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Nuevas elecciones congresales: ¿Más de lo mismo?

Por Francisco Pérez García

Si los sondeos electorales -esos que inexplicablemente siguen siendo silenciados en épocas donde las redes sociales te cuentan todo- confirman las tendencias del voto para el domingo 26 de enero, tendremos un nuevo Congreso que de “nuevo” no tendrá ni una letra y es que básicamente los partidos que respaldaron el obstruccionismo de la mayoría abrumadora de Fuerza Popular y que apoyaron la “juramentación” de Mercedes Araoz como “presidenta” tras la disolución del Congreso, serían los que controlen las decisiones en el Parlamento que llevará las riendas de la vida legislativa en el país.

Entonces, la gran pregunta que surge -con un alto porcentaje de gente que aún no decide su voto- es ¿Para qué se disolvió el congreso? Y otra interrogante es ¿por qué los sondeos no van de la mano como un efecto de la continuidad de lo que se dio en llamar la “lucha contra la mafia”?

Quizá la respuesta está en el hartazgo de ver una clase política que no cambia, que no ha aportado nada nuevo en una campaña sombría, aburrida, minada por las fiestas de fin de año y que solo ha cobrado cierta notoriedad cuando algún candidato o candidata ejecutaba una performance discriminadora, misógina, homofóbica o ventilando alguna mentira.

Los partidos que hoy lideran la intención de voto son los mismos que en octubre del año pasado decidieron confrontar su retiro de la vida política enfrentando el cierre constitucional del Congreso. Son los mismos que se encargaron de blindar en todas las formas a los acusados por corrupción, son los mismos que se opusieron a normas que podían beneficiar a la gente, son los mismos que se opusieron a la reforma política, la reforma judicial, los que quieren que las educación básica y superior siga siendo mediocre, los que quieren que el trabajo juvenil siga siendo precario y hasta esclavizante, esos, son los mismos que hoy lideran el voto para el domingo.

¿Y por qué? ¿En qué han fallado las fuerzas progresistas para no calar en la intención electoral de la gente? Tal vez en sus silencios. Tal vez en sus alianzas extrañas e inconsecuentes al inicio de la campaña. Tal vez en sus escándalos que terminaron debilitando de alguna forma a sus listas partidarias, tal vez en la incoherencia de proteger a algunos de sus candidatos acusados, sentenciados, o sobre los cuales se perfila algún atisbo de sospecha. Todo eso suma, seguramente.

O tal vez es porque la gente simplemente está más preocupada en el día a día, en conseguir el recurso para llegar a fin de mes. Tal vez porque enero es un mes clave para muchos porque se debe concretar si los hijos irán o no al colegio o si podrán llegar al instituto o la universidad. O si alguien de la familia no se enferma, agradecer que ese dinero se podrá usar para otra cosa.

Llegar al 2021 será una odisea para el gobierno de Martín Vizcarra. Las fuerzas políticas que han buscado desestabilizar el proceso de la lucha anticorrupción siguen ahí y no le van a perdonar el cierre del Congreso. Eso es un hecho. La calle ya no es un aliado. Este proceso electoral no va a legitimar la disolución y eso es una espada de Damocles peligrosa sobre nuestra débil democracia que con todo y sus imperfecciones lleva 20 años. Veremos el lunes que resultados nos depara esta nueva “fiesta electoral”.

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Perú en la antesala electoral

Por Gustavo Espinoza M.

Finalmente el próximo domingo tendrá lugar el proceso electoral complementario que permitirá renovar el Congreso de la República que fuera disuelto el pasado 30 de septiembre.

Una veintena de partidos políticos y organizaciones del mismo signo han inscrito listas, y más de dos mil ciudadanos las integran con la idea de ganar para sí el favor de los votantes.

La falta de unidad y cohesión constituye el signo distintivo de este proceso, al que se suma la preocupante ausencia de propuestas que puedan, realmente, interesar a los electores.

Pareciera que el país vive en una suerte de desierto político en el que no fructifica semilla alguna. Daría la impresión que, en la materia, los peruanos estamos pagando el precio de una etapa en la que los bribones se auparon en el Poder y lograron borrar de la cabeza de la gente todo vestigio de ideas políticas.

Porque la clase dominante, en nuestro país, no se propuso imponer aquí el “pensamiento único”, sino más bien eliminar cualquier clase de pensamiento que alimente el espíritu de nuestros ciudadanos.

“Que nadie piense”, pareció ser la consigna en boga desde los años 90 hasta nuestros días, con escasos interregnos. Y que piensen sólo los que mandan, por cierto, porque ellos construirán el “modelo” más perfecto.

Para algunos, la dispersión asoma como “garantía ciudadana”. Le confiere al votante la posibilidad de “escoger” entre diversas variantes, aunque esconde en realidad una penosa constatación: no hay criterio común ni acuerdos respecto a lo que se deba hacer. Cada quien promueve lo que le place, y escoge el derrotero que le entusiasme. Así, nunca será posible forjar una sociedad de nuevo tipo.

Conscientes de eso -que constituye una verdadera trampa- las fuerzas más progresistas y avanzadas de la sociedad peruana, buscamos siempre marchar contra la corriente, alentando la unidad.

Fue esa la esencia del Frente Democrático Nacional, surgido en 1945; del Frente de Liberación Nacional de los años 60; de la “Unidad de Izquierda” en los 70; y de Izquierda Unida, en los 80.

Fue esa política –constructora y unitaria- la que permitió esbozar un camino orientado a remontar la crisis que agobia al país. El proceso de Velasco, cumplió el programa requerido en el periodo.

Hoy, sin embargo, se repitió el esquema de la división, el que llevó a la derrota al movimiento popular en 1990 y que se repitió dramáticamente después abriendo paso, primero a una dictadura siniestra, y luego a regímenes corruptos, comprometidos hasta los huesos con el neo liberalismo.

Como lo dijimos ya “aunque los dirigentes de la debilitada izquierda peruana proclamaron a grandes voces su “firme voluntad” de construir la unidad, una vez más forjaron la división”. Ella les permitió tener cabida hasta en 5 listas distintas. y sumar candidatos a destajo. Eso, los conducirá a una nueva derrota.

¿Podrá ser ésta una última, y decisiva, experiencia de fracasos? ¿Podrá ser posible que, como lección de ella, el 2021 se pueda unir fuerzas para salir adelante? Aunque los milagros no existen por lo menos en política, tal vez asome en la cabeza de los que “deciden” en el tema, alguna veta de sentido común; y la cosa ocurra.

Por ahora, hay que hacer el pan con la harina que se tiene en la mano. Hay que buscar una, entre las diversas listas de izquierda y progresistas, una que responda mejor a nuestra propia opción; y encontrar en ella dos candidaturas que nos permitan usar mejor el “voto preferencial”. Gente honrada y combativa, entre los propuestos, la hay. Merece apoyo.

