hace falta es consolidar la unidad de los pueblos, encontrar un lenguaje común,  que nos permita enfrentar unidos la agresividad del Imperio, y diseñar una práctica concreta que nos ayude a avanzar por la ruta compleja de la liberación nacional y social.  Pero, sobre todo, empinarse sobre la imaginación para multiplicar esfuerzos, voluntades solidarias, caminos entrecruzados y batallas simultáneas.

 

Cada uno de nuestros países -sobre la base de una historia común- tiene vivencias distintas. Nos une la herencia cultural y los elementos de una lucha que se entroncara desde los años de Túpac Amaru hasta nuestros días. Para salir adelante debemos dar rienda suelta no sólo a nuestra lucha, sino también a nuestra rica capacidad creadora. Ella, nos ayudará a encontrar la ruta del futuro. Para eso necesitamos –decía José Carlos Mariátegui- “una poderosa facultad de imaginación. Los libertadores fueron grandes porque fueron, ante todo, imaginativos. Insurgieron contra la realidad limitada, contra la realidad imperfecta de su tiempo”. Y es eso, lo que nos corresponde hoy.

 

 

(*)  Del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera.  http://nuestrabandera.lamula.pe

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Gobierno estadounidense sanciona a presidente Nicolás Maduro

nicolas-maduros-sanciones-580x326EE.UU. ha impuesto sanciones al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, según un comunicado del Departamento del Tesoro estadounidense.

El comunicado especifica que se bloquearán todos los supuestos activos del mandatario que estén o puedan estar bajo la jurisdicción de EE.UU. Además, se prohibirá a los ciudadanos estadounidenses contraer cualquier acuerdo con Maduro. Sigue leyendo

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Cuba llevará mensaje de apoyo a Venezuela al Foro de Sao Paulo

venezuela-cuba-banderasLa delegación cubana llevará mesajes de respaldo a Venezuela y el derecho a la autodeterminación de los pueblos al 23 Foro de Sao Paulo, a celebrarse del 15 al 19 de julio en Nicaragua.

De acuerdo con el jefe del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, José Ramón Balaguer, quien encabezará la delegación de la isla a la vigesimotercera edición de esa cita, esta nación caribeña abogará también por la integración latinoamericana y caribeña, y la unidad de las fuerzas progresistas. Sigue leyendo

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PERÚ. LA TELARAÑA DE PPK

12e654f5d4fedaecc3bc7419a49bd6feA casi un año de gestión gubernativa, Pedro Pablo Kuczynski vive en el fondo de un pozo. Y pareciera no querer salir de él, como si juzgara que allí, anida su habitat natural. Su victoria, el 5 de junio del 2016, fue exigua. Se impuso a la mafia fujimorista porque logró acumular 42 mil votos más que Keiko Fujimori, lo que le permitió ungirse como Mandatario, en medio del escepticismo de unos, y la sorpresa de otros. Desde entonces, el principal vecino de la Plaza de Armas desarrolla dos políticas descomunalmente erradas. Una, se refiere al escenario interno; y otra, al exterior. Veamos. Sigue leyendo

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Venezuela, el deseo imperial y la constituyente

imagesLo que está en marcha en Venezuela es un episodio decisivo en el proyecto de Estados Unidos y las oligarquías de no dejar en pie un solo gobierno independiente y democrático en nuestra América. El combustible principal que alimenta ese proyecto en Venezuela es el apoyo que recibe la contrarrevolución endógena de Washington/OEA, los más desprestigiados gobiernos neoliberales y la derecha adoradora del dios mercado y del asalto al tesoro público. Todos enmaridados con el uruguayo Luis Almagro, agente de la CIA asignado a la secretaría general de la OEA. Sigue leyendo

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Propósitos y despropósitos de #LASA en Lima, #Perú

hildebrando_peruEntrevista de Pensando Américas al académico, poeta e intelectual peruano Hildebrando Pérez, a propósito del XXXV Congreso de LASA

Acaba de iniciarse en Lima, Perú, el XXXV Congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA por sus siglas en inglés). El evento tendrá lugar en una coyuntura compleja para América Latina, en la que son recurrentes los ataques de todo tipo contra la Revolución Bolivariana. Pensando Américas agradece su tiempo para contestar algunas preguntas sobre el evento. Sigue leyendo

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Resaltan aporte de médicos norteamericanos graduados en Cuba a comunidades de EE.UU.

1221-escuela-medicina-elamLa Habana, 24 marzo (RHC)- Los graduados norteamericanos de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) permiten hoy mejorar la equidad sanitaria en comunidades de Estados Unidos, destacó el proyecto de Cooperación de Educación Médica con Cuba (Medicc).

La organización sin fines de lucro, con sede en California, felicitó en un comunicado a los egresados del centro educacional creado en Cuba en 1999 que fueron elegidos para el Programa Nacional de Asignación de Residencias en diferentes estados de norteamérica. Sigue leyendo

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