Lo que no hay que hacer, es caer en el escepticismo, o en la desesperanza. Ellas nos llevarían -bajo falsos preceptos “teóricos”- a una opción indeseable: el voto nulo, en blanco o viciado. Hay que descartar de plano esa “salida” que agravaría aún más la situación.

Recordemos: el fujimorismo obtuvo, el 2016, el 23% de los votos para su lista parlamentaria. Eso, les habría permitido obtener alrededor de 25 congresistas, de un total de 130. Pero el “reparto” entre las opciones ganadoras de los votos viciados, nulos y en blanco, permitió que se le reconociera a la lista de Keiko un 53% de votos y un total de 73 congresistas.

En otras palabras, le cayeron del cielo las 33 plazas congresales que convirtieron a “Fuerza Popular” en la base hegemónica del Parlamento disuelto el año pasado.

Repetir la experiencia y viciar los votos, en esta ocasión, no sería otra cosa que golpearse con la misma piedra.

La reciente decisión electoral referida a la no pérdida de inscripción para los partidos que no alcancen la valla establecida, es una suerte de “salvavidas” lanzada sobre todo al APRA, la fuerza más debilitada de la actual coyuntura.

Razón adicional para no hacerle el juego al enemigo. Hay que votar, entonces, y hacerlo con responsabilidad y altura.

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En Perú, aún las aguas bajan turbias

Por Gustavo Espinoza M.

Suele decirse que quien sufre una derrota política tiene derecho a tomarse las siguientes 24 horas para maldecir a sus jueces; pero luego, su reacción debiera ser más inteligente.

Ocurre sin embargo que, en nuestro país hay quienes no asumen tan elemental criterio quizá porque nunca fueron Políticos. Hicieron uso de la política –que es distinto- para alcanzar privilegios y defender intereses; pero nunca para tomar en sus manos el destino del país y de su pueblo. Por eso ahora continúan una perorata insufrible que dice muy poco de sus propia consistencia humana. Señal, sin duda, que aún las aguas bajan turbias

Recordemos brevemente que, ante la crisis nacional, el 28 de julio pasado el Presidente Vizcarra tendió la mano al Congreso y le formuló una propuesta sensata: “como no podemos entendernos, ni resolver nada; vayámonos todos juntos, y aseguremos que venga un nuevo gobierno” les dijo más o menos en términos concretos.

A partir de allí se perfiló en el escenario del Congreso no sólo el rechazo a la iniciativa, sino también una maniobra orientada a un propósito definido: Ándate tú, que nosotros nos quedaremos, llueva o truene. La idea trajo preñada una iniciativa francamente golpista: seducir a la Vice Presidenta Mercedes Araoz, para que ella asuma la Jefatura de la Nación. Eso último no fue nada difícil porque para la doña, se trataba de una Pera madura y a punto de caer en sus predios. Así, la conjura se puso en marcha y el tema de la Vacancia Presidencial dispuesta por el Legislativo, cobró dimensiones, a la sombra de la ambición y la codicia.

Hoy, después de ocurridos los hechos del 30 de septiembre y disuelto constitucionalmente el Congreso de la República; los vencidos viven el pasado y demandan que el Jefe del Estado renuncie a su cargo. Así, entonces, “nos iremos todos”, dicen en el marco de una incontenible lloradera que mezclan con duras imprecaciones y hasta alusiones demoniacas (“Hugo Chávez se ha reencarnado en Martin Vizcarra”, aseguran balbuceantes).

Es bueno que hoy pasados siete días de los hechos, vuelvan a la realidad y se den cuenta que ya todo cambió. Ellos no son lo que eran, y el escenario que afrontan es radicalmente distinto: perderán sus privilegios y deberán rendir cuenta de sus actos. No tienen otra.

El Congreso, ya no existe. La Comisión Permanente tiene las mismas funciones de una Mesa de Partes y no tiene más tarea que velar por funciones administrativas, y tramitar documentos que les envíe el gobierno. No puede ser, entonces, tribuna para discursos sediciosos ni llamamientos fuera de lugar. Si quieren hablar en voz alta -y encuentran quién los escuche- que vayan a la Plaza Pública. Eso, no le costará al Estado.

El Tribunal Constitucional, por su parte, sigue funcionando con su composición anterior porque nadie lo ha disuelto. Y el primo del señor  Pedro Olaechea no podrá integrarse allí porque su elección fue ilegal,  y porque incluso el fraude que hizo “posible” el puesto al que aspira, no quedó consumado. El voto que se usurpó –el que pertenecía a la congresista Foronda- fue el que le dio el “87” a Gonzalo Ortiz para que “ganara”, porque sin él, no habría alcanzado el número requerido. Anulado ese voto, se consagra la nulidad de esa elección.

Las elecciones congresales de enero renovarán temporalmente el Parlamento Nacional, y la ciudadanía concurrirá a votar, y haciendo honor a la experiencia adquirida, tendrá más cuidado al sufragar y no votará ni por corruptos, ni por incapaces.  Esos comicios, serán para todos un “ensayo general” de las elecciones del Bicentenario. En abril del 2021 se habrán de definir cosas.

Por eso, el pueblo seguirá en lucha: Los trabajadores recusarán el Decreto Legislativo 345 y todas las “reformas laborales” impulsadas por la CONFIEP.  Los jóvenes defenderán sus Universidades para que no sean botín de mafiosos. Las mujeres bregarán por sus derechos y por la igualdad. Los agricultores preservarán sus tierras.  Y todos los peruanos conscientes combatiremos contra el Neo Liberalismo, la írrita Constitución de la Dictadura y la política internacional que nos asigna Washington como “gendarme” de sus intereses.

Por lo demás, se seguirán conociendo los “codinomes”, y las truhanerías de la Mafia.  Y continuarán cayendo las máscaras en lo que hasta hoy ha sido una suerte de baile de disfraces en la que los malos se vistieron de buenos para sorprender a incautos.

Por cierto que hay que combatir no solo por hoy, sino también por mañana. Por recuperar las riquezas básicas en manos de consorcios extranjeros, por asegurar una economía social que proteja a los más necesitados, por garantizar un verdadero Estado Democrático, y por practicar una política exterior independiente y soberana, de amistad y de solidaridad con los pueblos de nuestro continente.

Finalmente, el país superará la crisis y será capaz de forjar su propio derrotero.

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Perú y el juego de la gallina

Por Sergio Pascual y Gisela Brito

Nuevamente se agitan las aguas de la política peruana. La situación de bloqueo entre el Poder Ejecutivo y el Congreso, que viene marcando el pulso del país en los últimos años, está teniendo un nuevo punto álgido tras el rechazo, por parte de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Congreso, a la propuesta de reforma constitucional impulsada por el presidente Martín Vizcarra. Dicha reforma buscaba facilitar un adelanto electoral a 2020 -las elecciones están pautadas para 2021- para desbloquear la crisis institucional y modificar el sistema de inscripción de partidos para hacer más sencilla la entrada de nuevos actores -incluido un partido para el propio Vizcarra, que se quedó sin sello propio tras su ruptura con Pedro Pablo Kuczynski-. Hasta ahora, el sistema político funcionó dominado por los partidos tradicionales y un puñado de titulares de inscripciones registrales que, en demasiadas ocasiones, se han cotizado al mejor postor, situación que bloquea la capacidad de nuevas fuerzas políticas de competir electoralmente.

El último episodio de esta disputa contamina a otro de los poderes públicos del Perú, el Tribunal Constitucional, que quieren copar vía express las mayorías fujiapristas del Congreso y al que ha puesto en el centro de la moción de confianza el presidente Vizcarra.

¿Cómo hemos llegado a este punto? Para entenderlo hay que explicar, al menos, dos particularidades del sistema político peruano. La primera, de largo aliento, apunta al hecho de que Perú disponga de un modelo institucional muy expuesto a situaciones de bloqueo entre los poderes Ejecutivo y Legislativo como la que se vive hoy. Efectivamente, con una Presidencia con poderes limitados frente a un Congreso adverso que funge de “perro del hortelano” (ni come ni deja comer) la situación deriva en bloqueo. Ni el Congreso puede legislar libremente en función de sus mayorías -como en los sistemas parlamentaristas británico o español- ni el presidente puede evitar que el Congreso impida sus iniciativas.

Por otro lado, un elemento de corte más coyuntural: un caduco sistema de partidos fujiaprista corroído por la corrupción y un deadline concreto para la carrera política de los asambleístas actuales, a los que el referéndum de diciembre de 2018 les prohibió la reelección y, por tanto, sus expectativas de carrera política en el Congreso. Se trata de una expresión más del cariz revanchista que viene tomando la dinámica de la política peruana.

Como en el mítico western, se alinean los ingredientes perfectos para un “duelo en ok corral”: un presidente sin partido que necesita una reforma del sistema de inscripción electoral y unos asambleístas que ya no tienen nada más que perder. Sólo en esa lógica del juego de la gallina, en el que dos coches se lanzan a toda velocidad uno contra otro a ver cuál se aparta primero, es posible entender tanto los últimos movimientos políticos en el Perú como las declaraciones de (otra) jornada de alta tensión: “no nos quedaremos cruzados de brazos” dice el Gobierno, “Si cree que puede cerrar el Congreso que lo haga”, dice el fujiaprismo enquistado en el Congreso. El problema es que con los coches que se lanzan al desastre seguro van los últimos restos de confianza de los peruanos en sus instituciones. Como espectadora del drama, una sociedad hastiada de la clase política que demanda un cambio profundo en el país al grito de “Cierren el Congreso”.

Ninguno de los escenarios posibles para Vizcarra podía mejorar esto. Por un lado, en un primer escenario, el presidente podría, sencillamente, haberse resignado a terminar el mandato, con la consiguiente pérdida de legitimidad y el deterioro de la figura de la institución presidencial, que habría sido derrotada por el Congreso en las horas más bajas de la historia del Perú. Algo similar habría sucedido en un segundo escenario, si hubiera renunciado, caso en el que habría sido reemplazado y el Congreso mantendría su mandato hasta 2021. El tercer escenario, el más arriesgado, apuntaría la posibilidad de que el Presidente cierre el Congreso. En este caso, la primera opción para el presidente habría sido entender que la moción de confianza que presentó hace sólo unos meses -asociada a las reformas políticas pendientes- no ha sido superada en la práctica. Esta vía, eso sí, habría abierto una delicada y larga disputa jurídico-constitucional con resultados inciertos y el seguro enquistamiento del conflicto. Quizá el peor de los escenarios para la salud institucional del Perú.

Finalmente, en un cuarto escenario, el escogido por Vizcarra, se someterá a una nueva moción de confianza, con el Tribunal Constitucional en el centro del debate, a sabiendas que los tiempos para la misma los controla el Congreso y que, en el mejor de los casos, si el Congreso le niega la confianza, podría disolver el Parlamento y convocar elecciones a la la Cámara de Representantes. Eso sí, con las viejas normas electorales, sin partido propio y habiendo estrechado, aún más, el tiempo para lograr las reformas políticas pendientes en su mandato presidencial.

Entre tanto, queda por verse si el Congreso intentará o no activar el mecanismo de vacancia contemplado en el diseño constitucional, para el cual se requiere el voto de 87 parlamentarios y podría concluir en la remoción del presidente, en una vuelta de tuerca más en la profunda crisis política que atraviesa la democracia peruana.

Tomado de Celag

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La reforma política que no fue

Por Aída García Naranjo Morales*

Ante el clamor popular para que se cierre el Congreso y se supere la confrontación política y la crisis, el Presidente de le República Martin Vizcarra propuso en el mensaje a la nación del 28 de Julio adelantar las elecciones generales al 2020, lo que implica recortar el mandato, tanto del Legislativo como del Ejecutivo, un año.

La comisión de Constitución que deberá discutir el proyecto de reforma constitucional de adelanto de elecciones mantiene su actitud obstruccionista rechazando el pedido de que el grupo sesione de forma permanente y posterga el debate de la norma para el mes de setiembre. Por su lado el presidente del Congreso Pedro Olaechea aceptó la propuesta de diálogo en Palacio de Gobierno, descartando de plano hacerlo en otros espacios, y sin modificar su propuesta de elecciones el 2020.

La iniciativa de adelanto electoral es popular en el país (70% según la encuesta IEP/agosto 2019) y cuenta con el respaldo de diferentes bancadas del Congreso, sin embargo, la mayoría obstruccionista en el Legislativo camina en el sentido de bloquearla, y no descarta el escenario de vacancia presidencial. El desenlace de esta crisis y la definición de un nuevo escenario político se abrirían hacia setiembre de este año.

Es en este contexto que el Congreso remitió el 6 de agosto, cuatro autógrafas de ley sobre la Reforma Política, las que fueron promulgadas en la víspera por el Ejecutivo en acto público en Palacio de Gobierno; hecho significativo considerando que la actitud de la mayoría del Congreso no se distanció un ápice de su actuación previa a la cuestión de confianza.

Hicieron caso omiso al hecho de que esta reforma fue mayoritariamente refrendada por el referéndum nacional de diciembre del año 2018. Y a la cuestión de confianza, aprobada con 77 votos por el mismo Congreso luego que el Presidente Martín Vizcarra anunciara que recurría a este mecanismo para aprobar la reforma. A través de ésta se había buscado realizar la reforma integral de tres sistemas: el de gobierno, el de partidos y el electoral la que redujo al denominado ” núcleo mínimo de las reformas”

Definitivamente no estamos ante la Reforma Política Integral que inicialmente se quería.

Estamos ante una Reforma Electoral parcial, inconsistente e inconclusa. No se cumplieron los objetivos propuestos, que eran renovar la política, abrir el sistema de partidos a nuevos actores, cambiar las reglas de juego de los diferentes sistemas y contar con un cronograma que haga posible y renovado el próximo proceso electoral del año 2021; En estas circunstancias, pese a la promulgación de las cuatro normas, los nuevos actores políticos verían afectada su presencia dado el proyecto de adelanto electoral al 2020.

No se ha respetado ni la naturaleza, ni el espíritu, ni la integridad de la reforma política.

La mayoría parlamentaria del Congreso optó por no producir cambios significativos, mantener el estatus quo del actual sistema cerrado de partidos, afectar las decisiones ciudadanas, debilitar el rol de los votantes, postergar la aprobación de la paridad y la alternancia al año 2031 y postergar parcialmente la aprobación de aspectos sustantivos de los proyectos referidos al financiamiento, de los partidos. Tres asuntos son sin embargo positivos; no habría candidatos sentenciados, las mujeres competirían en una cuota del 40% y no se repetiría el abultado número del fujicongreso con 74 congresista.

Veamos uno por uno los puntos de la reforma política, y cómo fueron desnaturalizados:

1. Proyecto de ley de reforma constitucional sobre impedimentos para ser candidato o candidata: La esencia es “que se impida ser candidato a quien haya sido condenado en primera instancia por delito doloso cuya pena sea mayor a 4 años de privación de la libertad” La Ley aprobada modifica el artículo 34 de la Constitución. En este único caso, el proyecto aprobado por la Comisión de Constitución sí respetó la esencia.

2. Proyecto de ley que modifica la Ley de Organizaciones Políticas, regulando la democracia interna y promoviendo la participación ciudadana en la selección de candidaturas: Se desnaturalizó porque no se establece que se realicen elecciones abiertas, simultáneas y obligatorias para toda la ciudadanía, supervisadas por los órganos electorales. Los 24 partidos inscritos actualmente harían elecciones internas en las que solo participarían los militantes, quienes decidirían la totalidad de candidaturas. Las listas resultantes se presentarían después a “elecciones primarias” con la ciudadanía, limitándose al electorado a ratificar lo decidido de manera cerrada por el partido. En el actual cronograma electoral de adelanto de elecciones al 2020, es aún imprevisible su realización.

3. Proyecto de ley que modifica el Sistema Electoral Nacional, eliminando el voto preferencial y aprobando la Paridad y Alternancia en listas electorales: El proyecto se desnaturalizó porque:
a.  No se eliminó el voto preferencial y
b.  No se estableció la alternancia y paridad de género en la conformación de las listas.

El Pleno del Congreso aprobó una cuota de 40% “con perspectiva    paritaria” en un distante año 2031. Además, la norma señala que el JNE y la Defensoría del Pueblo realizarán una evaluación sobre su eficacia y aplicación al terminar el proceso electoral. Su informe se remitiría al Congreso, para que éste determine finalmente su continuidad, modificación o supresión. En la autógrafa remitida al ejecutivo hay una variante la que solo podremos verificar luego la promulgación. Y el voto preferencial se mantiene para las elecciones del 2021. (Se supondría también para el 2020)

Esta norma ha alterado lo esencial de su naturaleza, la eliminación de voto preferencial y la aplicación de la paridad y la alternancia.

4. Proyecto de ley que modifica el sistema electoral sobre inscripción y cancelación de partidos políticos y organizaciones políticas regionales:Se incorporó la propuesta del Ejecutivo de eliminar la valla del 4% de las firmas de adherentes, suspendiendo el requisito de entregar más 700,000 firmas válidas, pero, al mismo tiempo, se incorporaron nuevas barreras de acceso- El proyecto proponía eliminar comités territoriales. La norma aprobada obliga a contar con comités territoriales en 20 regiones y 65 provincias, por encima de lo establecido en la ley de partidos vigente (Ley 28094) y la propia propuesta del Ejecutivo. Además, establece un padrón de afiliados por encima de lo que planteó el Ejecutivo (0.075%) que se estimaba 14 mil afiliados, dejándose en la norma aprobada el 0.1%, estimado en un número superior a los 24,000 militantes. El mínimo que establece la Ley de Partidos vigente es de 3,250 afiliados, (65 comités de 50 miembros) No se ha considerado que en las últimas Elecciones Municipales y Regionales 2018 los únicos partidos con presencia por encima de las 20 regiones fueron APP y AP. La ley vigente exige presencia en 16 regiones. Estos requisitos, además, tendrían que ser cumplidos en un año de plazo, acortándose la vigencia del Kit Electoral (actualmente es de dos años).

Todo ello no hace posible renovar, de manera significativa, el actual sistema de partidos, y hace casi inalcanzable el cumplimiento de las exigencias para el 2020. Se impediría así la renovación de la política, en tanto las nuevas reglas son favorables al viejo sistema de partidos. Esta norma estaría viciada en su esencia, sin nuevos actores políticos, es decir, nuevas organizaciones partidarias que no logren ingresar al proceso electoral 2020 / 2021.

5. Proyecto de ley que modifica la Ley de Organizaciones Políticas y la Ley 30424, que regula la responsabilidad administrativa de las personas jurídicas por el delito de cohecho activo transnacional y modifica también el Código Penal respecto al financiamiento de organizaciones políticas: Fue aprobado sólo parcialmente, limitándose a normar únicamente los aspectos penales. Ni siquiera se abordó el financiamiento mixto de la política (financiamiento público directo e indirecto). Tampoco se abordaron ni zanjaron los asuntos administrativos que requieren ser revisados. No se discutió el tema del derecho de nuevas organizaciones inscritas a acceder al financiamiento público indirecto (vía la franja electoral) para que la ciudadanía esté informada de toda la oferta electoral que compite.

Y, más grave aún: no se eliminaron las aportaciones anónimas, sólo se fijó un monto tope de aportaciones de hasta dos UITs, con lo cual se seguirá permitiendo el sistema de “pitufeo” usado por la corrupción para financiar la política y subordinarla a sus intereses.

6. Proyecto de ley que modifica el proceso de levantamiento de la inmunidad parlamentaria: El Ejecutivo planteó que el fuero para los congresistas con problemas judiciales quedara en manos de la Corte Suprema. Pero el texto sustitutorio de Constitución desnaturalizó totalmente esta posibilidad, insistiendo en que esta potestad continúe en el Parlamento, ratificándose en la vieja mala práctica que otorongo no come otorongo”

Entre las consecuencias más graves de esta pérdida de una verdadera Reforma Política, (que no fue) es la no renovación de la clase política peruana, en tanto las reglas aprobadas son favorables al viejo sistema de partidos que se mantendría (con nuevos y viejos rostros) Y sin nuevos actores políticos, es decir sin nuevas organizaciones partidarias que no lograrían ingresar al próximo proceso electoral, con lo que no habrá una significativa renovación.

*Asesora Parlamentaria

Tomado de Otra Mirada

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Las reformas políticas del señor Vizcarra

Por Héctor Béjar*

¿Por qué plantear dos cámaras si los peruanos queremos solo una?, ¿Por qué contradecir el referéndum convocado por el mismo gobierno que ahora plantea una propuesta diferente y contradictoria a la explícita voluntad popular manifestada en las urnas?.

Nadie conoce los motivos por los cuales el gobierno pretende una vez más la bicameralidad que ha caracterizado al fracasado y repudiado sistema político de la republica peruana.

Somos un país unitario y descentralizado,. No somos un país federal como los Estados Unidos, Brasil, Argentina y otros que tienen dos cámaras porque son estados federales.

Si optásemos por dos cámaras, un Senado cumpliría la función de Cámara territorial representando a las regiones, estados o autonomías. Como no tenemos autonomías, el Senado representaría a las regiones, pero eso no se ha planteado. Porque para colmo del disparate, nuestras “regiones” son, en realidad, departamentos. España tiene dos cámaras porque está compuesta de Comunidades Autónomas que nosotros no tenemos.

Francia tiene una sola Asamblea Nacional el Senado cumple una función muy secundaria, sin significación en un régimen presidencial que proviene de la Revolución Francesa, cuando hubo una sola Asamblea y de la tradición napoleónica, que subsistió a través del poder presidencial de Mitterrand y De Gaulle.

Inglaterra tiene dos Cámaras, pero eso se explica porque nunca tuvo una revolución como la francesa y todavía existen lores, señores, los dueños de Inglaterra. ¿Tenemos lores en el Perú?, ¡O quizá algunos pretendan serlo?.

En Europa tienen una sola Cámara Dinamarca, Finlandia, Bulgaria, Grecia, Hungría, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Portugal, Eslovaquia y Suecia. China es unicameral. Grandes países de tradición socialista como los de Escandinavia, han optado por una sola cámara.

No aceptemos el gran contrabando que el señor Vizcarra quiere pasarnos bajo la mesa con el pretexto de luchar contra la corrupción. ¿Qué tiene que ver el bicameralismo con la lucha contra la corrupción?.

A no ser que demos representación a las nacionalidades, a los aimaras en primer lugar; o a las comunidades amazónicas, los sindicatos, las organizaciones reales y actuantes de la sociedad civil y del pueblo que nunca podrán tener representación directa mientras este sistema político, hecho para las minorías ricas y poderosas, se mantenga como está. Y como quieren mantenerlo sus “reformadores”.

Pero esa reforma social, la que necesitamos con urgencia, no está en la mentalidad del señor Vizcarra y sus asesores quienes, al parecer, pretenden ser los lores del bicentenario.

 

* Doctor en Sociología, profesor en la UNMSM y PUCP.

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Alan García nunca será absuelto por la historia

Por Gustavo Espinoza M.

El suicidio de Alan García –y en particular las circunstancias que rodearon el hecho- no sólo conmocionó al país sino que, adicionalmente, dividió aun más a los peruanos y generó un debate que recién se inicia y que tiene que ver con las causas del acontecimiento pero también con el personaje que lo consumó, con las acciones que lo indujeron a hacerlo y hasta con el imperio de la justicia en un país como el nuestro, convulsionado por el accionar de mafias, que ha colocado al Perú virtualmente al borde de un acantilado.

El suicidio, dicen los especialistas, es el acto por el que una persona, de forma deliberada, se provoca la muerte; y suele ser el resultado de una desesperación incontenible derivada de una dolorosa e incurable enfermedad física; de una dolencia mental -depresión, trastorno bipolar o esquizofrenias; o la incidencia del alcohol o el abuso de sustancias toxicas. A menudo ocurre que unos factores se suman a otros, de tal modo que el cuadro del suicidio se torna más complejo.

El uso de armas de fuego –como forma de actuar del suicida-, suele ser en nuestro tiempo la causa principal de estas muertes que se calculan en algo más de 900 mil, en un solo año en el mundo.

Los historiadores recuerdan que el primer suicidio conocido que se registra, tuvo lugar 600 años antes de nuestra era. Periandro uno de los 7 Sabios de Grecia y además Tirano de Corinto; se quitó la vida de un modo peculiar arrastrando en su suerte a otros.

En la antigua Grecia., quitarse la vida era considerado un error irreparable y, por tanto, rechazado-. Platón, sin embargo estableció “excepciones”: El que la muerte, fuese impuesta por el Estado; que derivara de una enfermedad mortal; o que fuere resultado de una desgracia insuperable que rebasara la resistencia emocional del afectado. A esta tercera excepción, podría haber acogido García quien, de alguna manera, se despidió de todos en la rueda de prensa que ofreciera en la víspera.

Todos estos elementos, nos dan aliento suficiente para juzgar el hecho ocurrido el pasado 17 de abril en circunstancia en la que el ex Presidente resistió -a su manera- la orden de captura dictada por el Poder Judicial para el cumplimiento de una prisión preventiva, habida cuenta de la naturaleza de los delitos que se le incriminaban y que eran sustantivamente semejantes a los que habían llevado tras las rejas a variaos de sus colaboradores.

Pero ellos también sirven para desorientar y confundir a personas de buena fe que, sin los antecedentes del caso, y llevados tan sólo por elementos subjetivos; pueden ser susceptibles de engaño. Nadie en su sano juicio, podría decir que Alan García fue víctima de una persecución. Ni que los cargos enarbolados por la justicia contra él, fueran motivados por razones de orden político,

Por el contrario, su detención era esperada hacía mucho tiempo y más bien la ciudadanía se preguntaba por qué ella no ocurría, existiendo poderosos elementos de juicio en su contra. Por lo demás los cargos levantados no tenían ninguna connotación ideológica ni política. Se trataba de acusaciones puntuales derivadas de su propia gestión gubernativa, del uso de fondos del Estado y de recepción de dineros del exterior obtenido en forma dolosa e ilegal.

En el fondo, eran acusaciones en buena medida similares –aunque bastante más graves- que las que llevaron a prisión a Ollanta Humala durante nueve meses; que mantienen tras las rejas a Keiko Fujimori desde diciembre pasado; y que han dado lugar hace apenas unos días a la captura de Pedro Pablo Kuczynski, el presidente peruano electo el 2016.

Bien podría decirse que tres razones empujaron a García a asumir la acción que lo condujo a la muerte. La certeza de la autenticidad de las acusaciones en su contra y la seguridad que en cada caso existían pruebas incontestables; la presencia en su mente de los trágicos hechos que protagonizara en el pasado y que costaran la vida de tantos peruanos –Desde los Penales hasta Bagua, pasando por Accomarca, Llocllapampa, Parcco Alto, Puccas, Pomatambo, Cayara, Santa Rosa, Los Molinos y otros- y el temor a verse recluido en un prisión, él, que jamás había pisado una cárcel en condición de reo.

Sería por eso un grave error de percepción el considerar que las circunstancias de su muerte, borren la responsabilidad de sus acciones. Independientemente del hecho ocurrido, tanto los delitos cometidos en el área de pertinente; como los crímenes consumados contra centenares de ciudadanos; siguen en pie. No han dejado de existir.

En la historia reciente hemos conocido diversos casos de Suicidio. Quizá si el más llamativo haya sido el de Adolfo Hitler. El jerarca Nazi se pegó un tiro para no caer en manos de las tropas soviéticas que llegaron a las puertas de su Bunker en Berlín en los primeros días de mayo de 1945.

Su luctuosa muerte, no lo convirtió en héroe, ni borró sus alevosos crímenes. Para el mundo, Hitler siguió siendo uno de lo más grandes criminales de la historia humana. Y su muerte, fue atribuida a la cobardía que lo atenazó cuando supo que tendría que dar cuenta de sus actos.

En otra dimensión, por cierto, aquí ocurre lo mismo. Alan García nunca será absuelto por la historia.

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El sospechoso viaje de Pompeo

Por Manuel Cabieses Donoso

Mike Pompeo, que efectuará una gira de 72 horas por Chile, Perú, Paraguay y Colombia, tiene nombre de mafioso. Y es mafioso aunque más peligroso que los de antaño.

El poder de la mafia es hoy infinitamente superior al que en su época tuvieron las “familias” Genovese, Gambino o Luciano. La mafia sofisticó sus métodos y amplió sus intereses. No solo controla la droga, la prostitución, el juego, el tráfico de armas y la trata de personas. Hincó también sus dientes en la política e hizo suyas las instituciones civiles y militares, las iglesias, los medios de comunicación, la industria y las finanzas de EE.UU. Su estado mayor abandonó Chicago y se aposentó en la Casa Blanca de Washington.

Mike Pompeo es uno de los pistoleros de la Familia Trump con otros gángster como Mike Pence, John Bolton, Elliot Abrams y Marco Rubio cuyas brutalidades marcan a fuego la decadencia del imperio.

¿Cuál es el motivo del viaje de Pompeo? No se diga que discutir las políticas del Departamento de Estado con gobiernos peso pluma en el plano internacional. Entretanto en el mundo arde la guerra civil en Libia, Corea del Norte incrementa su armamento nuclear, la OTAN teme un conflicto con Rusia, China no afloja en la guerra comercial, la ola migratoria de los desesperados de África se vuelca sobre Europa y miles de infelices centroamericanos se agolpan a las puertas de la frontera de EE.UU.

No se diga tampoco que Pompeo necesita alinear gobiernos reacios con las políticas de EE.UU. Los de Chile, Paraguay, Perú y Colombia han dado suficientes pruebas de docilidad perruna con la voz del amo. Son los fundadores del Grupo de Lima que desde 2017 intenta socavar la estabilidad del gobierno de Venezuela.

Entonces, ¿a qué se debe la sospechosa gira que Pompeo inicia en Santiago?

El perfil de este mafioso es más siniestro de lo que aparenta a simple vista.

Su desempeño como congresista estuvo marcado por los escándalos del financiamiento de sus campañas. El 2016 la Familia Trump lo designó director de la CIA. En ese cargo defendió el espionaje que la Agencia practica a nivel mundial y proclamó una acción “implacable” contra toda amenaza a la seguridad de EE.UU.

Tal argumento –una presunta amenaza a la seguridad nacional- utiliza la mafia para encubrir su embestida contra Venezuela. Es el manto que cubre el verdadero objetivo de la Familia Trump: apoderarse de las fabulosas reservas de petróleo, gas, oro, hierro, níquel, diamantes, coltán, etc., que atesora el suelo venezolano.

Los gobiernos suramericanos que visitará Pompeo lo saben. No son cándidas palomas sino cómplices conscientes del holocausto que EE.UU. intenta consumar en Venezuela para derrocar a su legítimo gobierno.

Tampoco Pompeo necesita dejar instrucciones al Grupo de Lima que el 15 de abril se reúne en Chile. Ese grupo –que va camino de convertirse en grupúsculo- sabe lo que tiene que hacer en su su miserable papel de Caín.

Entonces, ¿cuál es el verdadero objetivo de la gira express de Pompeo?

Algo huele mal en este asunto. Hay algo oculto que sin duda tiene que ver con Venezuela que es la obsesión de la mafia.

Su marioneta en Caracas, Juan Guaidó, va a cumplir 90 días de “presidente encargado” y aún no controla ninguna institución del estado. Más bien se está desinflando. Sus convocatorias son cada vez más escuálidas y en cambio se mantienen en alza y vigorosas las movilizaciones y la organización del pueblo revolucionario.

En el plano internacional se han estancado los reconocimientos a Guaidó. La mafia le ha conseguido el apoyo de 54 gobiernos… pero los miembros de la ONU son 193.

Pedalear en el vacío sin avanzar un centímetro y desafiado por el coraje de un pueblo, debe ser abrumador para la primera potencia mundial. EE.UU. ha violado todas las leyes internacionales y jugado todas las cartas posibles para derrocar al presidente Maduro y no puede conseguirlo.

Entonces, ¿qué nueva operación mafiosa se está tramando contra la revolución bolivariana que obliga a Pompeo dejar el teléfono y tomar el avión?

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Un regalo de sangre

Por Gustavo Espinoza M. (*)

En estos días, Martín Vizcarra Cornejo, el Jefe de Estado peruano cumplió su primer aniversario en el gobierno. Fue, en efecto, hace doce meses que, presionado por las circunstancias, Pedro Pablo Kuczynski se vio forzado a dimitir, lo que abrió paso a una sucesión constitucional, que es la que vive hoy el Perú. El acontecimiento, coincidió con un hecho adicional: celebraba el Mandatario, su propio cumpleaños, con lo que bien podría haber hecho una doble fiesta.

 Quizá, en esta circunstancia, habría esperado un saludo encomiástico y un beneplácito ciudadano más o menos tangible; pero la vida lo colocó ante un hecho infausto: recibió un regalo teñido de sangre: la de los comuneros de Fuerapampa, localidad ubicada en la región de las Bambas, en Apurímac, una de las zonas más  deprimidas, y olvidadas del país.

 Las noticias, nos hablan ya, en efecto, de la muerte de cuatro comuneros como consecuencia de balas policiales. Fue ese el resultado de una serie sucesiva de enfrentamientos, a todas luces desigual. Mientras dos mil policías actuaban con todo el apoyo del Estado, los comuneros indefensos defendían sus tierras con la fuerza de sus puños. Hasta hoy se han inmolado  Beto Chahuallo Huilca, de 24 años; Alberto Cárdenas Chalco, de 23, Exaltacion Huamaní, de 30 y Ezequiel Mamani, de 40 años. Todos, pobladores de la zona empeñados en una verdadera lucha por su propia subsistencia, y por la vida misma de su comunidad campesina. Hubo, además, 21 comuneros detenidos, 2 abogados encarcelados y varios dirigentes intervenidos,  lo que completa la secuela de la represión.

 A decir verdad,, no es la primera vez que la tragedia se ensaña con estos pobladores. En octubre del 2016, hubo una confrontación similar de resultas de la cual pereció un comunero -Eventino Cereceda Huilca- quien cayó abatido por las balas policiales empeñadas en hacer viable el proyecto minero las Bambas, en poder de la empresa MMG.

 En esa ocasión, la sangre impidió que el Estado concretara su propósito, y las Comunidades Campesinas de Cotabamba, Tambobamba y otras; pudieron proteger sus sembríos y sus propias viviendas. Esta vez¸ las cosas fueron a mayores como consecuencia de la voluntad del Gobierno Central empeñado –como lo dijera el propio Vizcarra- de “hacer valer el principio de autoridad”. Como en el pasado dramático de nuestro pueblo, ahora éste “principio” valió más que la causa del pueblo. Y ya dejó una dolorosa estela de muerte; y que quedará como un legado para nuestra propia historia y como testimonio de una verdadera tragedia.

 En el fondo, lo que está planteado en el Perú ahora –y una vez más- es el tema de la explotación minera. Los grandes consorcios, y la oligarquía criolla, sostienen perversamente que el Perú “es un  país minero”, y que la salida a la crisis que agobia la vida nacional, se habrá de resolver  a partir de la explotación de la ingente riqueza minera que cobija nuestro suelo.

 Las Comunidades Campesinas, por su parte, se aferran a la tierra, a sus cosechas y a sus  cultivos, a su vida milenaria y a sus costumbres comunales; atacadas y acosadas constantemente por la República burguesa; pero vivas,  en lo más intimo del  espíritu nacional.

 Para las autoridades de turno, el tema es simple: se trata de otorgar facilidades a los grandes consorcios mineros para que faciliten la extracción de ricos minerales de nuestro suelo y dejen, a cambio, determinados beneficios en provecho de las poblaciones. Nunca se ha  cumplido nada de eso.

 Si la minería fuera –como ellos dicen- “fuente de riqueza”, las zonas más ricas del país serían precisamente las mineras. Las poblaciones allí ubicadas, tendrían a su disposición ingentes recursos, gozarían de bienestar, obtendrían beneficios más extendidos, y dinero en abundancia.  Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que nada de eso es cierto.. Las zonas mineras de nuestro país –Cerro de Pasco, Huancavelica, Apurímac,  Moquegua, y aún Cajamarca- son las regiones más pobres. En ellas, se concentran los más altos indicadores de  atraso y de pobreza.

 El suelo mismo, en esas regiones, confirma tal realidad. Cerro de Pasco, por ejemplo, no es propiamente una ciudad. Es un conjunto de huecos abiertos en la tierra, en cuya cercanías se levantan construcciones paupérrimas, cuando no viviendas miserables. La gente, allí, no vive. Sobrevive, en condiciones infrahumanas. Nadie que haya visitado la zona, se atrevería a negarlo.

 ¿Se extrae riqueza del sub suelo? Claro que sí. Pero ella, va a parar a las arcas de los poderosos, a las manos de las empresas y consorcios que se benefician con la explotación minera; y nunca quedan en poder de las poblaciones que viven en esos predios andinos en condiciones simplemente miserables. Es cuestión, de mirar los indicadores de pobreza para darse cuenta que, en Cerro de Pasco, por ejemplo, el 97% de los niños menores de 11 años, tiene los pulmones atravesados por plomo; que la desnutrición infantil supera el 86% de la población registrada; que las enfermedades bronco pulmonares, afectan severamente a más del 60% de la población adulta.

 Pero más allá de los temas referidos a la incidencia de la minería en la vida humana, está planteado otro asunto  de  gran trascendencia: el de su relación con el medio ambiente. Y es que se ha comprobado de manera inequívoca que los relaves mineros afectan severamente la bio-diversidad. Las aguas contaminadas, y los relaves mineros contaminan las aguas,  destruyen los cultivos y envenenan al ganado, y a las personas que se valen de ellas con uno u otro propósito.  Eso explica la resistencia de las comunidades,  a la explotación minera.

 Por eso se dice, y con razón, que el tema de Bambas, es complejo y que tiene diversas aristas. Hay que hablar de la extracción del mineral, de las facultades de las empresas, la afectación de los suelos, las tierras  comunales, las vías de comunicación, la defensa del medio ambiente, la protección de la bio diversidad;  y otros asuntos de singular relieve. Todo eso, hay que tratarlo de manera clara y franca a través de un diálogo productivo y patriótico, que responda a las necesidades del país y a los requerimientos de las poblaciones. No “pateando el tablero”, ni haciendo  uso de la violencia y la muerte.

 Hay quienes buscan esa vía, Roque Benavides, dirigente de la CONFIEP, el más rico minero del país, y connotado militante del APRA, exige del gobierno el “uso de la fuerza para imponer la ley”. Lo secundan –claro está- el APRA, el Fujimorismo, los grandes empresarios, los políticos al servicio del capital y la “Prensa Grande” Todos, quieren sangre. Y, sobre todo, quieren ver al gobierno de Vizcarra, envuelto en sangre para justificar su campaña de “vacancia presidencial”, que tanto anhelan para “·tapar” la corrupción a cualquier precio. ¿Será consciente MVC de esto?

 Por lo demás, ¿Existe un conflicto de intereses en el tema de Las Bambas? Claro que si. Hace unos días César Hildebrandt  difundió  documentos que señalan que Pedro Pablo Kuczysnki sigue teniendo intereses en la empresa Servosa, a través de la española inversiones Devon Iberia, propietaria del 44,3% de sus acciones. PPK aparece hasta la fecha como apoderado de la firma española, mientras que Servosa es la empresa que le brinda servicios de transporte de mineral y abastece de gas a los principales proyectos mineros del país, entre ellos Las Bambas. Y es verdad.

 Hay que tomar en cuenta que los pobladores no se oponen a la minería por capricho. Lo hacen por un claro instinto de conservación y supervivencia; y porque son plenamente conscientes que la minería habrá de traerles, no progreso; sino muerte.

 Hechos luctuosos, como los ocurridos en la zona de Las Bambas, no pueden pasarse por alto, ni repetirse más. Merecen el rechazo más resuelto de la ciudadanía. La muerte nunca es el camino. Y la confrontación armada del Estado con el pueblo, es repudiable. La sangre de los peruanos no puede ser derramada inútilmente. Y un gobierno que se precie de representar la voluntad ciudadana, no puede actuar como una gavilla de asesinos al servicio del capital.

 Es hora de preguntarse entonces, ¿hasta cuándo será posible tolerar la muerte de los pobres a cambio del oro de los ricos? No se puede tolerar este nuevo hecho ignominioso. La protesta ciudadana, se impone.

(*) Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera / nuestrabandera.pe

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Perú: de fracaso en fracaso

Por Gustavo Espinoza

De fracaso en fracaso, como dice la canción, parece ir la Cancillería peruana en su actitud ante el proceso bolivariano de Venezuela. Como no entiende ni jota del tema, se ha limitado, a acatar órdenes más hepáticas que políticas de Washington, y que no han tenido más resultado que llevar a Torre Tagle y a sus similares, a un ridículo descomunal. Como consuelo, al ministro Popolizio  le podría caer de perillas la frase de Churchill cuando no tuvo éxito en la jornada electoral del 45: “El éxito, es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder entusiasmo”. Y claro, el flemático ministro tenía razones para el entusiasmo: había culminado exitosamente la Guerra, y sus enemigos hitlerianos había sido vencidos. Pero los ingleses derrotaron a los Conservadores y el viejo león debió retirarse a sus cuarteles de invierno sin perder ni el humor, ni el entusiasmo.  Es claro que nuestro titular de Relaciones Exteriores está situado a millones de leguas de Churchill  y no tiene base alguna para ningún entusiasmo. Pero como ambos tienen en común la diplomacia y las derrotas, bien viene el recuerdo,

El trío letal de la política anti venezolana en nuestro continente –Donald Trump, Iván Duque y Juan Guaidó- aseguraron al mundo que el gobierno de Nicolás Maduro no pasaba del 23 de febrero. Que ese día, las “huestes liberadoras” entrarían en hombros a Caracas y ocuparían el Palacio de Miraflores para “restaurar la democracia” en la Patria de Bolívar. Ya tenían todo listo, desde la nómina de los ministros cipayos hasta los decretos transfiriendo el petróleo a las empresas yanquis, y acabando con todos los “programas sociales del chavismo”. Lo  mismo que pretendieron hacer en abril del 2002, cuando el Golpe de Carmona.

En esos planes sin duda siniestros, este trío logró embarcar a varios gobiernos, haciendo uso del “grupo de Lima”, monitoreado precisamente por el señor Popolizio, y la cancillería peruana.  Por eso, buscaron imponer que, a una voz, todos los gobiernos de la región “desconocieran” el Mandato Constitucional del Presidente de Venezuela y tuvieran la osadía de “reconocer” al auto proclamado Guaidó, como mandatario “interino”. Esa “orden” fracasó en todos los planos. Solo Paraguay –en América del sur- rompió con Venezuela y todos los demás -incluyendo el Perú- no tuvieron más alternativa que escuchar la  clara voz de Caracas –a cargo de Samuel Moncada- en la Asamblea de la OEA-  porque no hubo allí votos para “expulsar a Maduro”.

El gobierno peruano cometió allí un primer desatino: “reconoció a un “Presidente” que no tiene gobierno; y desconoció al Mandatario que gobierna Venezuela. Y, por si fuera poco, luego “reconoció” al enviado de Guaidó como “embajador” nombrado por ningún Estado

El segundo fracaso monumental ocurrió el mismo 23 de febrero, cuando los vehículos especialmente preparados para “entrar” en territorio venezolano, no pudieron cumplir tan tal propósito porque las fronteras del país fueron defendidas como corresponde. Los mismos que gritaron sus protestas porque la Guardia Nacional Bolivariana impidió el ingreso de los agresores; callan cuando Trump impide mediante la fuerza –con muralla incluida- el acceso de los migrantes procedentes de Centroamérica a territorio USA. Eso, les parece muy bien. ¿Qué hubieran dicho si Maduro hubiese construido un muro, para dividir la frontera con Colombia, como ocurre al sur de Yanquilandia?

Ya se ha podido establecer que los camiones que “!llevaban ayuda humanitaria” no tenían  como cargamento, ni víveres ni medicinas, sino armas de fabricación casera, cables y utensilios para ser usadas en el combate callejero por las guarimbas venezolanas. Pero Popolizio y los Cancilleres dijeron que si, que eran alimentos y medicinas. Se equivocaron de medio a medio –no sabían-,  o mintieron a sabiendas, porque sí tenían información del tema-  Por angas o por mangas, hicieron un ridículo apabullante.

El tercer fracaso se produjo en la reunión de Bogotá, que celebró el “Grupo de Lima”. Ahí, ya no pudieron justificar lo injustificable y debieron dar marcha atrás, Abogaron, entonces, por una “salida pacífica” ellos, que habían batido tambores de guerra 24 horas antes. En el caso, la imposición estuvo a cargo de los militares brasileños –los verdaderos dueños del “poder” de Bolsonaro- que son anticomunistas y anti obreros, pero también son anti yanquis, y no quisieron jugar otra vez el papel de marionetas de Imperio. Dejaron a Mike Pence, agarradito de la brocha, … ¡y le quitaron la escalera…!

Pero el cuarto, más que un fracaso, fue un papelón. El New York Times, luego de una prolija pesquisa y el contraste de pruebas documentales y testimonios, pudo reconstruir lo ocurrido el 23 de febrero con el camión incendiado, y arribó a tres conclusiones inobjetables: a) El hecho se produjo en el lado colombiano de la frontera, de modo que la Guardia Bolivariana no tuvo ni arte ni parte en el suceso b) El camión fue incendiado por un manifestante antichavista que arrojó explosivos al vehículo para hacerlo arder y provocar un conflicto mayor y c) el camión no portaba ni víveres ni medicinas, es decir, no era “ayuda humanitaria” sino implementos para “armas hechizas”  que llevaba a territorio bolivariano.

Después de esto ¿no correspondía que el “Grupo de Lima” se rectificase y pidiera disculpas? ¿Y no correspondía también que los Cancilleres que afirmaron oficialmente y en nombre de sus países que Nicolás Maduro había ordenado el incendio de ese  camión con ayuda humanitaria, se fueran a su casa, por mentirosos?. Quien pudo irse a su casa, fue el Ministro Popolizio, luego de tamaño desbarre. La crisis del Gabinete Villanueva debió dejarlo fuera de gobierno hasta por razones de higiene política. Pero no. Se quedó. ¿Producto de qué? ¿De las presiones de la embajada yanqui, o de la debilidad de Vizcarra, que no se atreve a cambiarlo? Prescindir de Popolizio podría implicar un cambio en política exterior. No se podría esperar que un “nuevo rumbo” en la materia derivara en un accionar de signo contrario. Pero si, que Torre Tagle recupera su dignidad, y recordara, por lo menos, que el Perú es un país independiente y soberano, y no la Mesa de Parte de la Casa Blanca.

Los apagones ocurridos en el 70% del territorio venezolano, que afectaron el control automatizado de regulación de sistemas en la Central Hidroeléctrica  Simón Bolívar, -una agresión cibernética que derivó en tres generadores saboteados- no fue un ataque cualquiera. Se trató de un crimen de lessa humanidad, y ante el cual los gobiernos están obligados a pronunciarse. Popolizio entre tanto ¿callará mientras no hable Washington?

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